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Seminario
Interconsulta y Psicoanálisis

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interconsulta@edupsi.com

Organizado por PsicoMundo y Fort-Da

Coordinado por : Marta Benenati y Daniela Kaplan


Clase 1
De la historia a lo historizante
Dra. Marta Benenati


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Cuando con la Lic. García Barthe nos pusimos a pensar qué queríamos transmitir en este primer encuentro del curso que nos reúne hoy : "Interconsulta y psicoanálisis " entrecruzamiento de una práctica con el marco teórico que nos la hace posible, en el ámbito de un hospital general de niños, nos vimos confrontadas con una serie de posibilidades. En el relato de casos y de nuestro propio recorrido en el hospital pensamos que debíamos partir de la historia de la práctica de la interconsulta a un psi en general y aquí mismo.

Ahora bien , en mi comentario voy a tratar de compartir algunas ideas sobre la experiencia. Experiencia en sentido estricto y en su relación con la clínica de aquellos que como analistas nos ubicamos en el campo de la interconsulta. Campo de la interconsulta como el terreno discursivo donde confluyen el decir de la ciencia, el psicoanálisis y el saber sobre la infancia. De la historia a lo historizante. Para ello me voy a apoyar en el recorrido que plantea Giorgio Agamben en sus textos sobre Infancia e historia.

En los tiempos que corren comentar sobre la experiencia no es tarea fácil, particularmente porque en la modernidad asistimos a su destrucción. Un día en el hospital puede mostrar un fárrago de acontecimientos que no constituyen en sí mismos una experiencia articulable . Más bien, remedan fotos desordenadas de un film que se muestra sin guión.

Las fotos muestran entre otros:

Los modos en que se dialectiza la demanda son múltiples. Podrán aproximarse a ellos a lo largo de las distintas presentaciones del curso.

Retomo entonces.

Antes del siglo XIX lo cotidiano era la materia prima de la experiencia transmisible, hablan de ello los relatos de los viajes, por ej. Y esa experiencia tenía su correlato, no en el conocimiento, sino en la autoridad, es decir en la palabra y el relato. Ahora bien, la expropiación de tal experiencia está implícita en el proyecto fundamental de la ciencia moderna, tanto como la constitución del sujeto que queda elidido en su propio discurso. En la búsqueda de la certeza la ciencia moderna anula la separación previa entre experiencia y ciencia , saber humano y saber divino. Funda un nuevo y único sujeto, hace coincidir ambos órdenes en un punto : el ego cogito cartesiano, la conciencia. La experiencia queda referida al sujeto de la ciencia, y encuentra su límite, por lo menos para pensadores como Montaigne en la muerte. Alcanza su madurez únicamente al aumentar sus conocimientos, se vuelve esencialmente infinito.

Con la formulación del concepto de inconsciente freudiano, la teoría de la experiencia queda redimensionada como síntoma de un malestar. La experiencia inconsciente queda referida al Ello y no al yo. Se invierte el límite, ya no está en dirección a la muerte, sino a la infancia. En todo caso, podremos decir, no a la muerte, sino a la castración. Junto con esto la poesía moderna ( de Baudelaire en adelante) se funda en la carencia de la experiencia, hace de lo inexperimentable su condición normal. Lo nuevo se ubica en la suspensión de la experiencia .

Por el lado de la palabra Benveniste desarrolla en sus estudios que el hombre se constituye como sujeto del lenguaje y a través del lenguaje y que la realidad entonces es una realidad de discurso. Con esto Agamben se pregunta si habría una in-fancia del hombre , una experiencia muda cuyo límite señalara el lenguaje. ( in-fare ). Esta tal in-fancia , dice, no es algo rastreable independiente del lenguaje mismo. Mas bien, es posible identificar la infancia del hombre con el inconsciente freudiano. Infancia y lenguaje parecen remitirse mutuamente en un círculo donde las infancia es el origen del lenguaje y el lenguaje el origen de la infancia. La infancia opera sobre el lenguaje instaurando en él la escisión entre lengua y discurso. Esta escisión define al lenguaje del hombre . Hombre cuya verdadera naturaleza está dada por la lengua, se convierte en ser histórico por la discontinuidad que la infancia produce. Podemos avanzar un poco más y proponer que el niño juega con la historia, si ubicamos al juego como campo donde la infancia se aloja.

Un poco más de historia. Ustedes saben que los discípulos de Pasteur, presionados por las victorias que comenzaban a conseguir sobre las enfermedades contagiosas dejan de estar dispuestos a soportar el relato de los padecimientos de sus pacientes, con lo que junto a esa pérdida se instituye la escucha como especialidad.

