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Seminario
Nociones de la Psiquiatría Francesa
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Dictado por : Eduardo T. Mahieu


Clase 6.b

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6. Psicosis y ensueño en la psiquiatría francesa (2° parte)

Acabamos de ver de qué modo la problemática "psicosis y ensueño" fué desarrollada en la psiquiatría francesa del siglo 19 y principios del 20. Es esencialmente gracias a la obra de Henri Ey que podemos echarle un vistazo retrospectivo a esta cuestión. Ey es el último teórico que va a centrar sus elaboraciones en las relaciones psicosis y ensueño. Es debido a su apego a las teorías jacksonianas de disolución/liberación que Ey "redescubre" Moreau de Tours, a quien le reserva el apodo de "Jackson francés". Esta cuestión atraviesa toda la obra de Ey, puesto que constituye uno de los pivotes de la teoría organodinámica de la psiquiatría. Elegimos dos "cortes" para estudiar su aporte personal: un texto de 1948 "Ensueño y psicosis", publicado en Lima en español, la propia traducción francesa de Ey publicada en 1953 en sus estudios psiquiátricos, el Etude N° 8; y un texto publicado en L'Evolution Psychiatrique en 1970, reeditado recientemente en un libro de R.M. Palem (4), "La dissolution de la conscience dans le sommeil et le rêve et ses rapports avec la psychopathologie", que nos permitirá de apreciar la evolución de la cuestión en el pensamiento de Ey. Luego veremos de qué manera las posiciones de Ey influyeron en el diálogo con Lacan; de qué manera trató Lacan el tema, y de qué modo se pueden hacer comparaciones clínicas con las nociones de "fenómeno elemental" y "momento fecundo".

PSICOSIS Y ENSUEÑO EN LA OBRA DE HENRI EY

Lima, 1948

El libro de Ey, publicado por la Editora Médica Peruana, lleva un prefacio de Honorio Delgado, gran personaje de la psiquiatría latinoamericana, que se muestra un tanto escéptico ante el esfuerzo de Ey: "Con respecto a la tesis principal de la obra - la identidad fundamental del pensamiento y la imaginación en los sueños y los desórdenes psíquicos y su explicación organodinámica -, creo que el lector atento e imparcial podrá afirmar por lo menos que se trata de una hipótesis de trabajo estimulante. Y aunque el lector escéptico pudiera reputarla como perteneciente en parte al dominio fabuloso de los sueños psiquiátricos (¿qué psiquiatra no sueña o trasueña poco o mucho?), es innegable su utilidad para precisar nuestro saber acerca de los linderos de la vida psíquica normal con la mórbida. En todo caso, pues, el esfuerzo que representa la obra del Dr. Ey es fructuoso y merece nuestro reconocimiento y nuestro aplauso". Y es que el punto de partida de Ey lo constituye su adhesión total a la tesis de Moreau de Tours: la identidad fundamental del pensamiento y la imaginación en los sueños y los desórdenes psíquicos y su explicación organodinámica.

Los antecedentes

Henri Ey reconoce su continuidad con las investigaciones de todos los autores que tratamos en la primera parte. Además entonces de los ya citados, Ey agrega otros autores contemporáneos: "desde la revolución operada por Freud, trabajos de psicopatología general numerosos y agrupados alrededor de la concepción bleuleriana de "Esquizofrenia" (Mayer-Gross, Berze, Grühle, Minkowski, Rorschach), no han tardado en redescubrir el problema de las relaciones del ensueño y las psicosis" (2, p. 40)

Ey sostiene que Bleuler, en su célebre tratado, conduce todo su análisis del pensamiento autístico de la spaltung y de la disociación esquizofrénica refiriéndose continuamente a la cuestión psicosis/ensueño. Y cita en sostén a sus afirmaciones a Bleuler que dice "A pesar de la génesis diferente y algunas particularidades, es posible que toda la sintomatología secundaria de la esquizofrenia concuerde con la del ensueño" (2, p. 40). Tal le parece la posición a sostener: "Que se trate de las ideas de Jackson, de Janet, de Moreau (de Tours), o de las que defiendo, todas son fundamentalmente las mismas, y su común medida es el espíritu órgano-dinamista que se define casi exclusivamente por esa referencia constante a la identidad del mecanismo del ensueñó y de la locura, on toda la gama de las estructuras psiquiátricas que acarrea" (2, p. 40-41).

La ambición de Ey es poder poner sobre un eje continuo a través de esta dialéctica de disoluciones de estructuras estratificadas, tal como le aparecen las relaciones ensueño/vigilia, toda la patología psiquiátrica. El principio jacksoniano en cuestión es el siguiente: la disolución de un nivel superior, libera el nivel inmediatamente inferior, "contenido" (en los dos sentidos de la palabra) por el nivel superior. La "estructura negativa" lo constituye la disolución del nivel superior y la "estructura positiva" la liberación de lo "contenido" en el nivel inferior y responsable de la sintomatología observable. Al igual que el modelo sueño/vigilia: el dormir es la disolución de la vigilia, estructura negativa, y el sueño la liberación del imaginario inconciente, estructura positiva, responsable de la producción onírica. Evidentemente, esto debe ser tomado como una reducción a fines explicativos, puesto que la dialéctica entre lo negativo y lo positivo en Ey es sumamente compleja.

