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Seminario
El padre en psicoanálisis
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Organizado por : PsicoMundo

Dictado por : Lic. Alfredo Eidelsztein


Clase 1

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Clase Nº 1
(22-05-1999)

Voy a proponerles organizar esta actividad que comenzamos hoy de un modo distinto al de un seminario, es decir, no va a ser un seminario y tampoco un ciclo de conferencias. No se trata —al menos desde mi posición— de una enseñanza que podríamos definir como ex cathedra, de profesor o de maestro. Primero, porque no me coloco en esa posición —no me considero maestro de nadie. Y, por otra parte, me da la impresión de que para la formación del analista —supongo que la gran mayoría de los presentes debe estar interesada en la formación del analista— creo que el hecho de que la enseñanza sea regularmente impartida de forma ex cathedra puede ser de muy buenas facturas en la enseñanza, pero puede sin embargo no contribuir a la formación del analista en cuanto tal, porque tiende a engrosar el sujeto-supuesto-saber. Si nosotros, como sujetos, seguimos engordando al sujeto-supuesto-saber de X o de Y, podremos quizás manejar o ver cómo otro maneja con cierta soltura la articulación de cierto concepto; pero muy difícilmente podamos progresar en la posición de analista, y, más aún, hasta quizá se produzca algo así como que nunca lleguemos a lograr hacerlo.

En ese sentido, cuando les digo que no es un "seminario", es porque creo que llegó la hora de revisar un poco, con tranquilidad y humildemente, qué tipo de posición enunciativa tenía Lacan en su seminario; no en cuanto al contenido de su argumentación, sino más que nada en el tipo de vínculo que se establecía con quien lo escuchaba y quien lo leía. Me parece que hay que revisarlo porque hay bordes de esa actividad que neurotizan enormemente. Y esto de que neurotiza enormemente se verifica no porque Lacan sabía tanto y uno tan poco, sino por la paralización que produce en tantos de nosotros la forma en que esa enseñanza se nos presentó —sentimos que no entendemos nada o que no somos capaces de articular nada, o muchas veces nos pasa algo mucho mas complejo. Yo no sé si a Ustedes les ha ocurrido, pero a mí directamente me pasó sentirme un tonto... Y no creo que sea por la dificultad, porque uno ha leído autores tanto o más difíciles que Lacan, sino que me da la impresión de que es por esa cuestión del "maestro", tan personalista, que no le deja a uno otro lugar a ser ocupado que el de un tonto... Me parece que no hay que contribuir a que los analistas se sientan tontos. "Ignorantes" podría ser, pero "tontos" me parece que no.

En realidad, lo que intentaré hacer junto a Ustedes en esta actividad es plantearles mis preguntas obviamente en torno a la noción de «Padre» en psicoanálisis, y tratar de presentarles los recorridos que he ido probando y las soluciones provisionales que he ido encontrando a esas preguntas.

Hay además otro problema que yo quisiera plantearles desde el comienzo (y si resulta exitoso, va a durar bastante en el tiempo), a saber, cómo pienso plantearles mis preguntas, que son verdaderamente las mías. Creo que eso puede plantearse si uno acepta que el psicoanálisis nunca puede llegar a ser algo de la índole de una doxa, de una opinión común. El psicoanálisis nunca va a poder llegar a ser para ninguno de nosotros algo establecido que pueda saberse, conocerse y, como tal, enseñarse. Propongo pues que si uno no va a encarar las preguntas que plantea y no va a intentar humildemente, cada uno en la medida de sus posibilidades, investigar las vías que se abren a partir de esas preguntas, estará en una mala posición. Porque el psicoanálisis no puede ser una doxa, no se puede constituir en un conjunto de nociones estables. Y esto en virtud del siguiente problema: el orden simbólico se caracteriza por estar permanentemente en cambio ya que, como está constituido por elementos que fundamentalmente cobran identidad tan sólo en la diferencia con los otros, cada vez que entra en operación un término nuevo, los demás necesariamente cambian; pero cambian de tal manera que ya no alojan del mismo modo al nuevo término que se introdujo.

