
Seminario
Interconsulta y
Psicoanálisis
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interconsulta@edupsi.com
Organizado por PsicoMundo y Fort-Da
Coordinado por : Marta Benenati y Daniela Kaplan
Clase 3
Clase del curso de Interconsulta
en el
Hospital General de NIños Ricardo Gutierrez, Unidad de
Psicopatología
29/8/2007
Dra. Elena Lacombe
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Presentación a cargo de la Dra. Nuria Stepansky (no grabada)
Efectivamente, como decía Nuri, este es un lugar importante para mí porque es donde inicié mi formación de post-grado, después de haber finalizado mis estudios de medicina, por lo tanto agradezco la invitación a dar esta clase.
Si bien elegí como especialidad médica la pediatría, hubo determinados hechos, de los cuales pude rendir cuenta muy a posteriori, que me llevaron a abandonar la práctica médica. Esto no quiere decir que no me haya seguido, y me siga interesando lo que a la medicina y a los médicos les ocurre, incluyendo por supuesto a los enfermos. De hecho, entre las funciones que desarrollé en este servicio y que mencionaba Nuri; trabajé en el área de interconsulta durante varios años.
Suelo rendir homenaje, y me disculpo frente a quienes ya lo han escuchado por la reiteración, diciendo que he tenido la suerte de tener durante mi praxis como pediatra, dos grandes maestros: los Dres. Carlos Gianantonio y Mario Rocatagliatta (padre).
Los hechos que me llevaron a abandonar la práctica pediátrica fueron en prinicipio dos. Uno, y que tiene mucho que ver con lo que quiero transmitirles hoy, fue que no podía compartir con mis colegas, el interés, el entusiasmo por la lectura de las dos grandes publicaciones de medicina generalista pediátrica y que son el Internacional Journal of Child Diseases y el Lancet, la primera norteamericana, la segunda inglesa. Son publicaciones, no de investigación básica, sino de investigación clínica, y después de finalizadas las tareas de sala que realiza todo residente, interesarme en si se había avanzado o no en la anatomía patológica de las enfermedades autoinmunes, que habían empezado a aparecer en esa época, (les hablo de 30 años atrás), o interesarme en si la farmacodinamia de tal o cual antibiótico era más pertinente para el tratamiento de determinada enfermedad infecciosa, era algo que no me ocurría. Lo que entendí, mucho después, estudiando historia de la medicina, que dicho sea de paso, no es una materia de formación de pre-grado, es una cátedra, medio perdida en el último piso de la Facultad, y es materia requerida sólo para el doctorado, lo que entendí, decía, es que no podía como médica compartir con mis compañeros el entusiasmo por el paradigma, del cual ellos sí participaban y que es el de la medicina así llamada científica o positivista, paradigma ya instalado, porque sabemos que su aparición ocurre en el siglo XIX. Obviamente me daba cuenta que si no me interesaba por ello mi praxis iba a quedar en franco retraso.
El otro hecho, que creo que estructuralmente va de la mano del que acabo de describir, como vamos a justificar después, era el siguiente: si en la sala había, por ejemplo unos padres peleadores, que hacían lío o se deprimían demasiado, para el caso es lo mismo, mis compañeros me decían : "Elena, andá vos." "Dale que vos tenés paciencia". Con el transcurrir del tiempo, al ir conociéndonos más, me dijeron y pude escucharlo, sabemos que el propio mensaje viene invertido desde el Otro, "Andá vos, que a vos estas cosas te gustan". Esto ocurrió a raíz del caso de un niño maltratado, que en aquella época llamábamos apaleado, traduciendo más literalmente "battered child". Les cuento una última anécdota. Por esa época yo tenía una compañera de mi mismo año, que sigue estando en el hospital, y que sin tener la más remota idea de quien se trataba el personaje que había elegido para mí como sobrenombre me decía Helen Deutsch. Digo ni la más remota idea, porque algo de oídas, de la resonancia de su nombre sabríamos, pero quien fue Helen Deutsch en la historia del psicoanálisis lo supe muchos años después.
Por estos hechos, abandoné la pediatría y me vine al tercer piso a realizar mi residencia en Psiquiatría Infanto Juvenil. Pero les mencioné a mis maestros en pediatría, porque creo que también lo hice por amor a la medicina, amor que hace que yo siga interesándome por los temas que puede plantear un curso como este.