Quiero compartir con ustedes una historia:

"Ya está bien, no está sedado, clínicamente está mejor y no se despierta, no arranca....no estará haciendo un delirio y estos son síntomas negativos....está descrito, la aparición de síntomas negativos en pacientes internados en unidades de cuidados intensivos como signo pre-mortem, de mal pronóstico...no vaya a ser...si es eso podríamos ver de usar alguna medicación...no sé fíjate a ver qué te parece...te traigo el paper , lo lees y vemos..." Palabras de un médico intensivista que me convoca algunos meses después de comenzar mi labor como interconsultora de psicopatología fija en esa sala. Al día siguiente veo al niño y tomo un texto que el médico me facilita acerca de la aparición y el modo de medir síntomas negativos en pacientes adultos ventilados . Además lo leo.

Voy a llamar a este paciente: niño.

En la sala me encuentro con un niño de corta edad, tres años y medio cuya mirada por momentos me atravesaba y por momentos me encontraba. Estaba atónito, perplejo. Podía esbozar algún gesto pero para advertir esto por supuesto había que mirarlo detenidamente.

Niño tenía ya una historia. Sus padres , con quienes yo había mantenido algunas entrevistas antes del pedido que les mencioné, relataban en ellas el dolor y la incertidumbre acerca del futuro incierto de la vida de su hijo y también algunas otras cuestiones. Niño vino a nacer luego de años de infidelidades y golpes , en un intento de reconciliación, de marcar otro rumbo. Esto se actualizó como fracaso en relación al accidente. Comenzaron a aparecer reproches un tanto velados sobre la incapacidad de la madre de cuidarlo, o la irresponsabilidad del padre con sus faltas. En una salida familiar, niño juguetón y vital como lo describían, se soltó de la mano de su mamá , cruzó una ruta para llegar al lugar donde su tío le prometía pescar y un auto lo atropelló.

Hablo nuevamente con el médico intensivista, le digo que leí el texto pero que esa descripción está hecha en adultos, que no es traspolable a la infancia, que los niños se comportan de manera diferente. Le digo que me parece que niño está perplejo , como atónito, y le pregunto si le hablan. Se sorprende, ensaya una respuesta " ...bueno viste cómo es en la sala, tantos ruidos, tanto trabajo...yo cuando puedo..." Le propongo pensar lo que le pasa a niño como los efectos de un trauma , le digo que sería mejor hablarle. Hablo con las enfermeras para comentarles acerca de la importancia que tiene para este paciente que su cuidado no sea mudo. Le acerco a niño un juguete, una espada que le traen sus padres de la que le hablo . El médico intensivista propuso "que pasen los padres" mas frecuentemente. Vale aclarar que la sala es una sala cerrada, es decir ,los padres tiene un horario de visitas corto tres veces por día.

Retomo con los padres algo del orden de la interrupción , nombro el accidente como una fuerte interrupción en sus vidas. Especialmente la madre pudo empezar a hablar con su hijo haciendo un lazo entre el pasado y el futuro.

Niño tuvo una buena evolución, fue derivado a un lugar de tercer nivel donde se fue recuperando de su condición de enfermo. Al tiempo escucho un comentario de otra intensivista que lo atendía en ese lugar al médico : " el padre lo cargaba y le decía vos sos de River...y niño decía ..._no, yo soy de Boca como Médico (nombro así el apellido del intensivista tratante)..."

Sí , fue de Boca .

Por mi parte retomé con los médicos del servicio en un ateneo algunas cuestiones en relación al trauma psíquico, la infancia y el valor de la palabra, recortando la historia de niño como caso clínico. Aparición de lo humano entre tanta ciencia y técnica.

Creo que en parte el valor del caso radica en la interrupción de la experiencia, al modo en que se planteaba para los poetas, forma de ubicación de lo nuevo. En términos discursivos haciendo un paréntesis en el discurso científico, se ubicó cierta dimensión subjetiva velada en el "no despierta". Lejos de tomar una posición en la línea de qué tiene que ver usted con esto, que creo hubiera sido salvaje, aposté a otra forma de inversión dialéctica.

Del no despierta a no...despierta!, trocando la promesa de otro conocimiento más en palabras que escenificando lo horroroso le dieron otro cause a la pesadilla de un niño que violentamente se queda sin mano de donde tomarse.

Dra. Marta Benenati

Psicoanalista - Miembro del equipo de Interconsulta del HNRG (unidad de cuidados intensivos)


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