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Seminario
Fundamentos clínicos del
acompañamiento terapeutico

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Organizado por PsicoMundo

Dictado por : Gabriel Pulice y Federico Manson


Clase 1
Presentación


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Les damos la bienvenida a este nuevo Seminario, que hasta donde sabemos es el primero que se dicta sobre el tema en la Web. La idea de utilizar esta herramienta surge a partir de tomar conocimiento de la creciente difusión que esta actividad viene teniendo desde hace algunos años en diversas y distantes ciudades de la Argentina —hecho que hace muy poco tiempo, en ocasión del 2° Congreso Nacional de Acompañamiento Terapéutico 1, tuvimos ocasión de corroborar—, así como también en otros lugares del mundo, especialmente en España e Ibero América. Sabemos también, por otra parte, que en muchos países se han desarrollado recursos de características similares al acompañamiento con diferentes denominaciones, las cuales suelen destacar ciertos aspectos particulares en su implementación y su conceptualización propios de la orientación clínica y de los Sistemas de Salud desarrollados en cada uno de esos lugares. Podemos citar, a modo de ejemplo, la función que en Francia denominan «animateur» —que, según entendemos, queda circunscripta al acompañamiento grupal ligado a actividades de recreación y esparcimiento—, o aquello que en el Centro 388 de Québec, en Canadá, definen como «interviniente clínico», función que allí se incluye especialmente como parte del dispositivo para el tratamiento de pacientes psicóticos.

En este contexto, y a la luz de la sorprendente repercusión que desde el comienzo ha tenido la propuesta de este seminario —no sólo por la gran cantidad de inscriptos, sino por la calificada formación y el extenso recorrido clínico de muchos de los participantes— creemos que este espacio puede ser, además, el punto de partida de un enriquecedor intercambio de experiencias. Intercambio que desde hace algún tiempo ha comenzado ya a ocurrir, a partir de la realización de actividades y encuentros de discusión clínica que, espontáneamente, dieron lugar a que se produzcan los primeros contactos entre colegas que, a pesar de la distancia —y de las fronteras—, compartían sin embargo muchas de las inquietudes y los obstáculos con los que cotidianamente nos confrontamos en nuestra labor, muchos de ellos originados en la precaria inscripción que esta práctica suele tener a nivel de los diversos sistemas de Salud Mental, en donde el lugar del acompañante terapéutico, si pudo sostenerse e ir consolidándose durante todos estos años, ha sido exclusivamente merced a su evidente e irrebatible eficacia... Sin embargo, podría decirse que ese trabajo se ha desarrollado la mayoría de las veces prácticamente en las sombras, puesto que al carecer de una figura académica que delimite la especificidad de su función en los equipos terapéuticos y legitime su inclusión en los ámbitos en donde es requerida, ella quedó supeditada a toda una serie de condicionamientos que no siempre resulta sencillo sortear.

A pesar de estas dificultades, tenemos la convicción de que se han podido dar algunos pasos muy importantes en los últimos años, y consideramos oportuno, antes de iniciar nuestro recorrido, hacer una breve reseña de ello. Cuando en el año 1994 comenzó a tomar forma la idea de realizar en nuestro país el Primer Congreso Nacional de Acompañamiento Terapéutico —que finalmente se llevó a cabo en la ciudad de Buenos Aires los días 11 y 12 de noviembre de ese mismo año—, surgió casi de manera espontánea un lema que por entonces marcaría una clara dirección tanto a lo producido en el marco de ese evento, como al trabajo de los años subsiguientes: «Hacia una articulación entre la clínica y la teoría». Lejos de ser un simple título de ocasión, ese «lema» daba cuenta, justamente, de algo que a esa altura aparecía como una necesidad insoslayable, dadas las penosas consecuencias que por entonces se derivaban —entre otras cosas— de la escasez de una articulación teórico-clínica, cuyos indeseables efectos con frecuencia se observaban tanto en lo relativo a las condiciones de trabajo de los acompañantes, como en lo que hace a la calidad del servicio brindado a sus pacientes. Surgió así para nosotros la convicción de que, si deseábamos que esa situación se pudiera modificar, sería entonces necesario comenzar a producir esa articulación teórico-clínica que permitiera dar algún encuadre y posibilitara orientar de algún modo ese trabajo que, a pesar de todo, demostraba tener una potencialidad enorme en el tratamiento de numerosos pacientes entre los cuales se incluían también aquellos que por años habían arrastrado el calificativo de «inabordables» o «irrecuperables».