Gianantonio, un hombre de ciencia ya que descubrió un síndrome, que no sé porque en la Argentina lo nombramos como síndrome urémico hemolítico, omitiendo su nombre propio. No lo llamamos síndrome de Gianantonio, como figura por ejemplo en el Tratado de Pediatría más importante de la bibliografía internacional, y sí hablamos de síndrome de Basedow o de Down, por ejemplo, rindiendo en esos casos el homenaje que la medicina realiza al descubridor.
Gianantonio, insisto, siendo un hombre de ciencia, tenía claro que para la praxis, para el ejercicio de la medicina el paradigma del cual se trataba no era el de la medicina positivista, no era el modelo fisiológico de funcionamiento del organismo humano. De hecho, puedo afirmar, que fue un gran médico porque conocía cuales son los orígenes de la medicina y su sabiduría le permitía no desconocer, rechazar, forcluir ninguno de los paradigmas que constituyeron a la medicina.Esto es algo que Lacan subraya en relación a la diferencia entre la praxis del psicoanálisis y la praxis médica. Lacan dice que el médico olvida el discurso en el cual está inserto como todo sujeto, por otra parte. El psicoanalista puede olvidar menos esta dimensión discursiva ya que se praxis se sostiene en los textos de Freud, Lacan y algunos otros. En este sentido Gianantonio, no consideraba que la medicina debía adherir a un único paradigma para ser medicina, entendida como arte, como tekné.
Una definición que podemos dar de medicina es que la medicina seguramente no es una ciencia, es un arte, en el sentido de la división clásica entre tekné y episteme, pero también es cierto que la medicina de la modernidad se ubica en el punto de cruce, de entrecruzamiento de numerosas ciencias, siendo, por supuesto, la biología la más central.
Pero creo también que la medicina debe seguir siendo un arte del buen vivir, que incluye el biológico, y para ello requiere una ciencia de la vida.
Esta segunda definición de la medicina, sin estar en mi espíritu el afán de axiomatizar o generalizar, está de alguna manera rechazada. En este sentido, mencioné al Dr. Rocatagliatta, puericultor y generalista ambulatorio, médico de la patología llamada banal. Él nos decía, no crean que yo me dedico a esto por comodidad, lo hago porque he renunciado al heroísmo, a la medicina heroica de los médicos de terapia intensiva por ejemplo. Ese arte del buen vivir, que en la pediatría se hace presente y necesario en la puericultura, en la medicina general ha quedado de alguna manera degradado en el higienismo. El modelo higienista a mi gusto es insuficiente para una buena praxis médica porque tiene una sujeción a la política. Quiero decir que en el planteo higienista el médico queda como actor de arte del buen vivir en salud que no deja de estar determinada por el mejor y mayor rendimiento del paciente como agente de producción en el régimen que nos toca vivir. De hecho la medicina higienista surge como rama de la medicina para el estudio de las enfermedades producidas en los obreros por su actividad en las fábricas, en el momento de la revolución industrial.
La medicina no siempre fue positivista y en su historia, desde el punto de vista epistemológico pasó por tres grandes cortes, en términos resumidos, agregando que como toda praxis está imbuída por la cosmovisión de la época.
La medicina occidental surge en Grecia con Hipócrates. La cosmovisión griega es de equilibrio y armonía de la naturaleza, por lo tanto no está puesta la confianza en la intervención del médico, en relación a la cura de las enfermedades. Nosotros los humanos, en tanto entes de la naturaleza, trataremos de recuperar el equilibrio aparentemente amenazado por la enfermedad. Hipócrates entiende la enfermedad como un desequilibrio de los humores, desequilibrio que por sí solo tenderá a desvanecerse con una ayuda mínima de la tekné.
Finalizada la Antigüedad, comienza la época de la angustia del médico. Ya no se puede confiar en que la naturaleza y nosotros como entes de ella, vamos a restituir el equilibrio. Se vuelve necesario la intervención de un arte, de un saber terapéutico. Esta desconfianza hacia la naturaleza hace que la medicina abandone cualquier posición animista o vitalista y busque , a través por ejemplo del estudio de los cadáveres, la causa de la enfermedad .La causa finalmente aparece, gran momento histórico para la medicina y que es el descubrimiento de Pasteur. Finalmente se puede identificar la causa, para el caso de las enfermedades infecciosas, que diezmaron a una cuarta parte de occidente en el medioevo.