LA ESTRUCTURA "FANTASMICA" DE LAS PSICONEUROSIS Y PSICOSIS

El fin que persigue Ey no es aislar un tipo de psicosis onírica, sino por un movimiento inverso, investigar la estructura onírica, "fantásmica", de todas las psicosis. "Es suficiente recordar que los "estados oníricos" son constantemente descritos en los trabajos de autores o en los diarios certificados del clínico, fuera de los estados estrictamente confuso-oníricos", dice Ey, quien, sin embargo, se excusa de presentar un cuadro más completo que profundo.

A - PSICOSIS AGUDAS

Esta es la categoría de trastornos mentales equivalente a lo que antiguamente se llamaba delirium, y que para Ey muestran la estructura onírica con mayor evidencia.

1. Confusión onírica

Aquí, Ey se servirá de las descripciones clásicas a las cuales ya hemos hecho referencia precedentemente: Lasègue, Chaslin, Régis.

A partir de la descripción de Magnan de los delirios alcohólicos, Ey resalta los siguientes aspectos:

a) La visualización de la actividad alucinatoria: "Es pro los ojos, delante de sus ojos, o bajo formas de visiones más o menos superpuestas al mundo exterior, o más o menos bien ajustados al campo objetivo que el ensueño es vivido" (2, p. 43).

b) La trama dramática: hay una especie de unidad de acción y de significación que organiza en peripecias en la conciencia onírica un acontecimiento o una serie de acontecimientos.

c) La fuerte carga emocional: lo más a menudo es la angustia, el terror, la pantofobia.

d) El deliro de los actos: el sujeto empeña su conducta en su ficción. Grita, habla o se defiende, se debate.

e) Los trastornos de la conciencia: el derrumbamiento del cuadro témporo-espacial, el obscurecimiento de la conciencia, la perplejidad, la falta de capacidad de síntesis, caracterizan la obnubilación de la conciencia onírica.

f) La amnesia consecutiva: total o parcial, global o fragmentaria, permanente o transitoria, el acceso onírico deja tras de sí más emociones que recuerdos.

En cuanto a los diagnósticos diferenciales, Ey propone tres (ensueño ordinario, fantasías y fabulaciones, autismo esquizofrénico), entre los cuales se encuentra sorprendentemente el autismo esquizofrénico, lo cual constituye mucho más una necesidad teórica, que una real dificultad clínica. Es esta resistencia que va a oponerle la esquizofrenia lo que obligará a Ey a modificar posteriormente en parte sus posiciones.

2. Estados oniroides, brotes o bouffées delirantes, estados crepusculares

Constituyen, junto a la esquizofenia, el mayor esfuerzo de trabajo y estudio clínico que haya realizado Ey. Las bouffées delirantes quizás le hayan retribuído mejor su esfuerzo, puesto que se adaptan más fácilmente a su esquema.

Ey incluye aquí los estados crepusculares o "segundos" histéricos, los estados hipnoides de Breuer y Freud, los state sognanti de Sancte de Sanctis, los estados interpretativos agudos de Sérieux y Capgras, las psicosis imaginativas agudas de Dupré y en particular los estados oniroides (die oneiroiden erlebnisformen) de Mayer-Gross, en quien Ey se apoya particularmente.

La conciencia oneiroide se caracteriza por una forma de conciencia imaginante más próxima, en ciertos aspectos, al estado hipnagógico que al pensamiento del sueño. Los contenidos de la conciencia se organizan en trama fuertemente significativa que queda adherente a la realidad todavía percibida o presentida. "La ósmosis de lo subjetivo y de lo objetivo no excluye completamente este último término", dice Ey. El sujeto se adapta aún a lo real de tal modo que el trastorno es más manifesto par la conciencia ajena que para la propia. El sujeto está perplejo, el mundo toma para él una significación trágica o cómica; cada objeto, cada personaje se viste con una ficción que lo metamorfosea: "Así se forma una red significativa que se "prende" alrededor de él y lo coge en sus mallas. Lo que en el onirismo total es vivido bajo la forma de espectáculo, de acontecimiento presente y directo, no es aquí sino inminente, encubierto y presentido […] De donde las impresiones constantes de enigma, de misterio, de artificio […] Una de los caracteres más típicos de esos estados oneiroides, es la organización posible y durable de los recuerdos del delirio; proque presentan un acontecimiento y un acontecimiento crucialmente cargado de emoción y de misterio" (2, p. 48).

Trancribimos aquí algunos extractos de la observación que presenta Ey de una enfermera de 31 años, observación que publicara en 1934, que súbitamente fue presa de los trastornos siguientes:

