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Seminario
Interconsulta y Psicoanálisis

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interconsulta@edupsi.com

Organizado por PsicoMundo y Fort-Da

Coordinado por : Marta Benenati y Daniela Kaplan


Clase 4
"No hay clínica sin ética", hay clínica cinética (cambiante, propulsora)

Daniela Kaplan


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Sostenemos la vigencia del psicoanálisis aún frente a las acometidas que este sufre constantemente. Desde ser considerado "La peste negra" en épocas Freudianas, hasta ser merecedor de un libro, también negro, en nuestros días, el psicoanálisis resistió los más diversos ataques.

El ataque entendemos que es efecto de la resistencia que generan los descubrimientos que pasado más de un siglo siguen generando escozor. Molestia estructural que toma diferentes maneras acorde a la época y a las circunstancias.

Frente a esto, nos preguntamos a diario respecto a nuestra posición.

Posición incomoda la de escuchar más allá de lo que los individuos quieren decir. Posición que inevitablemente nos conduce a traspasar lo que los "Yoes" proclaman.

Freud nos enseña que el "yo hunde sus raíces en el ello", nuestro trabajo es escuchar más allá del pedido manifiesto. Lacan dice en las conferencias que dicta en 1975 en la universidad de Yale: "Ser un analista es un "job", y de hecho, un "job" muy duro".

Creemos que la aspereza de nuestro trabajo sólo se sostiene si tenemos presente que no hay clínica sin ética y que nuestros movimientos e intervenciones, nuestra clínica, se encuadra en la ética del psicoanálisis y en la de cada psicoanalista.

Para pensar una ética, la falta debe estar constituida.

La ciencia de nuestro tiempo intenta borrarla con sus avances. En la Conferencia nº35, "En torno de una cosmovisión", Freud nos dice que la ciencia "satisface el apetito humano de saber y apacigua la angustia de los hombres frente a los peligros" Peligro es para la ciencia la falta, la imposibilidad, el no todo, que se corporiza en el no saber, en el fracaso, la incertidumbre. La ciencia intenta cubrir todo intersticio, saber sobre todo y la investigación es una permanente búsqueda de respuestas a lo desconocido. Psicoanálisis e interconsulta es pensar al psicoanálisis junto a la ciencia, es pensar en la dignidad del sujeto frente a la tendencia que lleva a la medicina a la generalización, a la búsqueda de la serie dónde incluir, por su patología, al individuo del que se trata.

Para el médico, en su función de científico fisiologista, el paciente pierde su particularidad para pasar a ser una suma de partes, cada una de las cuales es abordada por un especialista.

Que los analistas escuchemos al sujeto es requisito, quizás, para que esta dimensión se sostenga aún en las situaciones más adversas. Decíamos que ser analista es un job, el vocablo inglés que significa trabajo, no el "Job" de la tragedia bíblica. Quiero decir que no se trata de ser partícipes de una tragedia que nos es relatada, gozar de ella, quedarse fascinados, sino producir con nuestra posición e intervenciones consecuentes ciertos movimientos. Esta es una posición analítica, posición a sostener aún fuera de las paredes de un consultorio, aún sin la seguridad que brinda un encuadre, por menos rígido y obsesivo que este sea. Esta es también una posición ética que la clínica hospitalaria , fuera de los muros de los servicios de psicopatología, pone en jaque una otra vez. Ciertas intervenciones, cómo la de proveer al paciente de algún objeto que le hace más fácil su estadía, o ser directivo en indicaciones a sus padres, inevitablemente nos llevan a preguntarnos qué estamos haciendo. ¿Traicionamos con esto nuestras pretensiones "analíticas"? ¿Dejamos de "ejercer" aquello para lo que estudiamos, nos analizamos y supervisamos? En la clínica, el analista, para ubicar un inicio de transferencia, tiene que hacer maniobras. Cuando esta se establece, hablamos de manejo de la misma.

Movimientos calculados, pensadas dentro del marco de lo que escuchamos y leemos de cada situación, de lo que los diferentes actores nos dicen.

Las situaciones que conducen a los individuos a un hospital son la mayoría de las veces inevitables y sin salida. O, si las tienen, de lo que podemos estar seguros es que no serán sin consecuencias, sin marcas para quien atravesó la experiencia. El problema es cómo cada cual se las puede arreglar con lo que le tocó en suerte.

El cuerpo no es el organismo, sino que se construye por efecto del lenguaje, de los significantes que vienen del Otro, el modo de respuesta no puede no considerar la subjetividad producto de la inscripción de estos significantes, de la historia por estos dibujada.