Canguilheim señala aquí el momento de la caída del paradigma animista, lucha entre el bien y el mal por ejemplo, y la aparición de lo que él llama la teoría ontológica en medicina. Hay un ente invisible o visible gracias a la ayuda del microscopio, causa de la enfermedad. Paralelamente aparece lo que él llama la teoría dinamista de la causa de las enfermedades y que es todo lo que corresponde al estudio de los sistemas reguladores del organismo, es decir lo hoy nombramos como endocrinología. Gracias a estas dos teorías, por primera vez en su historia, la medicina tiene una teoría sobre las enfermedades.
Sin embargo esta teoría que permite que desaparezca un fantasma, que vamos a nombrar como el fantasma del mal, no impide que aparezca otro en su lugar: el fantasma de la lucha., ya no entre el bien y el mal, sino para el paradigma ontológico entre lo interno y lo externo y para el paradigma dinamista una lucha entre fuerzas internas. Fantasma que nos interesa en tanto afecta la praxis del médico, como sujeto. Sabemos por la experiencia analítica que los fantasmas no desaparecen, sino que a lo sumo el sujeto aprende a lidiar con ello.
El primer paradigma que mencioné surge como fruto de la desconfianza del médico en la naturaleza como equilibradora. Fíjense que hay aún hoy prácticas médicas, llamadas no alopáticas u homeopáticas, es decir por fuera del pathos, en las que se centra la nuestra, que siguen confiando en una concepción de la enfermedad como restitutiva de un cierto equilibrio. Pero en el primer paradigma, la angustia del médico está centrada en las posibilidades de éxito de su arte para luchar contra la enfermedad.
El médico sigue angustiado, tal vez un poco menos, pero angustiado en tanto se pregunta qué va a triunfar: la malignidad del virus o la eficacia del antibiótico que elija y en el caso de las enfermedades que abrevan en la teoría dinamista, también se pregunta qué va a triunfar , su intervención permitirá o no el restablecimiento de las funciones que se han visto alteradas.
Hacia fines del siglo XIX se produce una verdadera revolución en relación a lo que venimos desarrollando. Esa revolución la realiza Claude Bernard.
Claude Bernard es el fundador en medicina de un tercer y último paradigma, último en el sentido de que es en el la práctica médica se desarrolla actualmente y que el de la medicina fisiologista o medicina científica. Claude Bernard aspira a fundar una medicina científica y para ello funda la fisiología.
Ustedes saben que Claude Bernard y Augusto Comte eran contemporáneos. Cada cual desde su disciplina, Claude Bernard era médico, Augusto Comte filósofo adhieren al positivismo, y en relación a la medicina piensan bastante parecido. Para Bernard, las enfermedades son un campo de estudio que van a permitir finalmente precisar la fisiología, la fisiopatología y por consiguiente la terapéutica de esas enfermedades. Parte de la idea de que toda enfermedad, basándose en su descubrimiento de la fisiopatología de la diabetes, es la exageración cuantitativa o cualitativa de la fisiología normal de un órgano o de un aparato. En ese sentido, su confianza en la medicina experimental , en los experimentos en organismos no humanos, en animales es absoluta , ya que entiende al hombre como un ente biológico y al inducir una enfermedad en órganos, aparatos o funcione, ése es su método, en animales que compartan con nosotros similitudes anatómicas, se podrá avanzar en el mecanismo etiológico y por consecuencia en la terapéutica de las enfermedades humanas.
Comte, sin ser médico, adhiere totalmente a la postura de Bernard, Dice casi lo mismo, las enfermedades serán aquello que permitirá conocer el funcionamiento normal del organismo y a partir de allí avanzar en las terapéuticas más eficaces, en tanto más específicas.
Este nuevo paradigma por supuesto que permite un avance importantísimo en el saber médico. Posibilita además, con algún agregado, la reafirmación de la noción de lesión. Si en los otros paradigmas el acento estaba puesto en el agente o en la disfunción, aquí el acento está puesto en la lesión, ya sea del funcionamiento fisiológico o del tejido del órgano. Esto no deja de tener efectos en el médico y en el enfermo.