"Rápidamente aparece una inquietud creciente, que pronto confina con la ansiedad. Teme haber contraído la sífilis accidentalmente con una inyección, interpreta extravagantemente la actitud de sus colegas y del interno a ese respecto. Además un, día, intuye súbitamente que este último se ha enamorado de ella. Vivía -dice hablando de sus trastornos - en un ensueño. […] Sentía como la presencia real, es decir, que pensaba tener el poder de curar los enfermos de sífilis, tocándolos por el contacto sexual. […] Tenía fé en lo que me pasaba por el espíritu… la noche siguiente era penosa: un "olor de muerto" le incomoda que le recuerda el olor desprendido por el cuerpo de su padre fallecido […] tiene sensaciones sexuales anormales. Cree que va a morir […] piensa que va a recibir los estigmas […] Tiene la impresión de "vivir durante esta noche las últimas horas de la Pasión de N.S." A la madrugada se pone a escribir los textos de la Escritura. […] Piensa que le venían por intuición: le eran inspirados por el Espíritu Santo. […] Por la mañana va a misa, vacila y pide la extrema unción, comulga. "Siente entonces la presencia real, que la sentía vagamente desde hace algunos días". Sentía en sí una corriente de vida, como si en ella hubieran dos vidas, pero una vida mucho más intensa. […] Sin embargo me encontraba siempre ansiosa en extremo […] Se dirige entonces a la zona, a la dirección del desocupado encontrado la víspera, le había pedido visitar a los pobres que vivían en las barracas. Pero al llegar allí, es presa de un temblor, de un "miedo formidable" […] Aterrorizada, llama a la Policía de Socorro. Los Policías indagan sin resultado. El comisario llega al fin a calmar la inquietud. […] Desconcertada, vuelve a su servicio en el hospital […]. Nos dijo después hablando de ese período que duró cinco o seis días: "Hacía historias con todo. Me volvía a créer encinta. LAs luces de l calle me excitaban de una maner espantosa. Las chispas de los tranvías me parecia que eran rayos ultravioletas. El resplandor intermitente al paso de los tranvías me parecía que sancionaba lo que decía como si hubiera correspondencia. He vivido el fin del Mundo. Cría que había guerra. Me imaginaba que se podían casar como se quisiera, que mi hermana podía volver a casarse. Los pensamientos desfilaban. Un momento creí que estaba en un convento, que acontecimientos horrorosos iban a suceder. El estado de razón se presentó bruscamente". Semejante estado, a decir de la enferma, duró en total cuatro a cinco días. […] Mientras evoca estos hechos y critica su reciente acceso, L. conservaba a propósito de ciertos puntos una verdadera convicción delirante y uno podría preguntarse hasta qué punto no habría que temet del pasaje hacia un estado crónico de forma paranoide".

 

Ey considera que de acuerdo a la polaridad de la afectividad se puede separar los estados oneiroides en ansiosos y expensivos. Pero fundamentalmente, según la forma estructural afectada:

a) Síndrome oneiroide de despersonalización: de la conciencia brotan fantasmas que tienen por objeto y marco la realidad somática y psíquica.

b) Síndrome oneiroide interpretativo: la proyección delirante se opera en el mundo exterior y particularmente en el mundo social: "significaciones fulgurantes se infiltran en el mundo ajeno y lo animan […] El mundo está tendido hacia el sujeto como enigma, un embrollo, un jeroglífico que es preciso descifrar" (2, p. 50-51).

c) Síndromes oneiroides imaginativos: aquí la ficción se despliega, sea en el pasado, sea en el provenir, sea todavía en el espacio lejano. Son desvaríos (rêveries) "que brotan y se despliegan en una conciencia completamente cogida por los sortilegios de la imaginación, dando al sujeto la impresión de una fecunda e inagotable creación de formas" (p. 51).

Ey dice que lo que distingue los estados oneiroides de la conciencia propiamente onírica, es que el ensueño es vivido a través del ensoñador, guardando el sujeto cierto espesor, cierta opacidad, cierto peso.

3. Los estados "fantásmicos" de tipo maníaco-depresivo

Para Ey, se sitúan muy próximos a los estados oneiroides, especialmente en su forma expansiva o ansiosa. En la forma expansiva, "el juego, la fuga de ideas, la improvisación, la inspiración, la fabulación inconciente, crean un espejismo oneiroide, la bruma del mundo imaginario del maníaco. En las formas ansiosas o melancólicas, se trata "de una conciencia catastrófica, una "conciencia desgraciada, dividida como la de Hegel y de Kierkegaard. El drama del melancólico se organiza en la conciencia alterada del melancólico como la más auténtica "pesadilla"".

4. Las evoluciones típicas de las psicosis agudas

La estructura "fantásmica" de las psicosis depende del nivel de disolución que la caracteriza. Puede ser de tipo confuso-onírico, como de tipo oneiroide, ansioso o expansivo. "Mientras más brusca y profunda es la disolución, más se parece al sueño y más probable y completa es la restauración".

Todas comportan en su estructura eventual una disolución de la conciencia y por consiguiente su organización fantásmica, afirma Ey. "Es por lo que, son idénticas a la disolución hípnica y a su aspecto positivo, el ensueño, no son sus rasgos de similitud, lo que los hace parecer al ensueño del hombre que duerme, es el mecanismo mismo de su constitución y de su organización".

B - PSICOSIS A EVOLUCION CRONICA

Como Ey mismo lo dice, "el punto más delicado de las relaciones entre ensueño y psicosis es, en efecto, el de las relaciones de ensueño y las formas crónicas y lúcidas de la locura". Es a una dialéctica entre las psicosis agudas y los delirios crónicos que Ey se refiere. "La estructura fantásmica de esos estados agudos constituye una trama, no solo de acontecimientos actualmente vividos, sino que pueden sobrevivir a su formación, continuarse, integrarse a la biografía y al programa vital del delirante. El delirio de un momento podrá volverse el delirio de una existencia. Este es el punto capital de la psicopatología de los delirios". Veremos más tarde de qué modo Lacan abordó el mismo problema, en particular la dialéctica de los fenómenos elementales y de las estabilizaciones en las psicosis, punto que constituye aún hoy el punto capital de la cuestión.

