
Seminario
Nociones de la Psiquiatría
Francesa
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Dictado por : Eduardo T. Mahieu
Clase 9
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El empuje-a-la-mujer de Jacques Lacan
INTRODUCCION
Desde hace mucho tiempo, diversos autores habían notado la frecuencia y la importancia de la temática sexual en la psicosis.
Magnan, en sus célebres Leçons cliniques, observaba "Las alucinaciones del sentido (sens) genital no son raras, sobre todo en la mujer, pero los hombres no está exentos; ellos se quejan bastante a menudo de prácticas de sodomía, de onanismo, a las cuales sus enemigos se libran a su costa, ya sea el día o la noche" (1).
Kraepelin mencionaba a propósito de las ideas delirantes en la Dementia Praecox: "Un lugar muy importante en el cuadro clínico de la demencia precoz, ocupan, según mi punto de vista, los delirios sexuales, muy a menudo en relación con les sensaciones sexuales precedentemente descriptas" (2).
Bleuler señalaba que "entre las alucinaciones corporales de los esquizoférnicos, la sexuales son, de lejos, las más frecuentes" (3). Nota aún que "cuando una esquizofrénica tiene una idea delirante, es raro que el contenido sexual esté ausente " (4).
Weber, uno de los expertos que examinó a Schreber, había notado que "lo esencial de su misión redentora va a residir primero que nada en la realización de su transformación en mujer"(5).
Para Henri Ey, las automutilaciones y las castraciones constituyen comportamientos impulsivos de lo más caractéristicos de las esquizofrnias (6). Además afirmaba: "Las representaciones, los mitos, ideas delirantes y alucinatorias se basan, la mayor parte del tiempo, en temas sexuales: erotización de los objetos y de las situaciones, "simbolismo" sexual de las producciones artísticas, sexualización de todos los contactos, del languaje, del pensamiento, descripciones de acoplamientos monstruosos extendiéndose a todo el universo, a los astros, a las estaciones", etc.(7).
Podríamos continuar la lista con otros autores Sobre todo queremos contrastar el peso de las plumas citadas con el hecho que en el DSM-IV no se hace ninguna mención a la temática sexual en los delirios. Es pura y simplemente inexistente.
A partir del análisis que hace Freud del Caso Schreber, y su formulación "la paranoia como una defensa contra la homosexualidad", la cuestión de la sexualidad en la psicosis no ha dejado de ser sujeto a numerosas consideraciones psicoanalíticas, que tratan de determinar la estructura de tales fenómenos.
Así lo precisa Freud cuando aborda el fantasma "pegan a un niño": "Ser golpeado, en el fantasma masculino - para llamarlo brevemente y de una manera que no preste a confusión - es también ser amado en el sentido genital del término. [...] La fórmula originaria del fantasma inconciente no es "ser golpeado por el padre", como lo habíamos establecido provisoriamente al principio, sino soy amado por el padre. [...] El fantasma de fustigación del niño es entonces, desde el principio un fantasma pasivo, nacido efectivamente de la posición femenina con relación al padre" (8). De dicho fantasma Freud decía que "No me sorprendería si llegamos algún día a demostrar que este mismo fantasma se encuentra a la base del delirio querulante de los paranoicos"(9). Freud lo transforma en la cuestión central de la paranoia y más tarde de las psicosis.
Sesenta años más tarde, Lacan resume su posición en una fórmula extremadamente densa: "Podría aquí, a desarrollar la inscripción que hice por una función hiperbólica, de la psicosis de Schreber, demostrar allí en lo que tiene de sardónico el efecto del empuje-a-la-mujer que se especifica del primer cuantificador: habiendo bien precisado que es de la irrupción de Un-padre como sinrazón, que se precipita aquí el efecto resentido de forzaje, al campo de un Otro a pensarse como en todo sentido extranjero " (10). Dicha frase constituye el único testimonio explícito del "empuje-a-la-mujer" (sabemos hoy gracias a un descubrimiento que Pierre Bruno (95) atribuye a Claude Duprat, que la expresión proviene de Antonin Artaud: "El ser no comienza por el alma; él se hace por la forma de un cuerpo principio que animo poco a poco y empuja hasta la mujer", en Antonin Artaud, uvres Complètes, Gallimard, Tome XXI, page 219).
Eric Laurent afirma a ese propósito "... el "empuje-a-la-mujer" no es en Lacan una estructura fenomenológica, sino un concepto. Se aplica tanto a los sujetos hombres como a los sujetos mujeres" (11). El empuje-a-la-mujer es entonces una estructura lógica, que tiene relación con la pulsión. "La pulsión tiene algo del orden del empuje, y es cierto que ese empuje-a-la-mujer es la nueva forma de la pulsión que emana del funcionamiento de las psicosis, articulada con una estructura lógica que es precisamente la de La mujer que falta a todos los hombres", dice E. Laurent (12).
Podemos entonces profundizar la cuestión a través de dos ejes, uno sincrónico, el de la pulsión, el del goce, el de una estructura lógica, La mujer, en relación con la forclusión del Nombre-del-padre. El otro eje, diacrónico, lo constituye el trabajo delirante, el trayecto imaginario, los diferentes momentos fenomenológicos descriptos por Freud, Lacan e identificables en las obras clásicas de la psiquiatría.
I - LOS ASPECTOS SINCRONICOS -
EL COMPLEJO DE EDIPO Y LA LOGICA FORMAL
Asumiendo el riesgo de ser un poco arduos, creemos necesario precisar bien los conceptos que presiden al hallazgo clínico que constituye el empuje-a-la-mujer. El empuje-a-la-mujer tiene como antecedentes las elaboraciones freudianas en lo que respecta a la posición femenina en el edipo. Es con este concepto que Freud aborda el caso del Presidente Schreber, y que Lacan, cuando prosigue la investigación freudiana, hace sus primeros comentarios de Schreber. Trataremos de seguir el hilo conductor que lleva de la posición femenina al empuje-a-la-mujer.
1. FEMINIDAD Y POSICION FEMENINA, EL EDIPO NEGATIVO, LA ACTITUD PASIVA.
Con la oposición activo/pasivo, como correlato de masculino/femenino de la cual se vale "para nombrar, para recubrir, para metaforizar lo que queda de insondable en la diferencia sexual" (13), Freud aborda la "bisexualidad" infantil, y distingue, en relación al Edipo cuya referencia central es el Padre, una posición femenina (llamada también actitud pasiva), y una posición activa o masculina. Para señalar ambas posiciones, Freud se sirve de la noción de Edipo negativo: "El complejo de Edipo en su forma más completa, compleja, que es doble, positivo y negativo, bajo la dependencia de la bisexualidad originaria del niño: el varón no solamente tiene una posición ambivalente hacia el padre, sino que también se comporta hacia él al mismo tiempo como una niña manifestando la posición femenina tierna hacia el padre" (14).
Como vimos cuando comentamos "Pegan a un niño", tierno debe también ser entendido en su sentido genital. "Las fantasías masoquistas, continúa Freud, [...] ponen a la persona en una situación característica de la feminidad, significando entonces ser-castrado, ser-penetrado, o dar-a-luz" (16).
P. Naveau nos recuerda entonces la disimetría entre el Edipo del niño y el de la niña: "Mientras que la salida del Edipo se ve provocada en el niño por la angustia de castración [...], en la niña, la entrada en el Edipo tiene como causa el deseo de castración, el Wunsch de la niña se opone al Angst del niño. La niña se ve empujada por el Wunsch, y el niño detenido por el Angst" (17).
Otros aspectos de la diferencia de posiciones nos es dada de una forma muy concisa por J. D. Nasio en su texto sobre el concepto de castración (18).
2. POSICION FEMENINA Y PSICOSIS
Es con los conceptos que Freud extrae del Edipo negativo, y en particular del caso Schreber, que aborda los fenómenos clínicos de las psicosis: posición pasiva, deseo de castration, posición masoquista, deseo de ser penetrado por el padre, como ya lo habíamos notado a propósito del texto "Pegan a un niño". Dicho artículo es escrito en 1919, es decir luego de su análisis del presidente Schreber en 1911, y de Introducción al Narcisismo en 1914. Es esencialmente el análisis del delirio de transformación en mujer de Schreber quien lo pone en esa dirección. Freud nota en el caso Schreber, "la naturaleza primaria del fantasma de emasculación, y de su independencia, al comienzo, de la idea de redención. [...] La idea de una transformación en mujer era el rasgo marcante, el primer germen del sistema delirante" (19).
Pero la identificación de la posición femenina no alcanza, como nos lo hace saber Freud: "Hemos tratado hasta aquí del complejo paterno que domina el caso Schreber y del fantasma dominante de deseo patógeno. No hay allí nada de característico de la paranoia, nada que no se pueda encontrar en otros casos de simple neurosis y que, en efecto, no encontremos. El rasgo distintivo de la paranoia (o de la demencia paranoide) debe ser buscado en otro lado: en la forma particular que revisten los síntomas, y de esta forma conviene hacer responsables no los complejos, sino el mecanismo que forma los síntomas, o el de la represión [refoulement]" (20).