Les presento clínicamente el problema. En determinado momento, en nuestra cultura, se introdujo el significante "psicoanálisis" —que es un neologismo freudiano—, produciendo notables efectos clínicos. Era la época gloriosa en la que Freud curaba en un año, a razón de una sesión diaria. Eran análisis de uno o dos años de duración, y no como los nuestros que llevan veinte o veintidós añ os... Entonces, al poco tiempo, los pacientes de Freud se marchaban, se curaban en un año. Freud empezó a preguntarse qué pasaba y acuño así, por ejemplo, la «reacción terapéutica negativa ». Bien, pero sólo puede haber reacción terapéutica negativa si hay terapéutica de esa índole. Es decir que «reacción terapéutica negativa» no podría estar planteada como concepto antes de que adviniese el concepto «psicoanálisis», en el sentido de que el psicoanálisis entre a la sociedad. Una vez que el psicoanálisis hubo entrado en la sociedad, esa sociedad cambió: tuvo ya al psicoanálisis dentro. Y como tiene al psicoanálisis dentro, surge por ejemplo la «reacción terapéutica negativa». Y si el psicoanálisis se hace cargo de la «reacción terapéutica negativa», ya cambió en sí mismo. Con lo cual, cada vez que uno pesca un concepto nuevo, o que un autor de importancia introduce un concepto nuevo en el psicoanálisis, todo cambia; todo el conjunto de las nociones cambia, tanto como la práctica clínica —si es que efectivamente esa noción incide en la clínica. Y esto ocurre porque estamos operando dentro de un orden simbólico.

Pero no sucede lo mismo, por ejemplo, en la relación del orden simbólico con lo real. Si los físicos designan una partícula real de cualquier manera, el hecho de que exista esa designación hace cambiar la posibilidad de operar de los seres humanos sobre esa partícula. O sea, si nosotros tenemos «neutrinos», vamos a poder operar sobre los neutrinos; pero que nosotros podamos operar sobre los neutrinos no cambia la naturaleza del neutrino. Quiero decir que la sustancia, en su estructura atómica, no cambia por el hecho de que uno la descubra, pero sí lo hace necesariamente en sus dimensiones simbólicas.

De modo que presentaré necesariamente la noción de «Padre» en psicoanálisis, desde esta perspectiva. No solamente intentaré llegar a un concepto operativo en la clínica, sino que también trataré de ir explorando cómo fue que se produjo esta ida y vuelta de los desarrollos teóricos y sus retornos desde la clínica.

Entonces, en esta primera reunión yo quería conversar y discutir con Ustedes los problemas que la noción de «Padre» implica. Para eso, querría discutir mínimamente qué significa la noción o el concepto de «Padre».

No voy a plantearles nada de la índole del universal, de la idea, de la intuición que el término "concepto" implica en filosofía. Voy a plantearlo más bien desde la perspectiva de la ciencia. En la ciencia moderna, "noción" o "concepto" implica una maniobra sobre un significante. ¿Qué maniobra? La de extraerlo de su lugar del seno de una lengua. Mediante esta extracción se intenta desprenderlo de sus significados asociados, procurando que el significado que ese término tenga sea solamente a consecuencia de su articulación con otros términos, nociones o conceptos de la teoría. Se trata pues de tomar una palabra de la lengua. Pero la conceptografía no es álgebra, no es trabajar con letras. Cuando uno trabaja con letras, ya no se tiene este problema porque uno sabe que la letra "X" no es ninguna palabra, ni siquiera es la letra "X"—en todo caso, será una "incógnita". Pero hay una ganancia al no escribir "incógnita" y sí escribir "X": la de evitar el arrastre del significado. Con el concepto sucede lo mismo.

El problema que tenemos con el concepto de «Padre» es que debe operar allí donde la palabra, el término, el significante "Padre" implica su significado, porque nuestra práctica clínica es sobre sujetos humanos hablantes. Entonces, como concepto, nosotros debemos definirlo tan sólo con relación a los otros conceptos. Y uno está ya advertido de que no tiene que ver con el papá de nadie. ¿Entienden por qué? No porque se me antoje que no tiene que ver con el papá de nadie, sino porque la palabra "Padre" —que habitualmente designa al papá de alguien— no funciona así como concepto psicoanal ítico. En tanto que concepto psicoanalítico, «Padre» adquiere significado en virtud de sus relaciones con los otros conceptos de la teoría. Pero el problema que tenemos nosotros es que "Padre" también designa algo en la lengua. Es el mismo problema que tenemos cuando usamos como concepto un término de la lengua y no un neologismo. Se gana mucho si se utilizan neologismos.