1. Las psicosis delirantes crónicas

Ey se refiere entonces a autores clásicos - Chaslin, Delmas, Delasiauve - y se detiene un poco en Magnan y Sérieux, grandes pensadores del delirio crónico, para señalar una observación famosa, en la que el delirio alucinatorio había sucedido a una forma de onirismo. Luego vuelve a Moreau de Tours para señalarlo como el autor de la mejor descripción del mecanismo de elaboración secundaria de las experiencias delirantes primarias, "elaboración que borra el trazo de lo que esas "experiencias" han tenido de original, como para volatilizarlas en un "sistema" de acontecimientos que sin embargo, se ha constituído y no cesa de nutrirse" (2, p. 56).

En el caso de los delirios sistematizados (o paranoicos) Ey afirma que no son producidos por mecanismos actuales elementales y mórbidos, son el resultado psicológico y actual de experiencias delirantes pasadas o intermitentes: "Sérieux y Capgras habían señalado, con su intuición clínica tan segura, la importancia de esos estados subagudos, vecinos del ensueño en la edificación de semejantes sistemas delirantes. Toda la historia clínica del carácter "secundario" de esas construcciones delirantes, a partir de crisis matrices, de "momentos fecundos" (Lacan) de excitación o de ansiedad (infiltradas como lo hemos visto, de fantasmas oníricos) constituye una base empírica sólida para nuestra teoría" (2, p. 57). Y continúa diciendo "La estructura misma de esas psicosis revela al observador menos prevenido, desde que quiera profundizarla, un juego de fantasmas fijados, como un ensueño subyacente, pero actuando y tan integrado, que gobierna la existencia y constituye el centro de irradiación de la personalidad". Esta dialéctica continuidad/discontinuidad, constituye el punto clínico central de la Tesis de Lacan, con sus momentos fecundos, desencadenamientos, fenómenos elementales, estabilizaciones y curación (como lo postulaba en el caso de Aimée). El hecho que Ey cite a Lacan a ese respecto muestra hasta qué punto las elaboraciones de uno y otro se encuentran entrelazadas. Lacan en su tesis, se referirá más a Jaspers y a su noción de proceso, que a una dialéctica ensueño/vigilia, pero veremos que esta no está completamente ausente en sus propósitos.

Veamos a través de un caso qué quire decirnos Ey. Se trata de una de las cartas "tomada al azar", dice Ey entre centenares de semejantes, de una enferma "paranoide típica con erotomoanía y delirio de influencia que mezcla íntimamente su delirio y sus ensueños":

"Martes 16 de noviembre, a las 7 y media de la mañana, Señor Doctor - Hay que venir aquí, hermana 1, para ver quién nos roba la literatura francesa. ¡He aquí lo que acabo de decir mientras ella sirve el desayuno. No hay respuesta!, la hermana se contenta con coger las dos asas de la sopera de metal. ¡Qué noche reveladora! En el dormitorio, había dicho a Desirée (enfermera) que había tenido un mal sueñó. (Espera, contestó, irás a la celda, eso te hará bien); yo le respondo: ¿cree usted que voy a dejarme robar como siempre? He tenido un sueño con esnueños y sin embargo he descansado, porque la noche anterior no había dormido sino poco. Que os diga primero Sr. Doctor, que encuentro que Ud. no me defiende ni nadie. Encuentro en este momento que se me pisotea en un grado irrisorio y que usted no dice nada para reprimir esto - estoy casi sin valor y sin seguridad moral y pienso, sin embargo, que esta batalla con el hombre de la literatura francesa, que se ha revelado esta noche es signo del fin. He aquí mis sueños: El más importante, es que he visto al Sr. F. (un hombre con quién había tenido un furtivo idilio), el hombre de letras que conozco y del cual le he hablado, me parecía escarnecido, ridiculizado; tocaba piano y se le mostraba como un pingajo. En la sala, anoche, la Srta. L. (otra enferma) se entretenía en jugar al piano sobre la mesa y esta mujer que predica tenía tanto placer en llevar sus manos sobre sus rodillas una y otra vez […] ¡Ah! en este momento qué combate entre las gentes de mala vida y las gentes honestas en la literatura y decir que vemos idiotas, viciosos, locos, que están allí adentro para chapotear la pureza, con las almas tan desprendidas, qué desorden, que mezcla infecta. […] La guerra espiritual termina de todos modos con el caos de esta noche que en este momento se desprende. Estoy esperando la hora de la visita; son casi las nueve y espero que la campana anuncie que Ud. al fin va a poner orden y me va a llamar a la confianza".

Todas las cartas remitidas cada día dan cuenta de la íntima elaboración onírica del delirio: todo lo que es vivdo en el día lo es a través de los fantasmas de la vida onírica, dice Ey.

En lo que respecta a los delirios parafrénicos, Ey resalta el hecho que la escuela francesa sea la sola a continuar la distinción de Kraepelin y se lamenta que hayan sido englutidos por la esquizofrenia bleuleriana. El deliro parafrénico le parece un sueño que ha sobrevivido a su condición primera y se enriquece sin cesar de toda la potencia del pensamiento vigil: "Su riqueza, su lirismo, sus intuiciones desconcertantes, su fantástica suprarrealidad la asemejan a un trabajo de expansión noética de ensueño, pero soldada por su base a las experiencias delirantes vividas, de las cuales brota" (2, p. 60).