3. EL GOCE: GOCE DEL UNO Y OTRO GOCE
Un segundo grupo de nociones que nos acerca a la comprehensión del empuje-a-la-mujer es el del goce.
"Todas las necesidades del ser hablante están contaminadas por el hecho de verse implicadas en otra satisfactión - subrayen estas tres palabras". Así Lacan introduce a la cuestión del goce en el Seminario Aún (21) "La otra satisfacción, deben entenderlo, es lo que se satisface en el inconciente [...] ... el goce del cual depende esta otra satisfacción, [es] el que se soporta del lenguaje". Para Maleval, el goce "se deduce de lo que orienta al sujeto en la existencia. Reside en una tensión que lleva hacia la satisfacción de la pulsión " (22).
"La experiencia psicoanalítica, dice Eric Laurent, testimonia de que hay dos especies de goce que vienen al sujeto, y dos solamente pueden calificar al sexo. Primero, la del órgano masculino, marcado por el Uno: "l'aile du désir toujours trop tôt retombe". Luego, más familiar de las mujeres, un goce que siempre ha aparecido más difuso, menos localizado en el órgano, y por eso mismo sometido a la recaída, susceptible de ser múltiple, envolviente para el sujeto. Si seguimos Lacan, Freud quiere decir que hay un goce fálico común a los dos sexos y un representante de éste común a los dos sexos en un órgano simulacro. Queda un Otro goce, más allá del órgano, que no se acomoda de la alienación del símbolo" (23).
Tenemos entonces un goce que rige los intercambios entre los dos sexos, quien de acuerdo al "falocentrismo del inconciente" es llamado fálico, cuyo significante amo es el falo, pero en tanto que él es el significante que recubre la castración, castración que debe ser definida como sacrificio de goce, según el mito de la Horda Primitiva.
Y luego hay otro goce, "un goce [ ] del cuerpo, que está [ ] más allá del falo [ ]. Hay un goce de ella, de esta que no existe y que no significa nada. Hay un goce de ella y del cual ella misma no sabe nada quizás, sino que lo experimenta - eso ella lo sabe [ ] Pequeñas consideraciones sobre sobre el goce clitoridiano y sobre el goce que llamamos como podemos, el otro, justamente, el que estoy tratando de acerles abordar por la vía de la lógica, porque hasta nuevaa orden, no hay otra" (24). Lacan no se olvida de recordar que es el mismo goce que experimentan los místicos: "A pesar de, no diría su falo, a pesar de lo que les estorba a ese título, entreven, experimentan la idea que debe haber un goce que esté más alllá" (25).
A este goce, se lo llama suplementario en relación con el goce fálico.
4. EL GOCE PSICOTICO
En su texto sobre la lógica del delirio, Maleval resalta, una vez más, la oposición entre goce fálico y el goce del Otro a propósito de los fenómenos llamados "deslocalización del goce", producidos por el desencadenamiento de la psicosis: "El goce del Otro no está regulada por la Ley del significante, de modo tal que encuentra su satisfacción en objetos no separados del sujeto. En términos freudianos, se trata de un goce pregenital, es decir que no se encuentra sometida al primacía del falo. Se muestra loco, enigmático, centrado en el cuerpo del sujeto y en sus órganos [ ] La forclusión del Nombre-del-Padre implica la ausencia de un límite al goce, instaurado por la pérdida de un objeto primordial; de modo tal que el sujeto psicotizado1 se encuentra invadido por el goce del Otro, su cuerpo se vuelve entonces sede de fenómenos diversos, agradables o penosos, voluptuosos o angustiantes" (26).
5. LAS FORMULAS DE LA SEXUACION, LACAN Y LA LOGICA FORMAL, LA MUJER NO EXISTE.
Lacan va a utilizar la lógica proposicional para formalizar el mito de la horda primitiva. En primer lugar, afirma en oposición aAristóteles que el Universal no se sostiene más que de una excepción que lo niega: "La excepción no confirma la regla, como decimos fácilmente, ella la exige, es ella quien es ee verdadero principio" (27). Es una forma de dar un justificativo lógico al mito freudiano del Padre de la horda primitiva. Este es el Uno que no obedece a la ley de castración, cuyo asesinato por los hijos instaura justamente, y al mismo tiempo funda la humanidad "civilizada", es decir el conjunto de todos-los-hombres sometidos a la ley de prohibición del incesto.
Ello se escribe:
Y se lee, el al-menos-uno para quien la función de castración (symbolizada por F) no funciona. Debemos comprender aquí "castración" como sacrificio de goce. De ahora en adelante, el goce ilimitado está prohibido por la ley de prohibición del incesto, introducida por el asesinato del "al-menos-uno", la excepción, el Padre de la horda primitiva. No existe la figura simétrica correspondiente del lado mujer, une "Madre Primitiva": "La Mujer no existe".
Y ello se escribe:
Freud evocaba la universalidad de la fase fálica y estipulaba que no existía más que una sola líbido: masculina. Ello encontraba su justificación en la preponderancia atribuída al padre en el Edipo y en particular en el mito de la Horda primitiva. El pivote de la castración, de ser aquí entendida por el término función fálica.
Lacan justificaba esta primacía del Padre en el Edipo, y ello desde su artículo "Los complejos familiares " del modo siguiente: "He tomado a menudo posición contra el modo dudoso por el que Freud interpretaba sociológicamente el descubrimiento capital para el espíritu humano que le debemos. Yo pienso que el complejo de Edipo no apareció con el origen del hombre (si no es absolutamente insensato de intentar escribir la historia), sino en el lindero de la historia, de la historia "histórica", en el límite de las culturas "etnográficas". Evidentemente, no puede aparecer más que en la forma patrircal de la institución familiar" (28).
R. Graves recuerda que la Europa neolítica, antes de la llegada de los invasores arios, poseía concepciones religiosas remarcablemente coherentes fundadas sobre el culto de la Diosa-Madre de nombres diversos, que se conocía tanto en Siria como en Libia: "La Europa antigua no tenía dioses. La Grand Diosa esra considerada como inmortal, inmutable y todopoderosa; el concepto de filiación por el padre no había penetrado el pensmiento religioso. Ella tenía amantes pero únicamente por el placer y no para tener hijos con un padre. Los hombres en el sistema matriarcal, temían y adoraban la Madre suprema y le obedecían. El atrio en la caverna o en la choza era el más antiguo centro de la sociedad y el primer misterio era el de la madre " (29).
Luego, a propósito del mito pelasgo de la Creación Graves dice: "En el sistema religioso arcaico, no había ni dioses ni curas, sino solamente una diosa universal y sus sacerdotisas, la mujer dominaba al hombre quien era su víctima temerosa. No se honraba al padre puesto que se atribuía la concepción al viento, a la ingestión de habichuelas o a un insecto tragado accidentalmente; la herencia pasaba por la línea materna" (30).
F. Engels, una de las referencias de Lacan en su artículo "Los complejos familiares ", recuerda que en la época del matriarcado, "mientras existe el casamiento por grupo, la descendencia no puede ser probada más que del lado materno, y sólo la filiación femenina es reconocida" (31). Con la evolución de la familia introducida por la ganadería, en los pueblos semíticos y arios de la India, "el casamiento apariado [introduce] en la familia un elemento nuevo. Al lado de la verdadera madre, se situaba el verdadero padre, el padre atestado [...]. Así, a medida que las riquezas aumentaban [gracias a la ganadería], por un lado daban en la familia una situación más importante al hombre que a la mujer [...]. Esta revolución - una de las más radicales que haya conocido la humanidad - [decidió] que en el futuro los descendientes de los miembros masculinos quedarían en la gens, y que los descendientes de miembros femeninos serían excluídos y pasarían a la gens de su padre. Así la filiación a través de la línea femenina y el derecho de herencia materno fueron abolidos, la línea de filiación paterna y el derecho de herenciaa paterna fue establecido" (32).
Este excurso a través de la historia y los mitos nos sirve para recordar que por más escandalosa que fuera en su época el enunciado lacaniano "La mujer no existe", no iba sin fundamentos. La Mujer sería la existencia que esperaríamos simétricamente a la del Padre. Esta existencia aseguraría la consistencia de un universal de mujeres, fijaría los límites y el contorno. La Mujer no existirá, de ahora en más, más que en la psicosis. Como dice E. Laurent retomando Lacan, es en "la psicosis [que] él precisa que allí, y solamente allí, La mujer existe" (33)
6. FIGURAS DE LA MUJER
Tratemos de mostrar algunas de las diferentes figuras de la "mitología delirante" de La Mujer, sin evidentemente pretender al catálogo.
Maleval señala que "Comprendemos que a partir de entonces Lacan pueda sostener que "La mujer [ ] es otro nombre de Dios". El acento puesto en el empuje-a-la-mujer en el psicótico está correlacionado a su abordaje como "sujeto del goce". Cuando la función paterna se encuentra simbolizada, sirve de muralla al rechazo de La Mujer: el Padre no es más que una apariencia, afirma Lacan, que "ex-sistiría en el lugar vacío en donde pongo La mujer". Cuando la máscara paterna falta surgen figuras de goce ilimitado de las cuales La mujer constituye la más evidente" (34).