La famosa frase de un contemporáneo de Bernard y de Comte, un gran médico: Leiris, "Por fin la medicina ha abandonado el punto de vista del enfermo, por fin la medicina se ha olvidado del enfermo y se ocupa de la enfermedad", no la escuchen como una especie de actitud de indiferencia, ni como un planteo exento de humanidad hacia el enfermo (aunque sin saberlo, lo dice : olvidar al enfermo), piénsenla como un momento importantísimo en la diacronía de la historia de la medicina. Leiris recibe con entusiasmo la idea de terminar con esto de escuchar síntomas y signos, y buscar la objetividad que el método ex perimental promete, animado por un deseo que desde cierto punto de vista es totalmente válido: que la medicina devenga por fin una ciencia: la enfermedad podrá finalmente ser dominada, se volverá totalmente inteligible y por qué no podrá ser eliminada. Optimismo de un planteo racionalista, que encierra un ideal, pero también una ilusión, en el sentido freudiano, al cual creo yo, no podemos adscribir.
Por qué si toda ciencia reformula sus paradigmas a partir de la experiencia ya sea de laboratorio o de lo impasses que puede encontrar en la no concordancia de sus hipótesis con lo comprobable en lo real, la medicina llamada científica, se encuentra tan parapetada, a mi entender en un paradigma?
La medicina en tanto tekné tiene que vérselas con individuos y también con organismos relacionados con su medio ambiente, por ejemplo y tiene que vérselas con el punto de vista del enfermo. Los médicos saben esto por supuesto, ya que tiene que ver con su práctica cotidiana, pero la mayoría tiende a preferir la visión del fisiólogo a la del clínico. De hecho, con el correr de los años, la figura del generalista, a quien le quedó el nombre de clínico, así como en pediatría se nombra al generalista, pediatra, es una figura un poco desprestigiada y hablo dentro de la corporación médica. Está mucho más valorizado, como sucede en casi todos los ámbitos, la figura del especialista. Salvo para los psiquiatras, que en la medida en que nos volcamos hacia las neurociencias, probablemente tengamos más chances de ser valorados como especialistas. Cuando las cosas no eran así, estaba el famoso chiste: "El servicio de psiquiatría en un hospital general está en el fondo, al lado de la morgue" o los comentarios del estilo:"Son todos unos charlatanes, no curan nada, etc."
Dentro de la medicina, por qué el especialista tiene prestigio? , si en realidad está adhiriendo a un modelo de hombre máquina, es decir de un hombre separado en órganos, en aparatos, o en patologías, aunque esto haya avanzado al especialista en sistemas, no de la computación, sino de los sistemas inmunitarios. El especialista descompone al organismo en órganos o en enfermedades.
La visión de la medicina como ciencia de la vida queda así relegada a un segundo plano.
Entonces, retomando la pregunta, si el médico sabe que tiene que vérselas con un individuo, con un organismo no tan fácilmente separable en partes, por qué sin embargo elige el punto de vista del fisiólogo, en su praxis?
Más allá de que demos la respuesta rápida de que en tanto sujeto, lo es del discurso imperante, creo que podemos pensar algunas razones más particulares Una de ellas podría ser, a mi entender, que el médico se da cuenta que entre el síntoma vivido subjetivamente y el signo objetivo hay una diferencia. El chiste médico a propósito de esto es así: "Si un tipo te dice que le duelen los riñones, seguro que no tiene nada en los riñones". Es un chiste para los médicos, porque para el paciente que le duele ahí atrás, no es ningún chiste. Por qué dicen esto los médicos? Porque el paciente en cuestión puede estar en realidad quejándose de una irradiación de una lesión de la zona lumbo sacra, o de una hiperestesia dérmica, pero él dice que le duelen los riñones porque sabe que por esa zona quedan los riñones. El otro ejemplo típico en que el médico suele matarse de risa, es cuando el enfermo dice que los síntomas dispépticos provienen del hígado. El médico sabe perfectamente que un paciente puede vivir muchos años con cálculos en la vesícula biliar, sin enterarse que los tiene hasta que por ejemplo migran al colédoco y requieren cirugía por el riesgo que representan como causa de insuficiencia hepática.
Sabiendo el médico, gracias a la medicina bernardiana, que hay enfermedades sin síntomas y que el punto de vista del enfermo no responde ni a la realidad anatómica o fisiológica descubierta por esa medicina, relativiza el síntoma, descarta el punto de vista del enfermo y se vuelve fisiólogo.
Para contarles hasta donde llega esta postura, les cuento algo que decía Broussais, quien adhiere al modelo positivista y contemporáneo de Leiris: "Supongan que va un hombre por la calle y lo pisa un auto. Se muere y va a autopsia, ya que se trata de un homicidio culposo. En la autopsia le descubren un tumor que no había dado síntomas, un tumor en el páncreas por ejemplo" Broussais, por el absurdo, concluye de que de eso se ocupa la medicina, no importa que el paciente esté muerto, lo que importa es que la medicina pesquise la enfermedad, dejando de lado el síntoma, entendido como aquello de lo que puede quejarse el paciente, como único modo de adelantarse a la eclosión de la enfermedad y ser así una verdadera terapéutica.