En el Etude N° 8 (3, p. 227) Ey ilustra con una viñeta clínica sus propósitos, que no resistimos a transciribir. Extrae de los casi 10 kg de escritos producidos por esta paciente el relato siguiente:

""En un país en el cual las calles son muy estrechas et en el cual las carnicerías están azulejadas, los pisos con azulejos rojos, las paredes con azulejos blancos, yo fui cortada viva, cualquiera de mis Creaciones son cortadas o quemadas y siento su suplicio. Son mis vidas, mis corrientes de vidas. Es noche y día sin cesar. De mis vientres enormes bloques de Terreno fueron retirados, que fueron nombrados Islas Británicas y Londres para hacer de ellos neumáticos de autos. Era fácil hacer saltar barcos llenos de cobre y hierro viejo en buenos océanos". He aquí la carta del día en que escribimos este texto: "Tengo una noticia que anunciarle. Me he visto en un rincón de mar y estábamos nosotros dos con el Dr. Lacan, vuestro amigo, y estábamos los dos en forma de pulpo, teníamos nuestros cuerpos de pulpo cubiertos de nuestras fotografías; de golpe ví aparecer Jean Timothée (su Padre) y cortar casi completamente la extremidad de una de las membranas del pulpo representando ese Doctor. Sentí el dolor al mismo tiempo puesto que mi metal pasaba al interior. He visto también al interior de mis órganos un cuerpo midiendo cerca de seis o siete centímetros de Metal precioso viviente…"".

"Esta humilde bretona se ha vuelto un sueño viviente", sentencia Ey; "Y como notas principales de esta extraña sinfonía del mundo, los complejos mayores - el de la castración y el Edipo - ataques brutales de la vida, se lanzan en torbellinos o se expanden en la mágica eflorescencia del Delirio".

2. Las psicosis esquizofrénicas

Ey señala que lo que acaba de afirmar de los delirios crónicos, vale en la esquizofrenia, que se distingue de los precedentes por su evolución hacia la disgregación psíquica. Luego recuerda la particularida de los estados catatónicos en los cuales la estructura onírica le parece evidente. "Es naturalmente en los estados agudos, brotes esquizofrénicos, estados crepusculares que el Demente precoz se desliza lo más cerca del sueño y del ensueño. Pero la disociación, la discordancia de sus funciones psíquicas produce una eflorescencia constante de desvaríos (rêveries)" (2, p. 64). Para Ey el comportamiento o la disgregación de estos enfermos estan llenos de ensueño, de fabulación, de fantasmas, de imágenes y de modo de pensamiento onírico.

Ey presenta una paciente catatónica seguida desde hace quince años por su servicio, al cesar un período de catatonía:

"Me siento mejor… Mi cerebro está mejor. Soñaba cuando estaba enferma. Soñaba con el Ejército de salvación. Me parecía que Ud. era un falso Doctor. Ahora es mejor. Pero esto me vuelve cuando me adormezco, me pasa como cuando estaba enferma, pero entonces soñaba despierta. Veía muchas imágenes de personas que no conocía, que me figuraba conocer. Todas las personas de la sala tenían expresiones de personas de mi familia… Recuerdo todo esto… Pero cuando pienso en ello tiene tendencia a volver. Esto me produce miedo, sobre todo por la tarde. Creía que mi abuela, que ha muerto, vivía. Me parecía que había resuscitado. Cuando sentía el gusto del chocolate, creía que no debía comerlo porque creía que era el olor del chocolate que había comido en casa de ella. Estaba segura que esto era verdad. Era una mezcla de cosas de ensueño y de cosas que me acordaba. Creía que mi vecina era mi abuela y que le hacía daño comiendo […] Todo el tiempo estaba en una ensoñación que no me reposaba como en un semi-sueño". (2, p. 62).

3. Las demencias

Ey prosigue su análisis de toda la patología psiquiátrica en el eje continuo que le brinda la problemática ensueño/psicosis, incluyendo en un nivel más profundo de desestructuración las demencias.

En estas formas de regresión continua y profunda de la vida mental, el trastorno negativo domina, dice Ey. "La sombra del sueño se extiende aún más sobre un ensueño progresivamente reducido a no ser más que un simple margen, una estrecha banda fantásmica". Sin embargo, esta "parte subsistente" no falta casi nunca, aún en los estado de estupor y de inconciencia más "demenciales": los falsos recuerdos, la fabulación, las ideas delirantes absurdas, las conductas extravagantes o desordenadas testimonian regularmente del trabajo positivo, del delirio subjacente al estado crepuscular de la "conciencia demencial".

C - LAS PSICONEUROSIS

Ey reconoce la gran dificultad a integrar las neurosis en su esquema, que no le parece insalvable con la condición de represntarse las estructuras neuróticas como radicalmente diferente de las psicosis. Pero al mismo tiempo, dice, se debe tener en cuenta también la profunda unidad entre las neurosis y las psicosis: las psiconeurosis reprsentan la forma más elevada de estas disoluciones.

1. La histeria

Los estados crepusculares catalépticos o segundos de la neurosis histérica, el onirismo histérico, los estados hipnoides "hechos observados por Richet, Janet, Charcot, Sollier, Freud y Breuer" le hacen pensar al problema del cual nos ocupamos. La hipnosis, las personalidades múltiples de Azam, etc., lo confortan en su tesis de identidad del mecanismo de la histeria y del sueño.

2. La neurosis obsesiva

El núcleo de la lucha obsesiva, le parece a Ey un sueño, pero un sueño reprimido, que no llega a expresarse. El mecanismo de la proyección onírica y de la simbolización es el mismo. El mecanismo neurótico de la obsesión le parece más complejo, menos directo que el de la psicosis y la histeria. Supone dimensiones psíquicas, una complejidad, una superposición de estructuras a planos que pertenecen a la conciencia normal o "casi normal", lo que le hace pensar que esta forma de neurosis es la más próxima de la actividad normal.