Ese mismo propósito fue el que nos animó a la escritura de nuestro libro2 —cuya primera edición, aparecida en noviembre de 1994, precedió en unos pocos días a la realización del Congreso—, para lo cual habíamos partido prácticamente de una experiencia «al natural», dado que todo lo publicado hasta ese momento sobre el tema se reducía a un único texto3—subsumido en una posición clínica bastante controvertida—, y a un puñado de artículos desperdigados en revistas y suplementos de psicología, que no alcanzaban a conformar un corpus teórico que diera cuenta de la especificidad de este recurso terapéutico. No obstante, más allá de ese primer paso, era necesario seguir avanzando, y todo lo producido en el Congreso de 1994 resultó ser un excelente punto de partida, ya que fue la ocasión de iniciar un trabajo compartido con un importante número de colegas que desde hacía varios años estaban empeñados en alcanzar similares objetivos a través del ejercicio de la docencia, la supervisión, la coordinación de equipos y la inclusión de esta actividad en hospitales y servicios públicos, semi-públicos y privados. Como testimonio y producto de ese esfuerzo colectivo, quedó la publicación de un nuevo libro4 —cuya primera edición se ha agotado hace ya varios años— que hizo posible la difusión de buena parte del material presentado en esa oportunidad, y que ha pasado a ser una referencia bibliográfica muy importante en la formación de los acompañantes.

Desde entonces, las experiencias que tuvimos la posibilidad de realizar en la Sala de internación del Hospital Evita de Lanús 5 (1995/1997), y luego (desde 1998) en varios servicios del Hospital Interdisciplinario Psicoasistencial José T. Borda 6, han sido para nosotros una inmejorable ocasión para continuar interrogando, desde una inserción hospitalaria articulada al sistema público de Salud Mental, aquello que veníamos elaborando conceptualmente desde otros ámbitos. En primer lugar, nos hacíamos una pregunta: ¿Por qué no había acompañantes terapéuticos en el Lanús, y tampoco en los servicios en que se incluyó nuestra pasantía en el Hospital Borda —excepto en uno de ellos, en el que a veces se implementaban en forma esporádica? El interrogante se acentúa cuando caemos en la cuenta de que esos servicios que comenzaban a articularse a nuestra Pasantía se incluían entre los más progresistas del Hospital, los más abiertos al cambio y a la política de desmanicomialización impulsada por sus autoridades. Hay que agregar que la mayoría de los terapeutas, en ambos hospitales, manifestaban conocer el recurso del acompañamiento con anterioridad, y tenían acerca de él muy buenas referencias. Pero pronto nos encontramos con la paradoja de que, salvo algunas excepciones, desconocían casi en forma absoluta el modo de implementarlo. Tanto en el Borda como en el Lanús, nos hallamos en la misma situación: siendo convocados por la institución —es decir, habiendo una demanda explícita por parte de la institución—, esta demanda, sin embargo, no se reproducía a nivel de los terapeutas. Fue necesario un tiempo, en ambos casos, para que la cosa empezara a funcionar. ¿Qué sucedía? Descubrimos que se requería cierto tiempo para que los terapeutas se pudieran familiarizar con la especificidad de la implementación de ese recurso en la singularidad de cada caso. Es decir, era necesario resolver el obstáculo que se planteaba por el hecho de que ni los psiquiatras ni los psicólogos contaban muchas veces con una formación específica acerca de cómo utilizar este recurso, y tampoco habían tenido hasta el momento la posibilidad de acceder a una ejercitación práctica sobre ello... Y esto era algo que no se podía dar por sobreentendido. Se iba robusteciendo la idea de que era esencial incluir en la formación de los terapeutas —en especial, de aquellos que tuvieran el propósito de trabajar con pacientes con trastornos graves— al menos un conocimiento básico sobre esta herramienta clínica que, de hecho, venía resultando imprescindible para el avance de numerosos tratamientos que, de otro modo, estaban condenados al estancamiento o la cronificación.