Abandonar el punto de vista del enfermo tiene sus desventajas para la medicina misma, no lo digo desde nuestra disciplina Los síntomas del enfermo no tienen que ser despreciables, por definición. En la historia de la medicina o en la praxis de cada médico en particular, no siempre los síntomas del enfermo portan un saber equivocado. Que el médico, muchas veces, tenga que corregir un cierto saber equivocado del enfermo sobre el síntoma, por supuesto que sí, pero también es cierto que la medicina ha avanzado gracias a que en relación a ciertos síntomas, a algo que no iba bien en el enfermo, alguien quiso poner su atención en eso y gracias a eso pudo descubrir un nuevo síndrome o enfermedad, y por supuesto de la terapéutica. Un medicamento no funciona, abandonar el punto de vista del enfermo, implica renunciar a buscar alguna otra cosa que sí funcione.
Creo que sobre esta modalidad de la praxis médica, tenemos mucho para decir a los médicos. Si Freud pudo zanjar un problema central que tenía la psiquiatría en ese momento: la discusión entre Charcot, que adhería al modelo positivista, pensando la histeria como enfermedad causada por una lesión no identificada aún y Babinsky, que planteaba que las histéricas simulaban, diciendo, lo digo en términos de Lacan, que el humano tiene con su cuerpo real una relación silenciosa, pero con su cuerpo imaginario una relación muy ruidosa, ambos nos dieron herramientas para que algo aportemos en las encrucijadas en las que hoy se encuentra la praxis médica. Creo que es también una manera de pensar nuestra inclusión en el campo de la interconsulta: tratar de intervenir en las disyunciones que a la praxis médica le plantea la hegemonía de un paradigma.
El paciente ni exagera, ni se equivoca, al humano lo que le importa como sujeto es la relación a la imagen virtual de su cuerpo, es decir la imagen que tiene de su propio cuerpo, no sólo en el campo de la estética, sino también en la enfermedad, tal vez es allí cuando más le importa, cuando está aquejado por una enfermedad
Desde nuestra disciplina, tenemos para los médicos el contraejemplo de la enfermedad pensada desde la medicina positivista y que es la hipocondría .La hipocondría para nosotros es una enfermedad, porque sino se produce un sin salida espantoso, quiero decir si nos pusiéramos en una postura de médicos positivistas el sin salida, para nosotros, el médico y el paciente es el famoso:"Usted no tiene nada". Por qué la hipocondría no tendría valor diagnóstico? No le vamos a pedir a los médicos que se ocupen de la hipocondría, en realidad se ocupan, estudian al paciente y le dicen "No tiene nada" y/o derivan. Y está bien que deriven porque la hipocondría corresponde a nuestro campo.
Una de las encrucijadas,en las que se puede alienar el médico hoy y que ya comenté al comienzo, cuando hacía interconsulta sin saberlo, cuando me decían mis colegas, "andá a ver a esos padres difíciles", la voy a ejemplificar en relación a la praxis del Dr. Gianantonio. Como residentes teníamos un ateneo semanal con él, en el que le presentábamos un caso, difícil obviamente, quiero decir un caso en el qué ya no sabíamos más qué hacer. Por supuesto que para presentarle un caso a Gianantonio, estudiábamos como locos una semana antes, buscando la última actualización sobre el tema. Una compañera le presenta el caso de una jovencita con leucemia, una chica de 16 años que por razones médicas estaba aislada en un box para evitar posibles contagios, por el déficit de su sistema inmunitario. Mi compañera le presenta el caso lo mejor posible, con las últimos protocolos en tratamiento de leucemias, que era una patología de la cual él sabía mucho. Por supuesto él tenía una actualización que nosotros no conocíamos, pero eso no es lo importante. Cuando termina el ateneo él le dice a mi compañera: "Perdón, Doctora, le voy a preguntar algo. Usted cuando entra al box, charla con la muchachita esta?. Se lo digo porque ella es una muchachita de 16 años, y usted, discúlpeme, también es muy joven. La pacientita está aislada, en plena adolescencia y todavía está lúcida, porque usted sabe que pronto va a entrar en coma, porque no aprovecha y cuando entra a verla no se da un tiempo para charlar de cosas de mujeres, o de lo que usted prefiera. Porque eso también es ser médico".