INCONCIENTE E IMAGINARIO

A fin de faciltar una mejor aprehensión de la problemática que elabora Ey, es indispensable aportar ciertas aclaraciones sobre el uso personal de ciertos conceptos. En 1948, la oposición que guía la reflexión de Ey es el inconciente definido como el núcleo imaginario, "normalmente" reprimido, y la conciencia o" facultad razonante", que "controla" al primero. La conciencia le parece la operación por la cual "tomo posesión de mí-mismo y del mundo, y que regula mis reacciones con el mundo, contra una parte de mí-mismo".

Ey asimila entonces el inconciente a lo imaginario. "En mí, dice Ey, en el seno de mi ser, yace, y vive un núcleo ardiente, el mundo de las imágenes. Imágenes no simplemente reflejo de las cosas vistas, sino espejos de lo que he vivido, formas virtuales de loque quiero ser y vivir, chispas de mis deseos, formas en donde se recuerda pero también se dibuja mi "ser en el mundo", en donde se concentran mis pulsiones instintivas […]. Es un pasado, el de mi infancia […] un futuro sin otra ley que la de la potencia de mi intención […] Es por él que se establecen los contactos estéticos, esta comunicación irracional […] Esta "sombra", esta producción germinativa, esta "sedimentación activa de mi vida psíquica, esta implicación necesaria de mis actos de conciencia, este automatismo que bulle en mí, es el Inconciente, el inconciente bajo su triple aspecto: implicación subyecente de la vida psíquica no completamente comprometida en el acto presente - núcleo imaginario - núcleo lírico de la humanidad".

DE LA CONCIENCIA AL SER CONCIENTE

Entre 1948 y 1966 tienen lugar los Coloquios de Bonneval, en donde Ey se confronta a las tesis de Lacan, y también a las de otros autores, y que se oponen con argumentos diferentes a las tesis organodinámicas. Ello producirá modificaciones incontestables en su pensamiento. Pero su apego a las tesis de Moreau de Tours se verán resueltas en una voltereta teórica digna de la aufhebung hegeliana que tanto apreciaba citar. Ey modifica un tanto sus puntos de vista, pero conserva lo esencial. Y la forma teórica que le permite ese ejercicio, no es otra que la contradicción, es decir unión de contrarios. Ey sostiene en 1966 un Informe en el IV Congreso Mundial de Psiquiatría en Madrid en el cual resume, según sus propósitos, 30 años de investigaciones sobre el tema. Es este texto que será publicado en 1970 n L'Evolution Psychiatrique, y más recientemente por Palem.

Allí se percibe el cambio de dirección: "El ensueño yace en el fondo del sueño como en el fondo de la existencia. Representa la locura virtual en todos los hombres […] [Pero] al mismo tiempo que hace eclosión la evidencia de una profunda identidad entre el sueño y los hechos psicopatológicos aparace otra, la de una diferencia radical. De tal modo que la comparación del sueño y de la locura implican necesariamente las tesis contradictorias de su identidad y de su diferencia" (4, p. 148).

Lo que oscurece la comprhensión de estas relaciones, para Ey, es el uso confuso que puede darse de términos como "conciencia" o "inconciente". En lo que respecta al primero, Ey afirma: "[La conciencia] no puede más ser limitada luego de esta reducción fenomenológica al campo de la conciencia, a la cual se la asimila generalmente (y como lo hiciera yo mismo en mis trabajos hasta esta fecha)" (4, p. 149).

La estructura imaginaria: el denominador común

Partiendo de este nueva posición, Ey reelabora sus tesis. Es la estructura iùaginaria que le parece el núcleo de identidad entre el fenómeno del ensueño y la locura. Dicha estructura imaginaria constituye lo propio de la vida de relación humana. Dicha estructura es una estructura temporal: la capacidad de retener su experiencia (memoria) y de utilizarla en el presente en vista de una acción futura, lo que implica la organización de un modelo representativo del mundo, de una actividad que sea el medio virtual que se interpone entre el mundo de las pulsions con los recuerdos del sujeto, según Ey, y el mundo exterior.

Lo imaginario le aparece como la esfera de la representación y del pensamiento. No es simplemente una actividad puramente poética o abstracta, pero debe considerarsela como movida por el movimiento interno de las pulsiones, "inspiradas por las fuerzas vivas de lo irracional que el hombre mythicus contiene en las profundidades de él mismo". A Ey no se le escapa la proximidad de este punto de vista con el de Jung: ese imaginario "que nos hace comunicar entre nosotros y con la naturaleza al nivel de los arquetipos (Jung), que son como las chispas que brillan en la profundidad abisal de nuestra humanidad común".

Ey presenta entonces su ternario, que mantiene relaciones de paronimia con el de Lacan: "Digamos entonces que el denominador común de todos estos fenómenos de la vida de relación, es la problemática del imaginario y lo real en tanto que está asegurada por la organización misma del ser conciente" (4, p. 151).

Diferencia entre el ensueño y la enfermedad mental: la desorganización

Lo que ya no le parece más compatible son "las formas y estructuras que constituyen las modalidaes específicas de las relaciones de lo imaginario y lo real, o más generalmente de lo inconciente y el ser conciente" (4, p. 151). Para Ey, la "caída en lo imaginario", o la "subordinación" a lo inconciente, depende de la desorganizaión del ser conciente, del mismo modo que el dominio de lo imaginario y la dirección de la existencia le parecen depender de la structuración del ser conciente. Dicha desorganización va a constituir la estructura negativa, y original para cada tipo de estructura patológica, ""hecho primordial" de las relaciones del ensueño y la locura.