"Psicoanálisis" es una palabra inventada por Freud. ¿Qué significa "psicoanálisis"? Sucede que "psicoanálisis" ya ha entrado dentro del conjunto de los términos de la lengua y entonces tenemos el retorno de lo que en la lengua significa "psicoanálisis", que no es —insisto en ello— lo que significa teóricamente para nosotros. Pero sea como fuere, su entrada está marcada por la concepción de Freud. No pasa así con "inconsciente", que es "Unbewusste", un término que Freud sí toma del alemán. Y al haber sido tomado del alemán, uno debe pasarse toda la vida distinguiendo lo que ese término significa habitualmente en alemán, de lo que significa en la teoría.

Con «Padre» ese problema es nuclear porque nunca vamos a tener el concepto de «Padre» totalmente aislado del término "Padre". Y se lo propongo así, porque propongo trabajar con la idea de que en todos nosotros la palabra "Padre" no solo arrastra un significado personal e histórico, sino que por otra parte ese significado es pleno de valor —no es una palabra cualquiera para nosotros, es plena de valor. Con lo cual, hay un problema muy fuerte para articular lo que implica «Padre» como concepto teórico, porque es dificilísimo que no se nos mezcle todo el tiempo con el término "Padre", como un término que nos constituye como sujetos hablantes.

Así pues, es dentro de este marco que voy a plantearles, o más aún, justamente con respecto al encuadre de este marco es que he organizado esta primera reunión para plantear los problemas que, tal como yo los entiendo, hoy se producen en la utilización del concepto «Padre».

Propondré empezar con los problemas, las contradicciones y hasta los prejuicios que a mi entender operan en torno a «Padre» en las formulaciones freudianas; o sea, intentaré mostrar cuáles son los problemas que hay en Freud con la noción de «Padre». Y, además, estudiaremos juntos qué problemas arrastra la noción de «Padre» en Lacan. Finalmente, pondremos sobre el tapete aquello que considero suelen ser nuestras preguntas acerca de este concepto. Justamente por no tenerlo aún suficientemente bien articulado, terminamos por confundirlo con el padre de carne y hueso...

Como se trata de mis preguntas —me parece oportuno presentar también las vuestras—, les plantearé las que me son de mayor relevancia, aquellas que probablemente sean las que Ustedes compartan conmigo. Debo, sí, advertirles de que en nuestros planteos probablemente debamos poner en tela de juicio ciertas cosas dichas por Freud o por Lacan.

Ya saben que considero que «Padre» es un término que para todos nosotros posee mucho valor de significación. Si Ustedes preguntan a cualquier persona del ambiente no psicoanalítico quién es Freud, obtendrán como respuesta casi inmediata: "Sí, Freud, ¡el Padre del psicoanálisis!". Con lo cual, traigo citas muy medulares de Freud —seguramente muy conocidas por Ustedes— porque como vamos a criticar al "Padre" —actividad ciertamente muy delicada—, no quería que la critica recayese en una pequeña cita a pie de página o en una palabrita encontrada sueltita por allí. No porque no las haya, sino porque me parece que, para nuestra comunicación, es más apto que entremos por los problemas más gruesos.

Para resolverlos, les propongo trabajar con bastantes citas, pero con la previa consideración de acordar cierta pauta: que no se trata de una lectura mía, sino que se podría suponer que el problema está ya en el texto. Aunque el exceso de citas puede resultar sumamente aburrido, por razones de seriedad y de cuidado, las creo convenientes.

§

El primer problema respecto de la elaboración del concepto de «Padre» en Freud es que la horda primitiva no existió. ¿Entienden lo que quiere decir que la horda primitiva no existió? Que jamás ningún arqueólogo encontró un deposito de huesos de humanoides hembras adultas en cantidad, humanoides hembras niñas en cantidad, machos niños en cantidad y un único esqueleto de un macho adulto... Eso jamás se encontró. No sé por qué se ríen, porque me parece un argumento indiscutible para demostrar que ese tipo de nucleamiento nunca, jamás, fue encontrado y verificado. Con lo cual, podríamos pensar que ese tipo de nucleamiento humano no sucedió. Y diré más, Freud mismo lo sabia. Les leo un pasaje de «Moisés y la Religión Monoteísta», del tomo XXIII de la edición de Amorrortu, en la página 127:

«Sigo sosteniendo esa construcción».