En el Congreso de Córdoba, la perspectiva que se presentó fue, sorpresivamente, bien distinta a la del año 1994. En primer lugar, porque encontramos que había numerosos profesionales y equipos de trabajo con una vasta experiencia sobre el tema, contándose incluso esta vez con la participación «oficial» de la Dirección de Salud Mental de una de nuestras provincias 7, donde se viene llevando adelante desde hace años un proceso de transformación del cual uno de sus pilares es la apertura del hospital psiquiátrico a la comunidad, para lo cual el Acompañamiento cumple una función esencial. Por otra parte, en varias universidades públicas y privadas de distintas ciudades del país, estaban ya bastante avanzados numerosos proyectos tendientes a generar una variada oferta de instancias de formación en esta especialidad, incluida una tecnicatura con título oficial8 . Nos enteramos también de que desde hacía algún tiempo estaba funcionando, en la ciudad de Bahía Blanca, la primera Asociación de Acompañantes Terapéuticos de la Argentina... Por nuestra parte, desde el año 1995 veníamos impulsando la inclusión del tema en la Universidad de Buenos Aires con la presentación de un proyecto para la creación del «Título Alternativo» de Acompañante Terapéutico, en el contexto de la Facultad de Psicología. Proyecto que fuera aprobado en ese mismo año por el Consejo Directivo de esa Facultad, y luego elevado al Consejo Superior de la UBA, en donde desde entonces ha permanecido, probablemente, reposando en algún cajón. Entretanto, comenzamos a realizar allí diversos seminarios y pasantías a través del Centro de Estudiantes y la Secretaría de Extensión, con una repercusión muy importante entre los alumnos. Lo cual nos alentó, por último, a presentar a fines del 2001 una nueva propuesta, que por fortuna esta vez sí resultó aceptada: la creación de la Práctica Profesional: «Fundamentos Clínicos del Acompañamiento Terapéutico»9, que ha sido incluida desde este año como una de las materias electivas de la Carrera de Psicología.

Hecha esta reseña acerca de los importantes pasos que se vienen dando en los últimos años, pasaremos ahora a referirnos a los temas que abordaremos durante el Seminario. Vamos a tratar en el primer módulo aspectos relativos a la Historia del Acompañamiento Terapéutico y su surgimiento en la Argentina, comenzando por aquellas variables que hacen al contexto social e institucional en que se fue desarrollando esta práctica, desde finales de los años ’60. Son tiempos en que aparecen fuertes experiencias comunitarias de prevención y asistencia, que van determinando la posibilidad de pensar intervenciones alternativas. Es un momento, además, donde se produce el crecimiento y la consolidación en Argentina de ese campo nuevo, el de la Salud Mental. Veremos en relación a ello la incidencia que ha tenido, para el tratamiento de pacientes con trastornos graves, el desarrollo de diversos recursos institucionales, junto a las polémicas planteadas entre distintos paradigmas en pugna en el campo de la salud mental, y la compleja interrelación entre los problemas teóricos y clínicos que ello suscita —como ser, la interfase psicoanálisis-psiquiatría, las posiciones de la antipsiquiatría, los avances de la psicofarmacología, etc. —, siendo todos ellos factores que atraviesan esta función desde sus inicios, y que han dejado su marca en la modalidad que ella fue adquiriendo.

Por nuestra parte, al repensar esta historia, destacamos siempre que la inclusión del acompañamiento en dispositivos de asistencia que responden a concepciones distintas y a veces hasta contrapuestas, nos habla de la gran plasticidad y la potencialidad de este rol... No obstante, quedan a la vista también, a partir de ello, las divergencias tanto éticas como técnicas acerca de su implementación, que han llevado inclusive a que su práctica sea confundida con actividades con las cuales se interrelaciona —como por ejemplo la del psicólogo, el educador especial, el enfermero psiquiátrico, el trabajador social, etc. Asimismo, pese a que en los últimos años hemos avanzado —como antes decíamos— en cuanto a su formalización en instancias académicas, aparece ligado a esto la necesidad de ir dando mayor precisión a un marco legal específico para su función. Esperamos que, en el contexto de este seminario, la invitación que hemos hecho a profesionales de otras disciplinas para desarrollar este tema, nos permita despejar ciertas cuestiones legales en las que resulta imprescindible contar con un conocimiento preciso, tanto para los acompañantes terapéuticos como para los profesionales o instituciones que utilizan este recurso.