Lacan notaba bien esta ubicuidad entre Dios y La Mujer: "Es en el lugar, opaco, del goce del Otro, de este ontro en tanto que podría serlo, si existiese, La mujer, que está situada este Ser supremo, mítico manifestamente en Aristóteles, esta esfera inmóvil de la cual proceden todos los movimientos, cualesquiera que fuesen, cambios, generaciones, movimientos, translaciones, aumentos, etc." (35).
"Paradoja, disen los Lefort, esta Mujer-Toda no es falófora, como el Padre primitivo, como lo resalta Schreber de su Dios; no está provisto de atributos masculinos.
La Mujer-Toda entonces, es significante, pero que hace real.
[...] Este Otro sincrético tiene finalmente todos los órganos sexuales, internos y externos, sin diferencia de sexo, en la perspectiva del Uno unificador, reuniendo así en él los dos sexos.
Es lo que resume Schreber diciendo que su pene se retracta en el interior para encontrar los órganos femeninos - de dónde una noción de coito sobre sí mismo; tiene los dos sexos como la Mujer-Toda" (36).
""Ser la mujer que falta a todos los hombres" es una solución psicótica puest que se plantea en términos universales: se trata de ser el Otro del Otro. Es la solución que consiste, no habiendo encontrado un representante en el sistema simbólico, a transformarse en su substancia" (37).
Podemos así rápidamente pasar en revista algunas de las diferentes figuras de La Mujer: Dios, el Otro gozador, el Otro del Otro, La Mujer de las mujeres, etc., todas figuras que puedan tratar de encarnar este lugar de excepción que pudiera fundar un universal del lado de las mujeres.
II - EL EMPUJE-A-LA-MUJER Y LAS ESTRUCTURAS CLINICAS DE LA PSICOSIS - LA DIACRONIA - LA FENOMENOLOGIA
1. EL EMPUJE-A-LA-MUJER , TRAYECTO IMAGINARIO
En el Seminario sobre Las Psicosis, cuyo sujeto principal lo constituye el comentario de la Memorias de Schreber, Lacan se interroga: "La cuestión se plantea de saber si nos encontramos ante un mecanismo propiamente psicótico que sería imaginario y que iría de la primera entrevisión de una identificación y de una captura en la imagen femenina, hasta la expansión de un sistema del mundo en el cual el sujeto está completamente absorbido en su imaginación de identificación femenina" (38).
De este modo se ve planteado lo esencial del problema que nos interesa aquí, es decir los efectos imaginarios del empuje-a-la-mujer en la psicosis: el trayecto que conduce del primer fantasma schreberiano, a la construcción de un sistema global, una Weltanschaaung, en el cual el sujeto ocupa el lugar central. Este trayecto manifesta de una cierta relación al goce, que no es el mismo según que el sujeto ocupe una posición esquizofrénica, paranoica o parafrénica.
Este trayecto del delirio schreberiano ya había sido bien señalado desde el comienzo. El Dr. Weber, uno de los psiquiatras peritos que examinaron a Schreber, había notado que ""lo esencial de su misión redentora va a residir antes que nada en la realización de su transformación en mujer" (39).
Esta trayectoria imaginaria no le escapaba a Freud cuando comparaba su caso con el del pintor Haintzmann: "El señor Presidente del Senado recibió hacia sus cincuenta años, la firme convicción que Dios - el cual tiene por orto lado rasgos manifestos de su padre, el respetable médico que fue el Dr. Schreber - había tomado la resolución de emascularlo, de utilizarlo como mujer y de hacer nacer de él humanos de espíritu schreberiano. [...] Es la rebelión contra esta injusticia divina, que le parecía muy injusta y "contraria al orden del mundo", que lo volvió enfermo [...]. El presidente del Senado Schreber encontró la curación cuando se resolvió a abandonar su resistencia a la castración y a plegarse al rol femenino que Dios le había reservado" (40).
De este modo Freud marcaba las diferentes posiciones subjetivas de Schreber con respecto al complejo de Edipo, la castración y la feminización, resaltando el salto dialéctico del Angst de la posición masculina, al Wunsch de la posición femenina.
2. SCHREBER, MAGNAN, FREUD Y LACAN
Schreber se encuentra al origen del concepto de empuje-a-la-mujer. Pero, se pregunta G. Morel: ¿"la cuestión es saber en qué medida este caso es paradigmático de la psicosis" (41)? Y es aquí que encuentra su interés la introducción del delirio crónico a evolución sistematizada de Magnan (aquellos a quienes los aspectos históricos le interesen, pueden consultar la breve reseña biográfica de Magnan en Vidas y Obras, en Psiconet), cuya evolución se ve marcada por cuatro períodos: período de incubación (marcado por la inquietud), período interpretativo (interpretaciones y alucinaciones forman el sócalo de la persecución), período megalomaníaco (las ideas de grandeza aportan una cierta estabilidad al sujeto), y período de demencia (terminación lógica para este psiquiatra embebido en la teoría de la dégénérescence de su Maestro Morel), puesto que para la mayoría de las escuelas psiquiátricas francesas, el caso del Presidente Schreber no corresponde a la Paranoia, tal como la comprendemos después de Kraepelin.
Freud utilizaba el diagnóstico de "Paranoïa" en su significación amplia, pre-kraepeliniana, como lo muestra bien el subtítulo de su artículo sobre Schreber, en donde pone entre paréntesis el diagnóstico de "Dementia paranoïdes". P. Bercherie (42) analiza bien los avatares kraepelinianos de esta categoría, que en el período en el cual Freud escribe su artículo (6ta édición del tratado de Kraepelin) no forma parte de la paranoia.
Henri Ey, por ejemplo, en el Traité des Hallucinations, dice a este respecto: "Para nosotros, que consideramos que los Delirios crónicos son un género del cual Paranoia, Esquizofrenia y Prafrenia son especies e inclusive fases del desarrollo de la psicosis supra, no nos preocupamos en considerar el caso Schreber como el caso de un delirio que ha alcanzado un estadio de parafrenia megalomaníaca después de una fase de sistematización paranoica" (43). Habría que agragar aún, que el período de deterioración que conoció Scxhreber antes de morir, consituía para Ey la "desagregación esquizofrénica" terminal de todo proceso psicótico.
Esta cuestión diagnóstica no se le escapaba a Lacan quien en una nota de pie de página de su Tesis notaba: "Observemos que este caso, según la clasificación kraepeliniana, debe ser ubicado en las parafrenias" (44). Y más tarde, en el Seminario sobre Las Psicosis vuelve a decir "Schreber nota al comienzo de uno de sus capítulos, con mucho humor - Dicen que soy un paranoico. En efecto, estamos aún en la época, bastante mal despejada de la primera clasificación kraepeliniana para calificarlo de paranoico, mientras que sus síntomas van mucho más lejos. Pero cuando Freud lo llama parafrénico, va más lejos aún, puesto que parafrenia es el nombre que Freud propone para la demencia precoz, la esquizofrenia de Bleuler" (45). Las Parafrenias aparecen como claramente separadas de la esquizofrenia y la paranoia en la 8va edición del Tratado de Kraepelin, en 1913.
Maleval, apoyándose en Magnan y otros autores (Lévi-Valensi, Régis), introniza el caso Schreber, como el ejemplo paradigmático de una parafrenia sistematizada, habiendo atravesado "todas las fases de la lógica delirante para "significantizar el goce". Esta evolución del delirio de Schreber se ve bien resaltada por Lacan, cuando dice que es en la clínica de Sonnenstein, que "su delirio va a pasar por toda una serie de fases de las cuales nos da una relación extremadamente segura, pareciera, y extraordinariamente compuesta, escrita en los últimos meses de su internación" (46).
Esquizofrenia, paranoia, parafrenia, diagósticos a los cuales habría que agregar la melancolía que ha sido evocada a propósito de ciertos episodios del deliro de Schreber, bastan para hacer de su caso un paradigma para las psicosis.
3. LA LOGICA DELIRANTE
El plan, el esquema, el modelo de esta evolutividad del trabajo delirante lo constituye para Maleval el Delirio crónico de evolución sistemática de Magnan. Maleval, basándose en une "fenomenología del goce" y el trabajo del sujeto para "significantizarla", de acuerdo a la expresión que le atribuye a C. Soler, elabora una "escala de delirios", expresión que pertenece a Lacan: "el delirante, afirma Lacan el 11 de enero de 1956, a medida que sube la escala de los delirios, extá de más en más seguro de cosas planteadas como cada vez más irreales" (47). Esta escala es cuadripartita, como las fases de la entidad de Magnan: "Si Po connota la carencia paterna, dice Maleval, P1 evoca lo paranoide, P2 lo paranoico y P3 lo parafrénico. Aunque estos cuadros psiquiátricos estén fuertemente relacionados con las fases del delirio, no se corresponden exactamente" (48); "Las transformaciones del delirio no se efectúan por franqueo de un período al otro, la imbricación de aquellos contiguos es de regla, mientras que la coexistencia de elementos pertenecientes a muchos de entre ellos se observa algunas veces. Las etapas decriptas [...] constituyen organizaciones inestables, deben ser retenidas principalmente por el esquema de lógica evolutiva que permiten de extraer" (49). Esta "escala de los delirios" es propicia a clarificar la lógica del empuje-a-la-mujer.