Cuando la "Miastenia de la cama 10", al decir de los médicos, deja lugar a "Juan", cuando "La que no entiende nada" es escuchada como un ser que padece, cuándo el discurso universal se dirige a cada uno en particular, se dispone el campo para que cada cuál pueda responsabilizarse de lo que hace con lo que le sucede. Es decir, frente a la enfermedad, la lesión, el dolor, existen diferentes modos de posicionarse determinados por características subjetivas, propias y preexistentes. No obstante, la influencia del entorno es indiscutible. Es requisito que el otro sea visto con sus desconsuelos y alegrías, sus modos de sufrir y de gozar para que la dimensión subjetiva no desaparezca. La angustia es producto de no oír en el discurso universal una voz que diga "tu", por lo que es necesario "alojar" a cada cuál, escucharlo en su condición de único e irrepetible para que esta dimensión se sostenga, espacio necesario para que el deseo (que está más allá del ideal) no sea abolido y se relance una y otra vez. Cómo analistas hemos de poner en cuestión la tendencia de los individuos a identificarse con la propia tragedia, tendencia que incluye no pocas veces a los profesionales quienes se compadecen, lo que no deja de ser un modo de identificarse, con los dramas de las vidas de sus pacientes. El hospital impone una presencia relevante de los cuerpos enfermos, confronta con la inexorable debilidad de los mismos. Freud escribió en "Personajes psicopáticos en el escenario", tomando la idea de catarsis de Aristóteles, que la finalidad del drama es despertar terror y piedad. Los médicos, neuróticos también al fin y al cabo y en el mejor de los casos, ubicarían una condición de goce en estos relatos. Sin embargo, para poder operar es necesario no ceder al goce de la contemplación y, cómo dice Lacan en el seminario VIII, "sostener el lugar de objeto que tiene la función de salvar la dignidad del sujeto".

Las historias, "de Hospital". constituyen los dramas de la vida que les tocaron en suerte a sus actores ¿Podríamos decir que estamos frente a "tragedias"? Lesky dice, en el texto "La tragedia griega" que lo trágico se basa en un contraste que no permite salida alguna y cuando aparece la salida la tragedia se esfuma. Es una forma de relación en la vida con nuestro propio mundo. Lacan, en su seminario "La ética del psicoanálisis" habla de "la tragedia de la vida". El sujeto del hecho trágico, acepta el conflicto y está dividido por él. Ante las más terribles situaciones cada cual se ubica de modo particular, después de gritar dignamente, la ficción permite a unos velar el destino. Otros gimen y se lamentan por el "drama" que les tocó en suerte.

Un recorte:

Tupungato del zapato

En un pase de sala en el servicio de enfermedades respiratorias se presenta un paciente de once años con diagnóstico de enfermedad neuromuscular, degenerativa. "El pibe es un débil", dicen de él los médicos. "La madre es autista, tiene movimientos de "rokcing" (mecedor, tembloroso, oscilante), no entiende nada"

Me acerco a la cama donde yace durante su internación. Está sonriente, sentado en la cama, algo encorvado, jugando con sus manos con pequeños objetos. "Buenos días, soy Daniela, la psicóloga de la sala" me presento. ¿Cómo está UD?, interrogo a la madre. Esta no responde.

Hola, ¿cómo te llamás?, me dirijo al niño.

-Félix.

¡Qué lindos juguetes!, exclamo. Y, entonces sí, la mamá se dirige a mí.

- "Se los trajo la Dra, todos los días le trae algo. En casa no sé cómo va a hacer para que no sé lo toquen los hermanos. Tengo 7. Los quiero ver. Están solos. Con la nena de 11. Me cortaron el agua. Dónde vivo es un asco. Hace frío, no tengo colchones. A mí me gusta tenerlos limpios, durante el día no importa, ellos se ensucian, pero a la noche, traigo agua en un fuentón y los baño. Es mucho para mi hija, es una nena, sí tuviera 15…" Mientras habla, el cuerpo de Susana va dejando de mecerse, de "temblar". (Ambas acepciones corresponden al vocablo inglés "Rocking") La escucho, Félix también.

¿Querés ir a la sala de juegos?, lo invito y se entusiasma.

Al día siguiente, la mamá de Félix me aborda: ¡Hola! Me quiero ir… Los chicos están solos….Le quieren hacer otro estudio, después me voy, aunque no tenga la silla. Mi papá tiene la del otro nene. No me la quiere dar, la tiene de recuerdo…Yo la necesito…

Así me cuenta que tuvo otro hijo que falleció de la misma enfermedad que Félix, que sus padres se hicieron cargo de él. Otros dos, además de Félix, padecen esta enfermedad que se trasmite por vía materna.

Le pregunto a Félix: ¿Fuiste a la sala de juegos?

"No sé viajar en ascensor…" Responde su madre.

Diferente es la ignorancia a la desidia, la carencia al abandono, pienso cuando la asistente social dice en una reunión con los médicos: "Son un desastre. La madre no se preocupa por nada. Inútil gestionar nada…" Intervengo con las palabras de la madre de Félix resonando en mi cabeza: "Salvo cuestiones de vida o muerte, este nene tiene que irse a su casa"

Un médico, en consonancia con mis palabras, interviene: "Los hijos son de los padres, nacieron en ese rancho y ahí quieren volver"

La madre de Félix me dice: "No puedo ir a gestionar nada. No hay voluntarias, nadie se puede quedar con él"

Decido acompañarla a hablar con las voluntarias. Acompañarla a moverse de otro modo, a empezar a gestionar.

Se le da el alta al niño con el compromiso de asistir cada 3 días al consultorio. Compromiso que respetan a "rajatabla".

Me pregunto por el "Rocking" del principio. Este fue, quizás, la oscilación necesaria. La fluctuación y titubeo frente a una certeza de los profesionales que se expresaban en sus dichos: "son un desastre", "no hay nada que hacer", certeza que les permite a los profesionales, amparándose en un diagnóstico "psico-social", soportar un límite dado por la imposibilidad de hacer.

La viñeta clínica anterior es una muestra más de que la clínica no es "sin ética" sino "cinética", nos pone en movimiento, es promotora y alentadora de nuestras intervenciones. Intervenciones siempre prudentes y calculadas, tendientes como en este caso, a dinamizar al sujeto frente al conflicto que le tocó en suerte.


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