Por otra parte, será un tema central, que tomaremos desde distintas perspectivas, la consideración del lugar del Acompañamiento Terapéutico en su articulación con la estrategia de un tratamiento. ¿Cuál es la función del acompañante terapéutico? Es nuestro punto de partida, y nuestro objetivo no es tanto dar una respuesta que cierre esta cuestión, sino poder ir abordando las distintas variables que determinan su práctica clínica en los distintos ámbitos en los que ella tiene lugar. Vamos a desarrollar entonces algunos temas íntimamente ligados con la labor cotidiana de los acompañantes. En este punto, veremos cómo la clínica nos llevó a valorar el trabajo en equipo, y la coordinación de esta modalidad de asistencia con los lineamientos que plantea cada terapeuta, en función de las características del caso, el momento del tratamiento, y las posibilidades subjetivas y objetivas del paciente y su contexto familiar y social. Trabajaremos sobre las modalidades de acompañamiento: la práctica habitual en el ámbito público y privado, desde lo que conocemos en Argentina.

Un segundo módulo temático se refiere a la iniciación del acompañamiento. Consiste en una introducción a los dispositivos de tratamiento, y a los esquemas institucionales donde él puede insertarse. Aparece así el hospital de día como un paradigma del dispositivo institucional en que se fue insertando este recurso, como instancia alternativa a la manicomialización. Algunas precisiones respecto de la técnica, y cómo pensar el Equipo múltiple serán temas de este ítem. Otro punto importante será el abordaje que haremos sobre el tema de la amistad: ¿Cómo puede pensarse esta problemática en el Acompañamiento Terapéutico? Recordemos que en una de las versiones de la historia del acompañamiento terapéutico en Argentina, la amistad aparece justamente vinculada a su nombre. No es casual la denominación que daba Eduardo Kalina a este «agente» de Salud Mental, en el comienzo de su experiencia: «amigo calificado». Esta temática nos llevará a desplegar cuestiones esenciales de la práctica, tanto en el orden de la táctica —qué decir, qué no decir, cuanto hablar o callar...—, como de la estrategia puesta en juego en la orientación de la cura.

En el tercer módulo, trabajaremos sobre algunos elementos psicoanalíticos introductorios a la conceptualización del Acompañamiento Terapéutico. También resulta un eje fundamental las distintas articulaciones entre las perspectivas del Psicoanálisis y de la Psiquiatría. Así, tanto la consideración de los elementos de psicofarmacología y de la nosografía psiquiátrica, como los conceptos de aparato psíquico y de las estructuras clínicas desde la lectura psicoanalítica, resultan indispensables para poder abordar aquello que va determinando el lugar del acompañante terapéutico y que nos llevará a plantearnos, en el caso por caso: ¿cuál es el sujeto del acompañamiento? Iremos desarrollando algunas consideraciones que nos permitirán interrelacionar la demanda que da origen a la intervención, con la estrategia del tratamiento y la transferencia, en la particularidad de esta práctica. Muchas veces es la familia del paciente en crisis la que aparece desbordada, necesitando de algún recurso que en la cotidianeidad los auxilie, hasta los tranquilice, y vemos que si esta asistencia a la familia no se proporciona adecuadamente la situación puede complicarse mucho para las posibilidades de contención del paciente, y por ende lo expone al riesgo de agravar su estado crítico.