4. PO, PERIODO DE INCUBACION, FEMINIZACION INCIPIENTE DE SCHREBER, COMIENZO DE LA ESQUIZOFRENIA.
Para Schreber, y por ende para el empuje-a-la-mujer, podemos situar este momento lógico en octubre de 1893, luego de haber padecido un primer ""desmoronamiento nervioso", paroxismo de angustia, tentativa de suicidio e invasión de preocupaciones hipocondríacas. A esta perplejidad inicial, sigue el establecimiento de un enigma que lo sitúa ya en la pendiente feminizante de la psicosis:: "Un día, sin embargo, una mañana, aún en la cama (no sé más si dormía a medias o si ya estaba despierto), tuve una sensación, que cuando pensé nuevamente ya completamente despierto, me perturbó de un modo extraño. Era la idea que debe ser una cosa singularmente bella de ser una mujer que está siendo copulada" (50).
Existen fuertes concordancias con los primeros momentos del período de Incubación del Delirio descripto por Magnan: "En esta época, podrían ser tomados por hipondríacos. Poco a poco les parece que se les observa, que se los mira con el rabo del ojo, que se los desdeña y que se los desprecia, dudan, vacilan, flotant en el medio de ideas variadas, aceptadas al principio, rechazadas luego, admitidias poco a poco y dando lugar finalmente a interpretaciones delirantes" (51).
Como dice F. Gorog, "Lacan centró su esfuerzo de aislamiento de este mecanismo formador en el cual Freud recomendaba buscar el rasgo distintivo, y aisló entonces la forclusión entre las diferentes formas de rechazo, siguiendo literalmente el consejo de Freud. Igualmente centró su esfuerzo sobre las relaciones con el padre de la castración en la Metáfora paterna con su rol de la producción de F cuya ausencia conducira al empuje-a-la-mujer" (52). Este primer momento del delirio se llama Po. Para Maleval "el agujero en el imaginario, la perplejidad, la autonomización del significante, la actitud interrogativa, el enigma, todos esos fenómenos constituyen una consecuencia directa de la carencia de la significación fálica" (53). Dos fenómenos clínicos, intimamente asociados, constituyen los hechos prevalentes en eset momento: la deslocalización del goce y el establecimiento de un enigma.
Una de las consecuencias de esta mobilización del significante, lo constituye el fenómeno llamado "muerte del sujeto", aislado por Lacan gracias a las indicaciones precisas de Schreber. La ausencia de significación fálica, para Sol Aparicio "se hace sentir "en ese desorden provocado en la juntura más intima del sentimiento de la vida misma" que termina en los fantasmas de fin del mundo y a esta muerte subjetiva (p. ej. el asesinato del alma schreberiano) que, la clínica nos lo muestra, torna tan poco soportable al psicótico la continuidad de su existencia" (54).
Maleval señala que "Es al falo a quien le corresponde la función de operar esa juntura entre significantes del Otro y goce del sujeto para darle a éste el sentimiento de vida. [...] "El abrochaje de la significación del sujeto bajo la significación fálica, nota Jacques-Alain Miller, podemos admitir que sea la condición para que el sujeto ilusoriamente tenga el sentimiento de estar vivo, y tal como Lacan lo retoma en Schreber, esta muerte del sujeto traduce el momento en el cual el sujeto se ve cortado de su significación fálica" (55).
Este "intervalo", según la expresión de Lacan, se sitúa entre el desencadenamiento de la psicosis en 1893 y la "solución" del conflicto dos años después. "El intervalo en cuestión, dice E. Théodoridis, la muerte del sujeto tiene una cierta duración. Se trata de un tiempo lógico y decisivo para la construcción de la metáfora delirante, una especie de punto cero a partir del cual una construcción se vuelve posible" (56).
Le caso Robert presentado por Sven Follin (57) y al cual hiciéramos referencia hace algún tiempo, ilustra claramente este momento. Luego de una enfermedad seria e invalidante de su padre, Robert, entonces de 31 años, desencadena su psicosis: "Mamá, no me reconozco más, no existo más, me alimento pero mi cuerpo no existe más" y amenza con suicidarse lo que provoca su hospitalización. Follin señala que el cuadro de admisión no es evidente de esquizofrenia, sino que evoca más vale una depresión psicoasténica con preocupaciones hipondríacas: "Es un sujeto inquieto, perplejo, que busca la expresión exacta del dolor moral que resiente [ ]. Se queja de trastornos digestivos, de falta de apetito, de coonstipación. [ ] Tiene el sentimiento confuso que no existe más". Más tarde, Robert va a expresar su vivencia del modo siguiente: "En el momento de la crisis, me sentí volverme mujer, luego toda individualidad desapareció completamente de mí, y al interior del pecho, un golpe en el estómago, mis intestinos se torcían, y demonios se apoderaban de mí completamente, y sin embargo no quiero, no quiero, nunca quise volverme un ser semejante [...]. Tengo miedo y desconfianza de los otros, no distingo más el sentido de las palabras y tengo un miedo atroz, sintiéndome disminuir cada día, que una crisis más fuerte me aniquile [ ] Todos mis sentimientos están muertos, pienso que de un momento a otro voy a transformarme en un invertido o sino morir. Haga algon para que no sea un fantoche librado al poder de los otros. Aísleme, se lo ruego".
Henri Ey decía del destino del esquizofrénico que era "una suerte de "fin del mundo', una "manera-de no-ser-más-en-el-mundo", limitar y de asignar un término a la existencia", y para él, el autismo era el enquistamiento y la esclerosis del "secado, el desfallecimiento del ser psíquico"" (58). Recordaba, por otro lado, que el delirio de los esquizofrénicos "es un delirio sin progreso discursivo, un delirio que no marcha, que permanece estereotipado y cristalizado en fragmentos separados" (59), poniendo así el acento en la no-discursividad del delirio esquizofrénico. La continuación de la observación de Follin, va a mostrar esta construcción autística extendiéndose durante cerca de treinta añós, y Robert terminará su vida entre el hospital y su domicilio, replegado del mundo.
5. P1, PERIODO DE INQUIETUD, MUERTE DEL SUJETO EN SCHREBER, DELIRIO PARANOIDE ESQUIZOFRENICO.
Los fenómenos que Schreber va a mostrar durante este período, que se extiende hasta 1895, constituyen elementos clínicos observables en el delirio paranoide de la esquizofrenia. En particular esa relación al goce característicon que E. Laurent hace sentir en un comentario de las definicones de Lacan en L'Etourdit: "Comparando ambas definiciones, el retorno del goce en el Otro calificando la paranoia, y el retorno del goce en el cuerpo que completa, obtenemos una distribución de las experiencias enigmáticas del goce en la paranoia y en la esquizofrenia" (60).
Rayos, voluptuosidades, desrealizaciones, poluciones nocturnas , para dialectizar este enigma que constituye este goce en el cuerpo, que lo feminiza y que le da "el sentimiento de tener que resolver una de las más graves dificultades que jamás hayan sido planteadas a un ser humano" (61), Schreber va a intentar diferentes versiones de un delirio que podemos fácilemente calificar de paranoide.
En el cuadro de Magnan, nos econtramos todavía en el período de Inquietud: "dudan, vacilan, flotan en el medio de ideas variadas, rechazadas luego". Magnan ilustra este período con el caso de un enfermo que se decía "temporalizado", neologismo con el cual significaba su feminización: "Su novia se había deslizado en su cuerpo por un orificio de la región temporal, sobreponiendo sus órganos a los suyos, los ojos a los ojos, la nariz a la nariz, el ombligo al ombligo, etc., y como se encontraba en un servicio de hombres, esta doble personalidad, hombre y mujer, lo ponía en una situación embarazosa. Al levantarse y al acostarse, se apresuraba, con el pudor de una jovencita, de sacarse la camisa y acostarse; adoptaba en el servicio una actitud especial: se cruzaba de piernas todo el tiempo para proteger su virginidad" (62).
"El enigma que se encuentra al origen del delirio persiste en P1, dice Maleval, puesto que este período se caracteriza por una enorme mobilización del significante, que se esfuerza por resolverlo sin lograrlo aún. [...] En lo que respecta a P1 el síndrome más característico parece ser el delirio paranoide" (63).
Schneider S., Harrison S. et Siegel B. (64), reportan un caso de feminización psicótica propicio a ilustrar nuestros propósitos. Se trata de un sujeto, dicen los autores, que ha experimentado "cambios cíclicos de la sexualidad", que culminaron en su autocastración. Este caso ilustra bien de qué modo el esquizofrénico no se defiende de lo real con el lenguaje, sino, entre otras cosas, con el paso al acto automutilatorio. "En la perspectiva esquizofrénica, dice Miller, la palabra no es el asesinato de la cosa, es la cosa. [...] Para el paranoico, la palabra no es suficientemente el asesinato de la Cosa, puesto que a la ocasión necesita golpear la cosa, el kakon, en el Otro" (65). Aquí, el esquizofrénico golpea la cosa, que es su propio cuerpo: confusión entre l órgano y el significante. Como lo señala Maleval, "Para escapar a la angustia inherente a Po, que vuelve esta posición sumamente inestable, varias estrategias son posibles. Una de ellas orienta el sujeto hacia el paso al acto sacrificial" (66).