El ser conciente

"La intuición fundamental que establece una relación entre la producción del ensueño durante el sueño y la formación de síntomas de las enfermedades mentales, apunta esencialmente a la disolución del campo de la conciencia que se llama estado de inconciencia". Ey afirma entonces que sólo una sólida posición doctrinal a propósito del ser conciente puede evitarnos de perdernos en un laberinto de aspectos parciales y contradicciones.

Su hipótesis ontológica, constituye el hecho que el ser psíquico le parece un ser organizado: "Digamos que la vida de relación está incorporada en un organismo psíquico. Este organismo tiene, como todo ser viviente, una finalidad, la de subordinar la proyección de las pulsiones y las exigencias del deseo y del placer (líbido) al sistema de la realidad, sirviéndose de ese medio referencial que contiene el imaginario en tanto que constituye la esfera de la representación a la vez de las pulsions y del medio exterior". El ser conciente del hombre aparece entonces como "el medio específicamente humano en el cual el sujeto construye su mundo en relacion con los otros, incorporándose el lenguaje y las leyes de la comunidad de la cual forma parte" (4, p. 157).

De ese punto de vista, la psiquiatría le parece llevar a cabo, además de su finalidad principal - la terapéutica-, una tarea filosófica: a través del estudio clínico de las enfermedades mentales consideradas por hipótesis como manifestaciones de una profunda alteración del ser conciente, revelar las estructuras del mismo; la estructura natural de este organismo. De esa forma, la clínica psiquiátrica le parece descubrir dos etsruturas del ser conciente.

La estructura actual o sincrónica del ser conciente (el campo de la conciencia)

El campo de la conciencia es la estructura de simultaneidad que forma a cada momento de nuestra existencia la experiencia actual. Es generalmente, dice Ey, a esta forma de conciencia que se piensa cuando se habla de "conciencia". Este campo es entonces una tajada de duración (durée)2; "y es en este sentido que he podido decir [que este campo] es al tiempo lo que el cuerpo es al espacio" (4, p. 158). Es esta estructura formal que se derrumba durante el sueño, y su desaparición le parece a Ey la demostración de su realidad, constituída precisamente pro lo que se llama "vigilancia", reduciéndosela así de modo simplista a una simple "función".

El campo de la conciencia no es, sin embargo, un simple estado de vigilancia, ni se encuentra sometido a una ley de todo o nada: implica para Ey una organización arquitectónica de sus infraestructuras, que nos son reveladas justamente por las psicosis agudas. Así, le aparecen como un movimiento análogo a la disolución sueño/ensueño. Sobre el plano cínico, no introduce grandes cambios: un continuo va desde la más profunda disolución, los estados confuso-oníricos, pasando por las experiencias cerpusculares y oneiroides delirantes, hasta los estados maníaco-depresivos.

Dichas desestructuraciones del campo de la conciencia, descubren la jerarquía de su estructuración, que implica para los primeros, la abertura al mundo, luego el orden del espacio vivido (estados crepusculares y oneiroides), y finalemente, el orden del movimiento contenido en la dirección del presente (crisis de manía y de melancolía).

La estructura transactual, diacrónica del ser conciente. El sistema del Ego

Ligada, en cierta forma, a la primera, constituyen así dos categorías del ser conciente: tener conciencia de algo y ser conciente de ser alguien. De tal modo que la totalidad del ser conciente no se reduce, de toda evidencia, a la facultad de el sujeto de constituir un campo de actualidad, sino que implica también una estructura transactual del ser conciente que se construye como la estructura histórica y personal. El conjunto de enfermedades mentales llamadas crónicas, dice Ey, se caracterizan por la desorganización de esta estructura transcendental del ser conciente, que llama Yo.

Este estructura implica una dialéctica diferente de lo conciente y lo inconciente: la problemática del Yo y del Otro que él contiene. "El ser conciente aparece aquí en la forma misma del Ego como ese alguien que el sujeto debe, según la expresión famos de Freud, devenir, como el sujeto que se conforma a la ley de su existencia en tanto que alguien que debe afirmarse en su identidad y su unidad contra el otro que ha sido, o que en la profundidad de sí mismo se opo,e a lo que debe advenir" (4, p. 161).

La patología va a revelar, según Ey, diferentes niveles: las demencias a un nivel profundo, las esquizofrenias y los delirios crónicos aun nivel medio, y las neurosis a un nivel superior.

La articulación entre estas dos modalidades

Es imposible separar - si no es por efecto de un artifico, continúa Ey - el ser conciente en tanto que es capaz de tener una experiencia y en tanto que es capaz de ser alguien, que a través de experiencias sucesivas, dirige su existencia.

"El empirismo psicológico, el sensacionismo (sensationnisme) y, en ciertos aspectos el behaviourismo o la reflexología […] han puesto en evidencia desde hace tiempo que la constitución de la experiencia es una condición de la construcción del Yo. Este se desarrolla, e, efecto, por la integración de los sucesos de su existencia. Es decir que las relaciones del ser conciente en tanto qeu es capaz de tener la experiencia de algo, y el ser conciente en tanto que es un Yo que es alguien, son relaciones de inmanencia a trascendencia. No pueden concebirse una subordinación constitucional del Yo al campo de la experiencia o como una subordinación funcional de la experiencia a la dirección del Ego" (4, p. 162).