Se refiere a la teoría de la horda primitiva. Yo sé que muchos de Ustedes deben estar muy impacientes por decir que es un mito... ¡Serenidad! Ya vamos a meternos con la cuestión del mito.

«Repetidas veces tuve que oír violentos reproches por no haber modificado mis opiniones en posteriores ediciones del libro, no obstante que etnólogos más modernos han desestimado de manera unánime las tesis de Robertson Smith y postulado en parte otras teorías, por entero divergentes».

La teoría de la horda primitiva darwiniana, desarrollada por Smith, nunca existió. Seguir sosteniéndolo, para nosotros sería ridículo.

«Tengo para replicar que me son bien familiares estos presuntos progresos, pero no he quedado convencido en absoluto ni de la corrección de tales novedades ni de los errores de Robertson Smith. Una contradicción no es todavía una refutación, ni tampoco una novedad es necesariamente un progreso. Pero sobre todo, yo no soy etnólogo, sino psicoanalista. Tenia el derecho de espigar entre la bibliografía etnológica aquello que pudiera utilizar para el quehacer psicoanalítico. Los trabajos del genial Robertson Smith me han proporcionado valiosos contactos con el material psicológico del análisis, anudamientos para su valoración. Con sus oponentes nunca he coincidido».

¿Se entendió? A Freud le interesó Smith, no por sus intereses etnoló gicos —que no los tiene—, sino porque le explicaban muy bien lo que él veía en la clínica. Con lo cual, vean que se procede al revés. Está el fenómeno o el hecho clínico, luego la lectura de la horda primitiva, y entonces uno podría decir que los hechos le hicieron sostener a Freud la teoría de la horda primitiva. Pero, ¿por qué él no cambió? Porque sigue viendo los mismos hechos clínicos. Ciertamente, las nuevas teorías etnológicas no se los explican. Entonces, él dice que necesariamente, por los hechos clínicos, se tiene que quedar con eso. Por lo tanto, tendremos que pasar a discutir cuáles son esos hechos clínicos que hacen sostener la teoría de la horda primitiva.

El segundo problema estriba en que, según Freud y todos nosotros, la teoría de la horda primitiva es un mito. A mí no me interesan los mitos, pero éste sí. Escuchen bien qué es lo que Freud dice acerca de esta teoría de la horda primitiva, en este pasaje del Apé ndice de «Psicología de las Masas y Análisis del Yo», del tomo XVIII, en la página 128:

«Dijimos que sería posible indicar en el desarrollo aní mico de la humanidad el punto en que se consumó, también para los individuos, el progreso de la psicología de masa a la psicología individual. Para ello debemos reconsiderar brevemente el mito científico del padre de la horda primordial».

¡Ah! ¡Es un "mito científico"! No es un mito como lo son los griegos. Y para aquellos que ya visualizaron el problema de que Freud lo designa "mito científico", ya saben que no es sólo aquí que Freud habla de ello. Conocen ese texto de Freud, creo que es el «Moisés...» 1, en que dice que su teoría de la pulsión de muerte como destructiva y Eros como unificante, estaba ya planteada por Empédocles, a quien él había leído en su juventud. Freud confiesa que él leyó a Empédocles en su juventud y que tal vez se trate de un caso de criptoamnesia (vieron que, en el fantasma de Freud, es un drama quién fue el que primero inventó esto o aquello). El problema es que también en Empédocles está el mito de la horda primitiva. De mantea tal que tal vez no es "científico", sino otro caso de criptoamnesia de Freud...

Se lo leo de un excelente libro de Kirk y Raven 2 sobre los presocráticos, editado por Gredos. En un apartado de Empédocles que se llama «El pecado original y la caída del hombre», en la página 489, Kirk y Raven dicen:

«El segundo [...] de su poema religioso es el del pecado original y la caída consiguiente del hombre. En el mito órfico, el pecado original lo cometieron los Titanes, que desplazaron y se comieron a Dionisio. En «Las Purificaciones» [el texto de Empédocles] el altar no ahumaba con sangre pura de toros con anterioridad a la caída del hombre, según la sugerencia de 468 y 469. Este primer pecado que evidentemente comporto la caída general del hombre consistió, al parecer, en un derramamiento de sangre y una comida de carne en general. La caída es colectiva y supone el final del dominio de Cipris, si bien no excluye la caída particular de cada alma individual».

