
Seminario
Nuevas contribuciones a la
clínica de la drogadicción
http://wwww.edupsi.com/bulacio
bulacio@edupsi.com
Organizado por : PsicoMundo
Dictado por : Dr. Bruno Bulacio
Clase 10
Para concluir
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He intentado hasta aquí dejar indicado que ese significante de la toxicomanía no irrumpe en nuestra experiencia sino para designar lo que denuncia la (a)dicción del Otro y lo revela de un modo ejemplar porque ahí donde algo carece de representación, de legitimidad, es donde se dimensiona todo el alcance de ese acto sobre el horizonte de las instituciones y los discursos que lo comprenden.
La experiencia de los últimos años vinculada al campo de la clínica o lo que se ha dado en llamar la prevención, me ha conducido a afirmar el valor de esta tesis, y a ratificar la posición de que es tan sólo operando con esa "otra demanda", concepto que he intentado demostrar con la presentación de los distintos relatos, que se garantiza una intervención transformadora de esa "realidad" que en todos los casos comprende una compleja gama de discursos que la justifican y sostiene.
El concepto de clínica o prevención en este campo de nuestra práctica, tan sólo me parece justificado en la medida que nos permita escuchar otra cosa que lo que nuestro toxicómano o su entorno nos formula en una primera aproximación.
Ese significante "toxicómano", no se sitúa en la vereda de enfrente ni a las espaldas de mi acto, sino que constituye un aliado de lo que he venido sosteniendo: operar sobre lo que nos interroga, lo que se anuda con lo más real, lo más cercano de nuestra experiencia, de la cual no podemos exceptuarnos en modo alguno.
Si no nos ha resultado fácil asimilar el concepto de clínica y/o prevención y sostener su práctica, es porque lo que ahí se designa tiene que ver con lo real; esto es: con lo que nos revela el descubrimiento freudiano del inconsciente, que lo que ahí no es dicho, (palabra o representación), es eso que perturba nuestros sentidos y sobre lo cual nada queremos saber.
Es a partir de lo que he formulado como una clínica de la prevención en el marco de esta tesis, donde se hace posible en mi propuesta avanzar hacia una prevención de la clínica del toxicómano, en un sentido estricto.
Todo pedido de "tratamiento" o bien de un acto de intervención preventiva como lo hemos presentado en el marco de ese proceso que designamos "orientación" bien podríamos ubicarlo en un contexto preliminar a todo proceso psicoterápico y digo esto porque como ya lo hemos señalado la "asistencia" a nuestro supuesto toxicómano, como la de aquel que presenta su demanda siempre es anterior a la constitución del "síntoma".
No creemos, así tampoco en la prevención que se basa en las respuestas, como el ejercicio permanente de un saber exceptuado de toda interrogación, sino en una práctica que se sostiene sobre la arquitectura de la pregunta.
La clínica o prevención de las toxicomanías en mi propuesta no está orientada hacia el objeto, no es esa su meta; sino que opera sobre la epidermis de un discurso, ese mismo que el acto del toxicómano denuncia dejando ahí su marca: en cuanto a ese sistema que lo constituye y aliena como objeto de la (a)dicción del Otro.
Es siempre el lugar del dolor, la angustia, la impotencia o la desesperanza pero por sobre todas las cosas algo ignorado por el sujeto de la demanda. Es por lo que este significante del "toxicómano" se nombra en mi propuesta como "objeto de goce del otro"; es ese lugar donde algo, nunca sabemos bien qué, halla ahí su cumplimiento. Es por lo que el toxicómano no se muestra sino como la metáfora viva que encarna en acto la relación entre el saber, el poder y el lugar de su legitimidad.
"La toxicomanía no es la (a)dicción"; es por el contrario lo que habla, lo que nos comunica y denuncia cierta posición del sujeto en su relación con el Otro.
La prevención no está dirigida a ese objeto de la "práctica" del toxicómano, que es la droga como producto; tiene que ver con lo que oculta esa representación, "la (a)dicción del sistema", "la adicción de los discursos", algo que en su seno no puede ser simbolizado. Ese es el verdadero objeto de la prevención.
No podemos coincidir con una prevención orientada hacia "el objeto", dado que ésta no hace sino reforzar el valor iatrogénico de esa misma representación. En este sentido toda acción que nos previene sobre ese "objeto", es contrapreventiva por definición.
Estamos hablando de "Una Clínica de la Perversión". Esto es, una clínica que opera sobre la desestimación de la demanda que el mismo sistema promueve a propósito de lo que ahí no controla, no puede frenar en modo alguno y que aparece asociado a lo que ese acto del toxicómano denuncia: la inconsistencia de nuestras instituciones, lugar donde el Otro se manifiesta y expresa carente de representación y legitimidad.
Nuestro objeto, no es sino un pretexto que antecede y conduce siempre a otro texto en el cual leer con mayor transparencia sobre los obstáculos de nuestra práctica frente a la labilidad e inconsistencia de las palabras, las cosas y las teorías que sobre ellas soportamos, en un mundo mudable donde nuestro toxicómano parece anclar su acto como paradigma incompleto de la representación de hombre de nuestro tiempo.
El toxicómano es una construcción, "un objeto de demanda y consumo social " que colusiona con su oferente, esa fuente de enunciación que hace de éste el sujeto de su enunciado.
Es por esto que no hay una clínica ni prevención posible que no advierta el riesgo de hacer del sujeto un puro efecto de ese discurso montado a orcajadas entre el "saber médico" (la suma de relatos que de él se derivan, instituyendo las distintas formas y estrategias psicoterápicas o preventivas) y la "ley social" que denuncia aquellas cuestiones vinculadas a la noción de libertad, de elección, de responsabilidad y alienación del sujeto en el marco de una pregunta por la legitimidad de la "representación".
Lo que se nombra toxicomanía en mi propuesta es una función que introduce en la "escena del Otro" (social) la pregunta sobre la "consistencia" del discurso en el que el sujeto se representa y conlleva por lo tanto una acción reguladora sobre las estructuras del sistema de discursos en que la misma se soporta.
Lo costoso de asimilar de este nuevo paradigma es que el corrimiento de esta posición pone fuera de juego al significante "toxicómano" de la función "paciente" en el relato médico.
Es una operatoria de exclusión del sujeto del enunciado que lo determina, por eso no hay psicopatología del toxicómano; - lo que hay es un "Patos" en la lógica de la representación. Por lo que sostengo la propuesta de una "meta-clínica" como condición necesaria final para una "clínica del Otro", una clínica posible de lo que en esa puesta en escena del mundo el toxicómano en tanto sujeto viene a reclamarnos.
Es en ese punto donde somos permanentemente interrogados como destinatarios de esa demanda, tal y como lo he intentado presentar en esta elección de relatos y testimonios de los últimos años de mi práctica.