De la historia del paciente, los autores del artículo dicen que el paciente, tan lejos como pueda recordarselo, se sintió siempre "mal" en su rol de varón. Presenta una criptorquidia bilateral diagnosticada a la edad de 6 meses. A la edad de 10 añós, a la ocasión de un control sanitario en la escuela, le es indicada una circunsición, pero los padres no seguirán el consejo. Los primeros momentos de goce desbocado, de delirio de transformación corporal, son reportado a la edad de 16 añós: el paciente piensa que su pecho aumenta de tamaño. Ninguna otra cosa ocuurre en apariencia y el sujeto efectúa su servicio militar normalmente a la edad de 20 años. Un exámen físico es efctuado y ninguna anomalía constatada, siempre según los autores del artículo quienes no cesarán de buscar el origen orgánico de los decires del paciente, compartiendo en parte el delirio del paciente.
El paciente dice haber apreciado el servicio militar, e intentó prolongarlo tano como pudo. Luego, regresa a su casa a los 22 añós y trabaja en el negocio de sus padres. Algunos meses después, sufre una intervención quirúrgica por una herida en su tobillo. A continuación de la intervención ortopédica, a l cual se interesó mucho de acuerdo a los cirujanos, comienza a notar que la distribución adiposa de su cuerpo estaba cambiando: las caderas se volvían más redondas y su nalgas más femeninas. 6 meses después, una segunda intervención quirúrgica, una apendicectomía, es efctuada de urgencia, y el sujeto recuerda haberse interesado por el "apéndice rojo y sangrante".
Estas intervenciones sobre su cuerpo desencadenan una feminización creciente. El enfermo piensa que ssu pecho se vuelve protuberante, que su voz aumenta de varias octavas, que no debe afitarse más,y que las formas femeninas de su cuerpo en general están más marcadas.
El proceso de feminización se prolonga hasta la edad de 20 añós. Súbitamente, sin razón aparente, nota una "remasculinización". Ello lo inquieta y decide consultar un cierto número de libros de medicina y de endocrinología para entender lo que pasa en su cuerpo. Se siente cada vez más inquieto a medida que el proceso continúa. Siente este período de remasculinización como "una prueba". Este período dura alrededor de 8 meses y luego el proceso de feminización rcomienza, sin razón igualmente, lo que lo tranquiliza. Se saca fotos en las cuales oculta su pene entre sus piernas. Piensa que puede pasar convincentemente por una mujer.
La "refeminización" continúa hasta los 28 años, cuando siente un nuevo período de masculinización. Progresivamente, el paciente siente que no podría soportar otro "ciclo" y decide de sacarse los testículos él mismo. Con hojitas de afeitar en el baño, procede a la automutilación. Es llevado al hospital para evitar el desangrado. Luego de esta automutilación, sigue un período de feminización, pero es rápidamente reemplazado por una nueva fase de remasculinización. Menos de un añó después, hace una tentativa de emasculación apretando a la base de su pene con un lazo de goma. 48 hs. después, se presenta de sí mismo en las urgencias de urología y pide ser visto por un médico. Luego de un tratamiento quirúrgico que le permite de salvar su pene, es enviado en el servicio de psiquiatría.
Durante su hospitalización, los autores no remarcan ninguna particularidad, más que una forma extraña de caminar, con la pelvis hacia adelante. Se muestra ansioso y se dice "engañado" de estar en el hospital. Se dice manipulado, se siente espiado, testeado en sus reacciones. Para los autores, aparte la ansiedad, el paciente no manifesta ni alucinaciones ni conductas extrañas. Estos fenómenos van a atenuarse a lo largo de la hospitalización. El paciente trata de convencer sus médicos de la "necesidad" de transformarse en mujer. Reivindica su estatuto de hermafrodita y reclama una "solución final", puesto que no está seguro de saber si es hombre o mujer después de su automutilación. Los autores remarcan que más que parecerse a una mujer, desea hacer desaparecer todo signo de masculinidad. La hospitalización terminará de forma abrupta, cuando la madre del paciente lo hace dar de alta. Seis meses después, el equipo de urología es contactado por correo por un urólogo que les comunica que el paciente efectuó semanas después de su alta una emasculación, esta vez exitosa.
6. P2, FASE INTERPRETATIVA, DELIRIO DE PERSECUCION PARANOICO, ENTMANNUNG Y VERSÖHNUNG EN SCHREBER.
"Para quien ha asumido la ley de castración, el goce se encuentra localizado en un objeto perdido representado por el significante fálico. Para el sujeto psicotizado (psychosé), en Po y P1, se encuentra disperso en su cuerpo, en las alucinaciones, en inuiciones inciertas. No ocurre lo mismo si alcanza a elaborrar una sistematización paranoica, cracterizada por Lacan como identificando el goce en el lugar del Otro" (67). Se trata entonces de un primer vuelco de las relaciones entre el sujeto y el goce: del goce del cuerpo al goce del Otro.
Magnan llama a este período Fase Interpretativa: "Lo vago desaparece poco a poco: a la duda, sucede la certitud y, fortificados por todas esas pruebas, sus convicciones se tornan inquebrantables. En este estado de espíritu, el paciente, siempre en alerta, espía, escucha, sorprende en una conversación una frase que él se atribuye; es la interpretación delirante; o se encuentra herido por tal palabra insignificante pero cuyo sonido presenta alguna analogía con un insulto grosero que confunde con este; es la ilusión. Luego la idea constante de una persecución, la tensión incesante de la inteligencia, terminan por despertar el signo representativo del pensamiento, la imagen tonal, es decir la palabra; la alucinación se produce. La barrera se ve entonces franqueada y el enfermo entra entonces en el segundo período, el de las alucinaciones, de los trastornos de la sensibilidad general y del delirio de persecución" (68).
La localización del goce en el Otro caracteriza a la Paranoia. Hemos elegido casos clínicos de sujetos femeninos para mostrar que la lógica del empuje-a-la-mujer es idéntico en hombres y mujeres. Los primeros esbozos de feminización psicótica en una mujer pueden verse ocultos por el hecho de que se trata justamente de sujetos de sexo femenino. El carácter psicótico se ve marcado, sin embargo, por el aspecto intrusivo, persecutorio, encarnado en un Otro del goce del cual el sujeto no acepta la iniciativa. Así lo testimonian los ejemplos siguientes de Magnan:
"Obs. VIII.- Jeanne Lec... [...] En sus predicaciones en la iglesia, hace diez años, el cura hacía alusiones a su persona y la empujaba a librársele; daba a entender que era una linda mujer, bien conservada y que la recibiría con gusto en su casa. Ella protesta asegurando la regularidad de su conducta; nunca tuvo relaciones, dice, ni con él ni con otros" (69).
"Obs. X - Sra. Cor... [...] Le introducen en el cuerpo máquinas largas como las tripas, alambres, una cabeza envenenada ha penetrado en su cabeza, un cuerpo de mujer se ha introducido en su propio cuerpo, se endurece, se infla, hace jorobas algunas veces. Ella se ha dado martillazos en el vientre para reventar esta inoportuna visitante. Algunas veces pretendía que la persona que se introducia en su cuerpo se substituía a ella y ocupaba su lugar en las relaciones con su marido. [...] Algunas veces las relaciones con su marido son muy dolorosas; otras veces tiene acercamientos sexuales con un individuo que ella siente, pero que no ve; permanece sentada en su silla y experimenta las mismas sensaciones voluptuosas" (70).
"Obs. XI - Sra. H.... [...] Pretende que en la calle, gente que ella no conoce, le dicen injurias [...] "¿No lo escuchas? Dicen que me conduzco mal, me llaman Venus, Eva , me embarran [...] Cuenta por un lado que la martirizan porque es poderosa por la gracia de Dios; Dios la ha hecho emperadora de la Santa Cruz; hace milagros para ella, todos los obstáculos desaparecen, ella libera todo a su paso. Por otro lado, pretende que debería ser ella quien mande en los asuntos del Estado " (71).
Sérieux y Capgras (72) también aportan una observación de feminización psicótica en una mujer."Obs. VI. - Sra X [ ] cuenta que en su infancia ha sido expuesta a los más grandes peligros, pero Dios la ha protegido "Estos terribles sufrimientos parecían, dice, prepararme a los combates incesantes que luego me ha tocado librar". A los trece añós se ve sometida a "sufrimientos físicos, intelectuales y morales". Más tarde , se aprovechan de una adenitis inguinal para "torturarla" [...]. Se la acusa de vicios contra natura puesto que padece un herpes. Es víctima de "indelicadezas múltiples de las cuales se sirven para desflorar su virginidad". Cuando su tío la besa con demasiada efusión, cree que tiene la intenció de abusar de ella durante el sueño y se encierra haciendo una barricada en su cuarto. Cree que llama la atención de todos los hombres".