También es necesario ubicar, tanto la especificidad de la demanda de acompañamiento, como aquello que se les pide a los acompañantes, cuáles serán sus posibilidades de respuesta, y cuáles son las consecuencias para el desarrollo de cada acompañamiento. Describiremos los «vasallajes» del acompañante, y sus implicancias en términos de la «ética». Se tratará de pensar qué puede hacer el acompañante ante las tan variadas demandas de las que suele ser objeto, frecuentemente teñidas de una urgencia y una intensidad extremas, que el sujeto realiza en ese vínculo no solo cara a cara sino también en ese cuerpo a cuerpo, en esa proximidad que implica el acompañamiento; demandas a las que el acompañante debe alojar, al menos en parte, puesto que tampoco su posición será la de taponar toda demanda respondiendo a ellas indiscriminadamente, sino que deberá estar advertido de las características estructurales de lo que allí se pone en juego, de aquello que, cuando se ignora, puede traer consecuencias de riesgo para el sujeto, y puede incluso hacer tambalear el dispositivo de tratamiento.

Al hablar de estrategia, en términos psicoanalíticos, lo ligamos a la forma en que un analista maniobra con su lugar transferencial, cómo opera desde ese lugar —que es a la vez motor y obstáculo— en que es ubicado por todo sujeto en un análisis. Sabemos que la inclusión del acompañante aparece muchas veces ante el excesivo peso de la transferencia. Pero —yendo al otro extremo— también tiene un lugar, y especialmente un tiempo, cuando nada del orden de ese lazo al otro se percibe en un paciente, y esto lo vemos reiteradamente en aquellos pacientes cronificados, inmóviles, que forman parte por ejemplo de una especie de «elenco estable» en algunos Servicios de los Hospitales Psiquiátricos. Pacientes que durante años han quedado al margen de los vínculos con sus semejantes en la (no) dinámica de un Servicio de pacientes crónicos, que, a partir de la presencia de un acompañante, durante varios días en la semana, varias horas, prestándose al diálogo desde el palabrerío cotidiano, empiezan a tomar la palabra, a hilvanar algún movimiento subjetivo... A pedir cambios que tienen que ver con su situación en el servicio, por ejemplo, o a contar historias familiares, hasta ese momento desconocidas —cuando no olvidadas. Lo cual a veces termina dando lugar, en algún caso, con el tiempo, a que ese paciente pueda iniciar un tratamiento psicoterapéutico individual o grupal.

El acompañamiento apareció allí vinculado precisamente a que algo del sujeto empezara a emerger, a que algo de las condiciones necesarias, estructuralmente previas, para la construcción de un dispositivo terapéutico pueda efectivizarse. Y esto en tanto responde a una ética, a una política, que nos permite también estar advertidos de las trampas que esconde la supuesta rehabilitación o resocialización basada en una estandarización de la cura, generalmente efectista, cuyo objeto parece ser el paciente (ya que en eso quedará convertido). No obstante, no podemos dejar de subrayar, en esta breve reseña, que las propuestas alternativas en el campo de la salud mental, y las actividades que aportan a la rehabilitación social, no pueden desconocer la conflictividad social existente en nuestro país —algo extensible, en mayor o menor medida, a toda América Latina—, con el profundo aumento de la desocupación, la pobreza y la marginación, y con el deterioro para las condiciones sanitarias de la población, la implantación de un modelo económico que en los últimos veinticinco años ha generado infinidad de excluidos del sistema social, con el abandono por parte del Estado de su función para garantizar el derecho a la salud... En tal sentido, el deterioro progresivo de las condiciones de trabajo, y el aumento de la demanda social sobre los hospitales públicos, nos interpela como trabajadores de la salud mental: estamos —especialmente en los últimos meses— en una situación de emergencia sanitaria, con la carencia de recursos mínimos para el funcionamiento de los distintos servicios, que complejiza aún más las posibilidades de implementación de herramientas terapéuticas alternativas como ésta, que apuntan a favorecer la integración social de un sujeto, al ser recursos que ya venían encontrando dificultades para lograr ser reconocidos, y sostenerse con alguna continuidad. Sin embargo, creemos que justamente en esta situación resulta aún más necesario poder generar las condiciones necesarias para mejorar estas alternativas terapéuticas, así como las instancias participativas de articulación con la red comunitaria y entre las distintas áreas de intervención en salud mental, para plantearnos una política orientada a incluir en este campo aquello que queda cada vez más marginado, relegado, y desarticulado...