Gianantonio me enseñó así que era un falso problema la disyunción entre ciencia y tekne en la praxis médica, sí puede serlo para la epistemología. Gianantonio podía sostener la función médica desde el paradigma fisiológico, pero no excluía la función del médico en la dimensión de lo que Lacan llama la imagen secular del médico. Imagen secular que comparte con el abogado y el sacerdote, y que no es una imagen de infatuado, sino que se trata de una imagen impresa en la sociedad y en cada individuo en particular.
Gianantonio atendía enfermedades poco frecuentes y en general gravísimas. Un día lo llamamos en interconsulta por el caso de un niñita de 5 años, que padecía una patología de los vasos linfáticos, que al no permitir el drenaje de la linfa, producía en sus piernitas, elefantiasis, dándoles un aspecto montruoso. Después que se aseguró que estábamos manejando bien el problema linfático, le pidió a uno de nosotros que le dijera a los padres lo siguiente:"El día que dejen de mirar a su hija desde las piernas, ella y ustedes serán más felices".
Para el humano estar enfermo es doloroso. El humano sufre al estar enfermo, desde que tiene que interrumpir sus actividades, sus proyectos y en pediatría es a veces el tener que interrumpir la vida de alguien que tiene todo por hacer.
Pero también sabemos que las enfermedades y la muerte forman parte de la vida. Desde el día en que nacemos, (ya sé que no hay representación de muerte en el inconsciente), sabemos que estamos destinados a morir. La enfermedad nos recuerda, en tanto mortales, ese destino inevitable.
Les aclaro que no es que no esté de acuerdo en que la esperanza de vida haya aumentado gracias a los avances de la medicina, en realidad se lo agradezco mucho a la medicina, sobre todo por la edad que tengo .Pero en tanto mortal sé que mi fin llegará, de una manera brutal, o menos brutal, pero llegará.
Las enfermedades nos recuerdan que somos mortales. Y el pathos de estar vivos, y el de haber nacido, sin haberlo pedido por supuesto es el de tener que vivir sabiendo ese destino inevitable lo mejor posible.
A mí me parece que a los médicos les haría bien saber que tienen que vérselas con este pathos, no salir corriendo cuando algo de esto se hace presente en su práctica los dignificaría en esa imagen secular que encarnan para el paciente, pero también a ellos mismos como sujetos. Por qué se les arma lío cuando tienen que anunciar la muerte de un paciente? Es un acto trascendental. Desde la lógica racional sé que no, pero desde la tragedia es el reverso del acto de dar vida.
Un obstetra amigo se preguntaba: "Cómo puede ser que cada vez que nace un bebé y todo está bien, aplaudimos y nos ponemos contentos? Y mirá que voy por el parto número 100." A mi amigo, seguro que le gusta su tekne. Saludar el nacimiento de una nueva vida.
Para finalizar, ya que hice mi homenaje a los médicos, me voy a permitir rendir homenaje a otro médico, y a quien si algo podemos no reprocharle, ya que se le hacen tantos reproches, es que tuvo una gran sensibilidad frente al dolor del prójimo y que él mismo estuvo enfermo a partir de los 40 años hasta el final de su vida de un cáncer.
Les voy a leer dos párrafos que Freud le escribió a Lou Andréas Salomé. Freud con una simpleza absoluta, la simpleza era un ideal para Freud, describe lo patético de l estar enfermo. También lo describe con una gran profundidad, sin caer en poesías aterradoras, como las hay en la literatura, ni en sermones religiosos, que no siempre son muy profundos.
Este primer párrafo lo escribe en el momento en que comienza los tratamientos para su cáncer.
" He soportado bien todas las realidades repugnantes, pero acepto mal a lo que esto me expone; no soporto esta existencia bajo amenaza de tener que jubilarme en cualquier momento"
Unos años después, la enfermedad avanzó, escribe:
"Una caparazón de insensibilidad me envuelve lentamente , lo constato sin quejarme. Es también la salida más natural, una manera de empezar a devenir inorgánico"
Lejos está de mí proponerles que en el trabajo de interconsulta, apunten a algo así como una apología de la enfermedad y de la muerte, pero sí que tenérselas que ver con el pathos, la tragedia y ciertas coordenadas sujetivas del paciente enfermo no hacen al médico menos científico.