El caso de Marthe, paciente de D. Lagache (73), está más detallado. Se trata de una mujer de 31 añós, traida al hospital a causa de celos mórbidos y actos delirantes. El delirio se desencadena a la ocasión del tercer embarazo de la paciente, algunos meses depués de haber padecido un aborto natural. A su paso "hacen reflexiones, dejan entender que el niño que ella espera no es de su marido; [ ] la directora de un dispensario dice de ella que tiene buenos modales, pero alguien le responde: "No desde el punto de vista de su conducta". En resumen, se cree acusda precisamente del adulterio que ella le reprocha a su marido". Dos añós después, "el delirio toma cuerpo esencialmente en sus sueñós, de los cuales Marthe raporta visiones, y "pedazos de frase, palabras fugaces" que busca a completar, interpretar, asociar [ ] El mardio se vuelve el principal perseguidor. [ ] Aprovechando de su sueñó, se libra a abusos sexuales sobre ella: tiene la impresión que le saca algo que lleva a su boca. Así la "vacía" y la priva de un "don" que le da a su amante. [ ] Durante la noche los fenómenos de dominio retoman: electricidad, golpes en el costado". Una tarde, algo le dijo de ir a buscar a un cura. Ella se dirige a un abad que le habla de exorcismo. Se siente apaciguada, tranquila, a tal punto que ha conocido pocos días semejantes en la vida.
Una voz le dice de "efectuar su deber de esposa". Se siente a la vez atraída y repugnada por su marido. Tiene el deseo de guardarse pura para otra cosa. Progresivamente se muestra agitada, queriendo golpear a su mardio en los órganos genitales. Es en esas condiciones que la hospitalizan. Lagache constata que está enamorada del abad. En sus sueños percibe propósitos según los cuales ella sería reina, "la estrella". Tiene el alma de la Santa Virgen, pero le han retirado una parte. "Si un valor de pecado se liga a sus relaciones con su marido, un valor virtuoso se corresponde a las relaciones que tendrá con el Abad de C., y solamente con él. Durante la noche, ella tandría relaciones sexuales con él, sentiría un goce que no conocido jamás con su marido. Después de una relación sexual, el Abad de C. tendrá el don de la vida, es decir una actitud eminente a hacer el bien".
En una carta dirigida a Lagache, dice: "Puedo decir hoy, sin orgullo, sin fanfarronería, que he sido un instrumento de la causa divina, bajo una fuerza espiritual superior a la mía. [...] Según mis sueñós [...] cuando haya dado la vida, pdré curar, iluminar, aliviar las almas vivientes, aliviar los difuntos [...]. Ayúdeme, señor Lagache, a encontrar mi Luz y a terminar la obra que Dios espera de mí".
En una carta a su hija, afirma: "Cuando la hayas leído con detenimiento, entenderás que el acto que he realizado en Saint Pierre de Montmartre el 8 o el 10 de agosto. Poseyendo el alma de la Santa Virgen, santa en la tierra, mi luz divina, mi cuerpo tuvo el honor de cumplir ese acto; recuérdate de mi actitud, de mi rostro es día, la calma de mis manos a los pies de la Santa Virgen, ese día, mi tenue temblor". Es su "casamiento" con el cura lo que ella describe en este pasaje.
Poco después, es transferida al servicio del Dr. Capgras, dos años después de su admisión y sin que su estado haya encontrado una estabilización. Las semejanzas de su caso con el de Schreber, ilustran una vez más, la identidad del proceso de empuje-a-la-mujer en el hombre y la mujer.
Este período, P2 para Maleval, corresponde a la "protesta viril" de Adler, un interlocutor con el cual Freud no dejó de discutir, para oponerle resistencia, todo a lo largo de su obra en las diferentes partes en que aborda la cuestión del edipo negativo. Pero, ¿qué nos dice Adler a propósito de un caso?: "El sujeto percibe [ ] los sentimientos más variados de disminución, de humillación, de inferioridad bajo el aspecto simbólico de falta de virilidad; se ve acosado por ideas de castración, se ve con horror ocupar el rol de la mujer en las relaciones sexuales, está obsesionado por el temor de concebir un embarazo, pero también por ideas de persecución, de injecciones, de heridas, de caídas. [...] Las fantasías sobre el embarazo le inspiraban la sensación humillante de un rol femenino y alternaba a menudo con ideas de castración y fantasías en las cuales se veía transformado en mujer " (74).
A propósito de Schreber, Freud notaba: "Dios, [...] había tomado la resolución de emascularlo, de utiizarlo como mujer y de hacer nacer de él humanos nuevos de espíritu schreberiano. [...] Es la rebelión contra esta intención divina, que le aparecía totalmente injusta y "contraria al orden del mundo", lo que lo volvió enfermo; su enfermedad tomó la forma de una paranoia" (75). El rechazo de Schreber de la eventualidad de una castración (éviration), es característico de la posición masculina del Edipo freudiano. El goce está localizado en el Otro, pero es un Otro persecutivo. Lacan resaltaba también este aspecto persecutorio que tomaba la sexualidad del presidente Schreber cuando evocaba "el campo de agresión erotizada" (76) en el cual se encontraba por el hecho de la intervención de Un-padre en el campo imaginario a-a'.
La amenaza de Dios se ve traducida por Schreber por el término Entmannung, que no va sin relación con la muerte del sujeto. "El sujeto, dice G. Morel, puede identificarse con su ser vivo (être de vivant), si su significación se ve fijada bajo el significante del falo, lo que es correlativo de la afectación legítima del pene. El efecto de la forclusión implica enonces lógicamente que "estar forcluído del pene", lo que corresponde fenomenológicamente a la Entmannung, se marca por la "muerte del sujeto", reperable clínicamente como regresión tópica al estadio del espejo" (77).
Ante la figura de un otro persecutor, entmannung y muerte del sujeto intimamente ligadas, Schreber, que es un sujeto razonable, explica su elección: "Me gustaría que me muestren alguien quien ubicado ante la alternativa o de volverse loco conservando su hábito masculino, o de volverse mujer pero sano de espíritu, no optaría por la segunda solución" (78). En noviembre de 1895, se produce un nuevo vuelco dialéctico de la posición de Schreber con respecto a la entmannung. Consiente a la eviración, lo que se traduce en lenguaje por el término Versöhnung. Lacan dice a propósito del término elegido pos Schreber: "la palabra tiene el sentido de expiación, propiciatorio, y visto las carcterísticas de la lengua fundamental, debe ser acercado aún más hacia el sentido primitivo de la Sünhe, es decir hacia el sacrificio" (79).
Este sacrificio recuerda el sacrificio de goce que implica para cada ser humano el hecho de estar tomado en el orden simbólico. Como dice Maleval, "Tomar en cuenta la Versöhnung, recalcando la pérdida del goce que le es inherente, pone en evidencia que la lógica a la obra en el trabajo del delirio implica un saber sobre el hecho que todo "serhablante" (parlêtre), aunque fuese psicótico, se encuentra sometido al decreto de la castración" (80).
7. P3, PERIODO AMBICIOSO DE MAGNAN, PARAFRENIA, VERWLEIBICHUNG EN SCHREBER.
"Llegado a la última fase del delirio, el sujeto psicotizado [ ] se encuentra en total acuerdo con la neorealidad que ha construido. Consiente al goce del Otro porque tiene la certitud que, gracias a esta experiencia, ha llegado a la adquisición de un saber esencial. A menudo, este último le ha sido brindado por una figura paterna todopoderosa de la cual se hace el vocero (porte-parole), o aún la encarnación. [ ] El enfrentamiento cesa para los raros sujetos psicotizados que llegan a alcanzar una elaboración de la metáfora delirante hasta P3. Un sentimiento de comunión con el Padre se impone, de modo tal que la megalomanía conoce allí uno de sus éxitos más elevados" (81).
De P2 a P3, el sujeto pasa de la identificación del goce en el Otro al consentimiento del goce del Otro. Esto corresponde clínicamente, de modo aproximativo, dice Maleval, "a un paso de la paranoia a la parafrenia sistemática" (82). "Si los paranoicos y los parafrénicos comparten una misma actitud a identificar el goce del Otro, se distinguen en el hecho en que los primeros se rebelan contra el Otro gozador mientras que los segundos se acomodan bien" (83).
Para Magnan se trata del período ambicioso: "A medida que la enfermedad progresa, según cada individuo, se realiza una transformación singular del delirio; a las ideas de persecución, les siguen ideas de grandeza. [ ] La idea delirante es entonces afirmada siempre del mismo modo y como estereotipada" (84).