Siguiendo con el programa propuesto, analizaremos luego la problemática específica del tratamiento de pacientes con trastornos graves. El acompañamiento en el tratamiento de las psicosis, con la presentación de material clínico para abordar el lugar posible del acompañante terapéutico en la dirección de la cura. El problema de la urgencia subjetiva, el Acting Out y el Pasaje al acto. Los alcances y límites de las intervenciones mediante este recurso en situaciones de crisis y emergencias clínicas. Iremos delimitando el lugar del acompañamiento terapéutico y a su vez desde allí intentaremos abordar —desde otra perspectiva que la exclusivamente psiquiátrica— aquello que se llama las urgencias subjetivas, más allá de la estructura clínica de la cual se trate: el momento de un brote psicótico, una situación de angustia extrema en las neurosis, de agitación, de excitación psicomotriz, las impulsiones que colocan al sujeto al borde de su caída, por situar algunas de estas frecuentes manifestaciones clínicas.

Estamos convencidos de que esta herramienta terapéutica puede resultar insustituible en el marco de esa posibilidad de mediación, de dar un tiempo —ante el impulso, el apremio—, de dar también otro espacio —ante el ahogo o la desorientación—, para que el sujeto se recomponga. En este marco, consideraremos el abordaje de las adicciones y las toxicomanías, donde invitaremos a algunos docentes a presentar material específico al respecto. También trabajaremos sobre las experiencias que se vienen realizando en cuanto a la especificidad del acompañamiento en pacientes con «trastornos de la alimentación». Asimismo, incluimos en el seminario lo referido al acompañamiento terapéutico en el tratamiento de niños y adolescentes con trastornos graves. Especialmente, la experiencia que desde hace algunos años venimos realizando con «chicos de la calle»10. Veremos la importancia que puede tener este espacio de acompañamiento, en los distintos momentos de intervención, e incluso en la posibilidad de facilitar el acceso de un niño o un adolescente a un tratamiento, o en cuanto a generar las condiciones para que ese niño pueda comenzar a instalarse en un dispositivo institucional, o en un Hogar... Como temáticas anexas, abordaremos la problemática del diagnostico en estos casos, como pensar las crisis en la infancia, en momentos de estructuración, y también sus implicancias para la practica del acompañante. Aunque está claro que no es él quien debe realizar el diagnóstico, de todas formas sí tiene consecuencias para él el modo en que ello se piense cuando trabaja en el marco de un equipo, o en interrelación con un terapeuta. Porque veremos que la forma de plantear el diagnóstico y tratamiento con niños y adolescentes va a tener importantes consecuencias a la hora de incluir el trabajo del acompañante. Y ahí, por ejemplo, podemos preguntarnos: ¿Cuál es el espacio que consideramos privilegiado para ayudar al niño en ese proceso? ¿Cuál es la ocupación más genuina, propia del niño? Lo sabemos: será el espacio del juego y su valoración, en donde lo que debemos situar es la importancia del acompañante en tanto estimulador, en tanto facilitador, generador o sostén, de ese espacio lúdico.

Daremos lugar además a otra temática que va adquiriendo cada vez mayor relevancia: la del Acompañamiento Terapéutico y Vejez. Y la particularidad del abordaje con pacientes terminales, donde también trataremos de pensar los aportes desde esta herramienta terapéutica.

Finalmente, quisiéramos subrayar aquello que será el eje central que atravesará el conjunto del recorrido de este seminario: la conceptualización del acompañamiento a partir de la singularidad de la estrategia de cada tratamiento, en una clínica del «caso por caso». Esto nos permitirá abordar de manera no estereotipada las articulaciones entre el acompañante terapéutico, el analista, el psiquiatra y los dispositivos institucionales con los que se vincula su trabajo. Y el valor diferencial que tendrá la palabra y la escucha en las diversas instancias del tratamiento de cada sujeto. Por esto, creemos que la presentación de material clínico será aquello que con mayor riqueza nos permitirá ubicar muchos de los temas que fuimos describiendo en esta hoja de ruta con la cual esperamos estar a la altura de las expectativas, e incluso poder ampliar a partir del trabajo que iremos desarrollando de aquí en más, junto con los intercambios que esperamos se vayan produciendo a partir de nuestra propuesta.