Ey deduce dos hechos primordiales para la psicopatología: "El primero, que la descomposición del campo de la conciencia puede alterar el sistema de la personalidad directamente (como ocurre masivamente durante el sueño y en el curso de psicosis agudas) o solamente indirectamente en las psicosis crónicas (como ocurre en las poussées o por efecto de los trastornos primarios de la esquizofrenia, por ejemplo). El segundo es que la desorganización del ser conciente en tanto que persona es relativamente independiente de la desestructuración del campo de la conciencia".

Consecuencias clínicas

En lo que respecta a las psicosis agudas, si ciertos aspectos oníricios u oniroides se acompañan de un estado de semi-sueño de la conciencia, otrosniveles más elevados aparecen en una relación más indirecta con el sueño y solamente en un halo crepuscular o de perturbación del campo de la conciencia en el nivel de su equilibrio tímico, que también forma parte de su composición.

En lo que hace a las psicosis crónicas, ocurren a menudo en este tipo de "enfermedades de la personalidad", desestructuraciones del campo de la conciencia. Así, los signos primarios descirptos en la esquizofrenia (Bleuler, Berze, C. Schneider, Mayer-Gross, Binswanger, Wyrsch, etc.), se aproximan, para Ey, a la desestructuración del campo de la conciencia. Un segundo aspecto, le parece la frecuencia de episodios agudos, de poussées, de crisis, en el curso de todas estas enfermedades, como si la desestructuracioñ cíclica o intermitente alterara por sus experiencias patológicas a la personalidad. Un tercer aspecto, es el potencial patógeno de las experiencias vividas en las fases de desestructuración del campo de la conciencia en lo que concerne a la fijación o el desarrollo del delirio.

Entonces, ¿Delirio y sueño son la misma cosa?

"Si, - dice Ey, como lo señalaba justamente Moreau de Tours - si comprendemos por ello que se trata de una producción imaginaria que manifesta elinconciente del soñador como el del delirante; o aún si entendemos por ello que el deliro como el sueño son el efecto de una desorganización del ser conciente.

No, si entendemos por ello que todos los delirios están ligados a una desestructuración del campo de la conciencia idéntica a la del fenómeno sueño/ensueño, o si escuchamos decir que el delirio no consituye otra cosa que una anomalía del sueño mismo" (4, p. 179).

Por ello se confirmaría la originalidad de la experiencia delirante primaria, que constituye, en efecto, el hecho primordial del delirio. Puesto que dicha estructura negativa primordial "es su condición propiamente somática y material". La estructura negativa de la descomposición psicopatológica, adhiere a la diversidad misma del ser conciente y no se reduce entonces a su disolución máxima.

En conclusión

Lo que Ey llama "una sólida posición doctrinal", constituye en efecto su punto de partida. Es también su límite. Sus posiciones filosóficas, lo llevaron a defender las tesis del humanismo europeo. Dicha posición doctrinal constituye también el instrumento de su lectura clínica. La conciencia, más tarde el ser conciente, finalmente el cuerpo psíquico - su último concepto sobre la cuestión -, son los puntos de los cuales parte y a los cuales llega este kantiano convencido. Dicha conciencia, constituye entonces, su punto máximo de distancia con su amigo Lacan. En 1970, éste le contesta: "Uno de mis mejores amigos, muy cercano a mí, por supuesto en la psiquiatría, [ha dado] el mejor toque [al] discurso de la síntesis, discurso de la conciencia que controla. […] Es a él a quién le respondía en ciertos propósitos que tuve hace bastante tiempo sobre la causalidad psíquica […] ¿Cómo podría aprehenderse toda esta actividad psíquica de otra forma que como un sueño?" (5).

Nos detendremos en la tercera parte sobre las posiciones de Lacan con respecto a esta controversia.

BIBLIOGRAFIA

1) Encyclopédie Philosophique Universelle, Les Notions Philosophiques, Presses Universitaires de France, 1990.

2) Ey (H.), Ensueño y Psicosis, Editora Médica Peruana, Lima, 1948.

3) Ey, (H.), Le rêve, "fait primordial" de la psychopathologie, in Etudes Psychiatriques, Tome I, 1948, Desclée de Brouwer.

4) Ey, (H.), "La dissolution de la conscience dans le sommeil et le rêve et ses rapports avec la psychopathologie", in Palem (R. M.), Henri Ey et les Congrès mondiaux de psychiatrie, Trabucaire, 2000.

5) Lacan (J.), Le Séminaire Livre XVII, L'envers de la psychanalyse, Editions du Seuil, 1991, pp. 79-80.

Notas

1 Recordemos que el servicio de Henri Ey se encontraba en el Hospital Psiquiátrico de Bonneval, en una vieja abadía benedictina reconvertida, y que al igual que en otras partes del mundo occidental, durante mucho tiempo eran monjas quienes oficiaban de enfermeras. (Para quienes se interesen, dicho hospital bautizado hoy CHS Henri Ey, posee hoy un sitio internet con informaciones históricas: http://www.ch-henriey.fr/histoire/histoire.htm).

2 Recordemos el apego de Ey a las tesis de Bergson, de quién proviene el concepto de durée, que podemos traducir por duración: En un primer sentido, duración, ha sido concebido como la longitud de una vida humana. "Una tradición filosófica constante, de Plotin a Bergson, y mas allá, insiste en el carácter fundamental de la duración, concebida como un desarrollo psíquico continuo (no necesariamente limitado), con relación al del tiempo, concebido como la medida de duraciones simultáneas" (Encyclopédie)

 


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