Kraepelin informa sobre el caso de un paciente "que se sentía embarazado, se autodenominaba Francisca, quería que lo liberaran de sus órganos genitales, que lo internaran en el Hospital de la Maternidad, y quería volverse la mujer más bella del mundo" (85). Pero sin dudas, es el Presidente Schreber el ejemplo paradigmático de parafrenización del delirio, logrando con éxito el empuje-a-la-mujer: "La hostilidad de Dios hacia mí pierde cada día más de su agresividad y [ ] el combate llevado en mi contra toma formas que prestan más a la conciliación y anuncian quizás la completa comunidad de puntos de vista; los nervios divinos, luego de una breve interrupción, encuentran en mi cuerpo aquello mismo a lo cual debían haber renunciado del hecho de la atracción; la beatitud o la voluptuosidad del alma [ ]. El curso de las cosas aparece entonces como el triunfo grandioso del orden del universo, triunfo al cual, modestamente, creo haber contribuído" (86). El vuelco dialéctico frente a la amenaza de castración, del Angts al Wunsch, constituye el pivote que permitirá la transformación en mujer, la Verweiblichung, para dar nacimiento a una nueva humanidad de espíritu schreberiano.
Como dice Morel, la cuestión no es más la dialéctica del tener, sino la del ser: "La Entmannung es el efecto de la forclusión sobre el "tener el falo", mientras que la Verweiblichung se substituye a "ser el falo"" (87). Consintiendo al goce del Otro, Schreber acepta de transformarse en la Mujer de Dios, el Otro del Otro. La feminización se presenta en Schreber de tres modos: la idea de volverse la mujer de Dios para crear una nueva humanidad, luego aquella idea de una experiencia de goce consentida y que describe a la vez como una voluptuosidad femenina experimentada por todo su cuerpo, y finalmente la práctica transsexualista a la cual se libra en soledad.
El empuje-a-la-mujer llega entonces a su último estadio, con el apaciguamiento del sujeto. Fenómeno claramente enunciado por Freud: "El conflicto y la enfermedad pueden presentemente terminar. Sin embargo, el sentido de la realidad que se reforzó entretanto en el paciente, lo obliga a posponer en un futuro lejano la solución encontrada, a contentarse, por decirlo así, de una realización asimptótica de su deseo" (88).
Nosotros podemos agregar que Schreber le fué más fiel a Magnan que a Freud. En 1907, es rehospitalizado luego de la muerte de su madre en un estado de demncia, la cual constituye la última etapa del delirio crónico sistematizado de Magnan.
8. LA PSICOSIS MANIACO-DEPRESIVA Y EL EMPUJE-A-LA-MUJER.
A simple vista, el empuje-a-la-mujer no es la vía de elección en la psicosis maníaco-depresiva. Sin embargo, según una cierta lectura de los fenómenos melancólicos, algunas manifestaciones de feminización se verían implicados.
El síndrome de Cotard.
H. Ey cita el trabajo de Cotard sobre el delirio de enormidad: "Si examinamos con un poco de atención esos inmortales, nos percatamos que algunos de ellos no son solamente infinitos en el tiempo, sino que también lo son en el espacio. Son inmensos, su tamaño es gigantesco, su cabeza va a alcanzar las estrellas. [...] Algunas veces el cuerpo no tiene límites, se extiende hasta el infinito y fusiona con el universo. [...] Lejos que esta enormidad sea una compensación al delirio melancólico, por el contrario marca el grado más excesivo. Los pacientes son penosos, gemidores y desesperados. Habría que ser un psicólogo bien ingenuo para no adivinar que allí mismo, el amor propio termina por encontrar su satisfacción. El simbolismo del lenguaje, las ideas de enormidad, el sentimiento de un goce maléfico, es cierto, pero inhumano, no se acuerda bien con una verdadera humildad" (89). Este aspecto del goce del melancólico bien recalcado por Cotard, permite a M. Czermack de acercarlo al empuje-a-la-mujer. El nota a propósito de un melancólico: "Se discierne como un sujeto manifestando que ha perdido su nombre ve acompañarse esta pérdida simultáneamente de una petrificación temporal y eyectarlo fuera del tiempo, desprovisto de padres, de nacimiento, de sexo, vuelto único, vuelto el gran UNO" (90). "La ausencia de división de Cotard, lleva el sujeto a su esfericidad imaginaria de hombre primordial. [...] Esfericidad imaginaria de hombre primordial que atrae hacia él todas las partículas del universo, esta especie de quasar, de agujero negro, se transforma él mismo en agujero, falta de estar agujereado, está en lo muy lleno, es un todo, un universo, un universal" (91). Este Uno que sería un Todo, puede figurar La mujer toda, uno de los Nombres-del-padre: "Setnimiento compartido, recordémoslo, con el transexual quien se funda en el deseo (vu) de ser la mujer, y que estima que mientras que no se haya vuelto mujer, permanecerá en el borde: pero su error es pensar que a situarse en el lugar del cual imaginariamente todas las cosas precederían - Eva de los tiempos futuros o Padre universal - un conteo sería posible, mientras que, precisamente, este lugar lo excluye [...]. Esta mujer enigmática es evidentemente la mujher originaria, envoltura del universo, de la cual el estudio de Cotard nos libra una gran parte de su estructura" (92).
En cambio, en la manía delirante, tan cercana a la parafrenia expansiva, Kraepelin describe en las mujeres fenómenos netos de feminización psicótica: "Las mujeres se dicen reinas del cielo y de la tierra, la Inmaculada Concepción, espíritus femeninos, [ ] tienen un hijo de Dios, irán al cielo a reunirse con su amado: Jesús Cristo les ha devuelto la inocencia. El Diablo ha desaparecido: la enferma soporta todos los sufrimientos del mundo: ahora la tierra es una ierra maravillosa" (93). La feminización psicótica es innegable aquí.
CONCLUSION
El trayecto imaginario del delirio de Schreber que, como Lacan lo recalcaba bien, va de la primera entrevisión de una captura en una imagen femenina hasta la expansión de una concepción del mundo en la cual su transformación en mujer es central, muestra el vuelco dialéctico de la actitud (según los términos de Freud) frente a la castración, frente al Padre del complejo de Edipo: transformación del Angst propio a la posición masculina, en Wunsch de la posición femenina. También muestra las diferentes relaciones entre el sujeto y el goce: primero goce del cuerpo, luego localización del goce en el Otro, vivido en un primer tiempo como perseguidor, luego finalmente aceptado y recibido favorablemente. Estas diferentes relaciones son propicias a dar cuenta de la evolución delirante del delrio crónico a evolución sistemática de Magnan, y de las posiciones que podemos acercar a la esquizofrenia, la paranoia y la parafrenia.
Finalemente queremos notar que la evolución "demencial" de Schreber debería bastar para quitar toda noción de "progreso", en el sentido hegeliano del término, a esta progresión del empuje-a-la-mujer. "¿Podemos hablar de proceso de compensación, o aún de curación, dice Lacan, como algunos no dudarían a hacerlo, con el pretexto que en el momento de la estabilización de su delirio el sujeto presenta un estado más calmo que en el momento de la irrupción del delirio? ¿Es una curación o no? Es una pregunta que vale la pena de ser planteada, pero creo que solo puede ser de un modo abusivo que hablemos aquí de curación (94)".
BIBLIOGRAFIA
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16) Freud, Le problème économique du masochisme, P.U.F, Oeuvres complètes, Vol. XVII, 1992, p. 17) Naveau (P.), La querelle du phallus, in La Cause Freudienne N° 24, Juin 1993, L'Autre Sexe, p. 13.
18) Nasio (J. D.), Enseignement de sept concepts cruciaux de la psychanalyse, Rivages, 1988.
19) Freud (S.), Remarques psychanalytiques sur l'autobiographie d'un cas de paranoïa (Le Président Schreber), in Cinq Psychanalyses, Presses Universitaires de France, 1954, p. 272.
20) Freud (S.), Remarques psychanalytiques sur l'autobiographie d'un cas de paranoïa (Le Président Schreber), Op. cit., p. 304.
21) Lacan (J.), Séminaire Livre XX, Encore... , Editions du Seuil, 1975, p. 49.
22) Maleval (J. Cl.), Logique du délire, Collection Médecine et Psychothérapie, Masson, Paris, 1996, p. 119.
23) Laurent (E.), Les deux sexes et l'Autre jouissance, in La Cause Freudienne N° 24, Juin 1993, L'Autre Sexe, p. 4.
24) Lacan (J). Le Séminaire Livre XX, Encore..., Op. cit., p. 75.
25) Lacan (J.), Le Séminaire Livre XX, Encore..., Op. cit., p. 70.
26) Maleval (J. Cl.), Logique du délire, Collection Médecine et Psychothérapie, Masson, Paris, 1996, p. 119-120.
27) Lacan (J.), Séminaire sur L'Identification, 14 Mars 1962, inédit.
28) Lacan (J.), Propos sur la causalité psychique, in Ecrits, Seuil, 1966, p. 184.
29) Graves (R.), Les mythes grecs, Collection Pluriel, Tome I, Fayard, 1967, p. 20.
30) Graves (R.), Les mythes grecs, Op. cit., p. 36.
31) Engels (F.), L'origine de la famille, de la propriété privée et de l'état, Editions sociales, 1983, p. 111.
32) Engels (F.), L'origine de la famille, de la propriété privée et de l'état, Op. cit., p. 128-129.