Gabriel O. Pulice

Agosto de 2002

Notas

1 Realizado en la ciudad de Córdoba, República Argentina, en septiembre de 2001. www.psicomundo.com/argentina/at/index.htm

2 Pulice, G.; Rossi, G.; Acompañamiento Terapéutico, Buenos Aires, Polemos, 1997.

3 Kuras de Mauer, S., y Resnizky, S., Acompañantes terapéuticos y pacientes psicóticos, Buenos Aires, Editorial Trieb, 1985.

4 Rossi, G., Pulice, G., y Manson, F. (Compiladores), Publicación del Primer Congreso Nacional de Acompañamiento Terapéutico, Buenos Aires, Ediciones Las Tres Lunas, 1995.

5 La pasantía en la Sala de Internación del Hospital Evita de Lanús se realizó en el contexto del curso: «Acompañamiento terapéutico: introducción a su conceptualización y práctica clínica», dictado en el Instituto Superior de Formación de Postgrado de la Asociación de Psiquiatras Argentinos (APSA), entre abril y diciembre de 1995 (64 horas cátedra).

6 El trabajo desarrollado en este hospital se inscribió, originalmente, en el contexto de la Pasantía «Teoría y clínica del Acompañamiento Terapéutico», que comenzó a realizarse en el mes de agosto/98 a través de la Dirección de Salud Mental de la Secretaría de Salud del Gobierno de la Ciudad de Buenos Aires, y de la Secretaría de Extensión Universitaria de la Facultad de Psicología de la Universidad de Buenos Aires. Actualmente, y desde el 1er cuatrimestre del 2002, la misma pasantía ha pasado a formar parte — como Materia Electiva— del plan curricular de la Carrera de Psicología (UBA) con la denominación: Práctica Profesional y de Investigación: «Fundamentos Clínicos del Acompañamiento Terapéutico».

7 En esa ocasión participó el Director de Salud Mental de la Provincia de San Luis, Dr. Jorge Pellegrini, y numerosos integrantes de su equipo técnico, de cuyo trabajo se da cuenta en el artículo de Graciela Bustos «Diferentes modalidades de Acompañamiento Terapéutico en un Hospital Transformado», y en la presentación en la mesa redonda «El acompañamiento Terapéutico en las Políticas de Salud Mental», incluidos en el citado libro Eficacia clínica del Acompañamiento Terapéutico.

8 Facultad de Psicología de la Universidad Católica de Cuyo, Provincia de San Juan.

9 Participan actualmente los Servicios de Terapia a Corto Plazo nº 1 (ex 2) (Dr. J. Verducci); Terapia a Corto Plazo nº 2 (Dr. Alberto Gadea); Terapia a Corto Plazo Nº 3 (ex 4) (Dr. Humberto Persano); 25 A (Dr. Norberto Conti); Asistencia Primaria nº 2 (Dr. A. Osuna); Rehabilitación 31-A (Lic. Cristina Gartland), todos ellos del Hospital Interdisciplinario Psicoasistencial José T. Borda. En el año 2000 se ha incluido en nuestra Pasantía —en este mismo contexto— el Departamento Chicos de la Calle, dependiente de la Secretaría de Promoción Social del Gobierno de la Ciudad de Buenos Aires, a través de las siguientes instituciones: C.A.I.N.A. (Centro de Atención Integral a la Niñez y la Adolescencia); Piedra Libre (Hogar de tránsito); Hogar Buenos Aires; y Adán y Aiema (Pequeños Hogares). Y en el 2001, se sumaron los servicios de Hospital de Día de la Cruz Roja Argentina —filial Lomas de Zamora, Provincia de Buenos Aires— y del Hospital Álvarez, Capital Federal, en su turno vespertino. www.psi.uba.ar/carrerasdegrado/psicologia/electivas/index.htm

10 Contamos para este tema con el aporte de la Lic. Sandra Vieira, perteneciente al Departamento Chicos de la Calle, dependiente de la Secretaría de Promoción Social del Gobierno de la Ciudad de Buenos Aires, quien viene trabajando en la coordinación docente de ese ámbito dentro de nuestra Pasantía.


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