33) Laurent (E.), Positions féminines de l'être, in La Cause Freudienne N° 24, Juin 1993, L'Autre Sexe, p. 108.
34) Maleval (J. Cl.), Variétés cliniques du Pousse-à-la-femme, in Cahier, Association de la Cause Freudienne, Val de Loire & Bretagne, N° 6, Miscellanées, Psychoses, p. 62.
35) Lacan (J.), Le Séminaire Livre XX, Encore... , Editions du Seuil, 1975, p. 77.
36) Lefort (R.), Lefort (R.), L'Autre et l'Objet dans la Psychose, Pas Tant, N° 23/24, Presses Universitaires du Mirail, 1990, pp. 11-23.pp. 22-23.
37) Laurent (E.), Positions féminines de l'être, Op. cit., pp.107-113.
38) Lacan J. Le Séminaire, Livre III, Les Psychoses, Editions du Seuil, 1981, p. 75.
39) Weber, Expertise médico-légale, in Mémoires d'un Névropathe, Editions du Seuil, Points, 1975, Annexes, p. 301.
40) Freud (S.), Une névrose diabolique au XVIIè siècle, in L'inquiétante étrangeté et autres essais, Folio Essais, Gallimard, 1985, p. 296-298.
41) Morel (G.), Le pousse-à-la-femme: problématique, in Figures du Pousse-à-la-femme, Edition du Cercle Franco-Hellenique de Paris de l'Ecole Européenne de Psychanalyse, Séminaire 94-96, pp. 5-16.
42) Bercherie (P.), Les fondements de la clinique, La Bibliothèque d'Ornicar?, 1980, Chap. 16.
43) Ey (H.), Traité des Hallucinations, Tome II, Masson, Paris, 1973, p. 999.
44) Lacan (J.), De la psychose paranoïaque dans ses rapports avec la personnalité, Editions du Seuil, Collection Points Essais, 1975, p. 261.
45) Lacan (J.), Le Séminaire Livre III, Les Psychoses, Op. cit., p. 153.
46) Lacan (J.), Le Séminaire Livre III, Les Psychoses, Op. cit., p. 34.
47) Maleval (J. Cl.), Logique du délire, Collection Médecine et Psychothérapie, Masson, Paris, 1996, p. 99.
48) Maleval (J. Cl.), Logique du délire, Op. cit., p. 95.
49) Maleval (J. Cl.), Logique du délire, Op. cit., p. 99.
50) Schreber (D.), Mémoires d'un Névropathe, Editions du Seuil, Points, 1975, p. 46.
51) Magnan (V.), Leçons cliniques sur les Maladies mentales, Publications du Progrès médical, Paris, 1893, pp. 237-238.
52) Gorog (F.), Le Pousse-à-la-Femme, Pas Tant, N° 23/24, Presses Universitaires du Mirail, 1990, p. 50.
53) Maleval (J. Cl.), Logique du délire, Op. cit., p. 115.
54) Aparicio (S.), Qu'il serait beau d'être une femme..., in Bulletin à diffusion interne de l'Association de la Cause Freudienne, Ile de France, Supplément au N° 19 de Confluents, Ville-Evrard 1996, p. 18.
55) Maleval (J. Cl.), Logique du délire, Op. cit., p. 158.
56) Theodoridis (E.), La contradiction de Freud sur l'homosexualité du psychotique, in Figures du Pousse-à-la-femme, Edition du Cercle Franco-Hellenique de Paris de l'Ecole Européenne de Psychanalyse, Séminaire 94-96, pp. 21-22.
57) Follin (S.), Sur la psychopathologie du processus schizophrénique, in Vivre en Délirant, Collection Les Empêcheurs de Penser en Rond, Synthélabo, 1992, pp. 83-131.
58) Ey (H.), Schizophrénie, Etudes cliniques et Psychopathologiques, Les Empêcheurs de Penser en Rond, 1996, p. 223.
59) Idem, p. 214.
60) Laurent (E.), Trois énigmes: le sens, la signification, la jouissance, in La Cause Freudienne N° 23, Février 1993, pp. 48-49.
61) Maleval (J. Cl.), Logique du délire, Op. cit., p. 131-132.
62) Magnan (V.), Leçons cliniques sur les Maladies mentales, Op. cit., p. 251.
63) Maleval (J. Cl.), Logique du délire, Op. cit., p. 131-132.
64) Schneider (S.), Harrison (S.), Siegel (B.), Self-castration by a man with cyclic changes in sexuality, in Psychosomatic Medicine, Vol. XXVII, N° 1, 1965, pp. 53-70.
65) Miller (J. A.), Clinique Ironique, La Cause Freudienne N° 23, Février 1993, p. 9.
66) Maleval (J. Cl.), Logique du Délire, Op. cit., p 125.
67) Maleval (J. Cl.), Logique du délire, Op. cit., p.160.
68) Magnan (V.), Leçons cliniques sur les Maladies mentales, Op. cit., pp. 238-239.
69) Magnan (V.), Leçons cliniques sur les Maladies mentales, Op. cit., p. 280.
70) Magnan (V.), Leçons cliniques sur les Maladies mentales, Op. cit., p. 282.
71) Magnan (V.), Leçons cliniques sur les Maladies mentales, Op. cit., p. 285.
72) Sérieux (P.), Capgras (J.), Les folies raisonnantes, Collection Analectes, Laboratoires Théraplix, 1979, p. 85.
73) Lagache (D.), La jalousie amoureuse, Presses Universitaires de France, Collection Quadrige, 1986, pp. 182-201.
74) Adler (A.), Le Tempérament Nerveux, Eléments d'une psychologie individuelle et applications à la psychothérapie, Payot, Paris, 1948, pp. 238-249.
75) Freud (S.), Une névrose diabolique au XVIIè siècle, Op. cit., p. 296.
76) Lacan (J.), D'une question préliminaire à tout traitement possible de la Psychose, in Ecrits, Editions du Seuil, 1966, p. 578.
77) Morel (G.), Le pousse-à-la-femme dans la "Question préliminaire": articulation de l'éviration (Entmannung) et de la féminisation (Verweiblichung), in La Lettre Mensuelle, Ecole de la Cause Freudienne, N° 85, p. 11.
78) Schreber (D.), Mémoires d'un Névropathe, Op. cit., p. 151.
79) Lacan (J.), D'une question préliminaire à tout traitement possible de la Psychose, Op. cit., p. 566.
80) Maleval (J. Cl.), Logique du délire, Op. cit., pp. 158-159.
81) Maleval (J. Cl.), Logique du délire, Op. cit, p. 94-96.
82) Maleval (J. Cl.), Logique du délire, Op. cit., p. 171.
83) Maleval (J. Cl.), Logique du délire, Op. cit., p 185.
84) Magnan (V.), Leçons cliniques sur les Maladies mentales, Op. cit., pp. 278-280.
85) Kraepelin (E.), La Demencia Precoz 2° Parte, Parafrenias, (Traduction de la 8ème édition du Traité de Psychiatrie), Colección Clásicos de la Psiquiatría, Editorial Polemos, Buenos Aires 1996, p. 172.
86) Schreber (D.), Mémoires d'un Névropathe, Editions du Seuil, Points, 1975, pp. 286-287.
87) Morel (G.), Le pousse-à-la-femme: problématique, in Figures du Pousse-à-la-femme, Op. cit., pp. 12-13.
88) Freud (S.), Remarques psychanalytiques... Op. cit., p. 296.
89) Ey (H.), Etude N° 16, Délire des négations, in Etudes Psychiatriques, Tome II, Desclée de Brouwer, Paris, 1950, p. 435.
90) Czermak (M.), Signification psychanalytique du Syndrome de Cotard, in Passions de l'objet, Editions Joseph Clims, Paris, 1986, p. 218.
91) Czermak (M.), Signification psychanalytique du Syndrome de Cotard, Op. cit., p. 221.
92) Czermak (M.), Remarques sur "A propos de l'impression d'être immortel" de Denise Sainte Fare Garnot, in Passions de l'objet, Op. cit., pp. 255-271.
93) Kraepelin (E.), La folie maniaque-dépressive, Editions Jerôme Millon, Grenoble, 1993, p. 116.
94) Lacan (J.) Le Séminaire, Livre III, Les Psychoses, Op. cit., p. 99.
95) Bruno (P.), Antonin Artaud, Réalité et Poésie, L'Harmattan, 1999, p. 140.
Otros trabajos sobre el tema:
* Le Pousse à la femme: Structure Logique et Structures Cliniques, Mémoire pour l'obtention d'un D.E.A. de Psychanalyse, Département de Psychanalyse, Université Paris VIII, 1996.
* Les délires transsexualistes ou le Pousse-à-la-femme", intervención en el Séminaire du Cercle Henri Ey de Paris, Servicio del Dr. Trémine, C.H.G. Robert Ballanger, 11 Mars 1999, http://perso.club-internet.fr/mahwin/deperso.htm#pousse
* Le Pousse à la Femme et les Structures Cliniques de la Psychose, L'Essai, Revue clinique annuelle, Publié par le Département de Psychanalyse, Université de Paris VIII, Juin, 1999, pp.151-166.