Les leo los mencionados fragmentos 468 y 469 de Empédocles:

«468: ¿No cesaréis con la horrible matanza? ¿Es que no veis que os estáis devorando recíprocamente en vuestra insensata locura? [...] 469: El padre, pobre necio, levantando en alto a su propio hijo querido que ha cambiado de forma, lo degüella en actitud de oración. Están perplejos cuando sacrifican a su víctima implorante, y él, sordo a sus gritos, la degüella y prepara en su mansión un macabro festín. Del mismo modo, el hijo coge a su padre y las hijas a su madre y después de quitarles violentamente la vida se comen las carnes de sus seres queridos».

O sea que, como verán, hay que desconfiar de que el asesinato primordial y el banquete totémico sean un "mito científico".

Ustedes saben que Lacan señala que Freud era un profundo conocedor de los filósofos presocráticos. De hecho, Lacan dice que Freud construye su «Wo Es war, soll Ich werden» a partir de la ética presocrática. Conque es bastante fuerte la injerencia de lo presocrático. Lo que pasa es que Freud no lo cita tanto. De cualquier manera, podríamos suponer entonces que este mito que Freud propone como "mito científico", en realidad es un "mito mítico" de la época mítica de la cultura griega. Con lo cual, habría que desconfiar de su valor científico. Es algo fuerte, pero les estoy proponiendo que Freud era, como todos, un sujeto humano hablante (¡no sé si ya están preparados para semejante shock en vuestras vidas..! Freud mismo lo reconoció).

Ahora bien, tenemos otro problema que Ustedes deben conocer bastante y que deben haber estudiado: el de la «identificación primaria» en Freud. Les leeré cinco citas. La primera es de «Tres ensayos...», en la página 180 del tomo VII de la edición de Amorrortu:

«Una primera organización sexual pregenital es la oral, o si se prefiere canibálica».

Son distintas la oral y la canibálica. Oral está descrita por la zona erógena y la actividad, canibálica es comerse a una persona —es ya un salto. Caníbales son los que comen personas, seres humanos

«La actividad sexual no se ha separado todavía de la nutrición, ni se han diferenciado opuestos dentro de ella. El objeto de una actividad es también el de la otra; la meta sexual consiste en la incorporación del objeto, el paradigma de lo que más tarde, en calidad de identificación, desempeñará un papel psíquico tan importante. El chupeteo puede verse como un resto de esta fase hipotética que la patología nos forzó a suponer;...» .

De vuelta, ¿ven cómo procede Freud? Primero, lo oral es hipotético y es hipotético desde la patología de los adultos, y no con lo observable de lo que sucede con los niños.

«... en ella la actividad sexual, desasida de la actividad de la alimentación, ha resignado el objeto ajeno a cambio de uno situado en el cuerpo propio».

O sea, una descripción, la primera, casi canónica, de lo que es la fase oral canibálica.

Pasemos ahora a «Duelo y melancolía» , texto tan importante, ¿lo recuerdan? Porque se plantea allí que "la sombra del objeto" cae al yo interiorizado. Es importante ver cómo puede ser que opere dentro de uno algo que debería estar vinculado a la reacción o a los afectos de uno con un objeto. En la página 247 del tomo XIV, Freud dice:

«En otro lugar hemos consignado que la identificación es la etapa previa de la elección de objeto y es el primer modo, ambivalente en su expresión, como el yo distingue a un objeto».

Quiere decir que, primero, es oral. Oral en la época en que venían juntas la satisfacción de la alimentación y la constitución de la fase oral por la incorporació n del objeto. Con lo cual, uno necesariamente está pensando que esa lógica corresponde al niño desde el nacimiento hasta los seis meses de edad. Freud dice aquí que es previo a la elección de objeto. De manera tal que ha de ser muy temprano.

«Querría incorporárselo, en verdad, por la vía de la devoración, de acuerdo con la fase oral o canibálica del desarrollo libidinal».

La primera identificación funciona al modo oral-canibálico que es incorporación por devoración; porque Freud dice que se sostiene en esa modalidad de satisfacción que es propia de la oral.

La primera pregunta que quiero hacerles es: ¿qué significa que la identificación a un objeto, desde el nacimiento hasta los seis meses, sea anterior a toda elección de objeto? Se complica... En la página 99 del tomo XVIII, en «Psicología de las Masas y Análisis del Yo», Freud dice:

«El psicoanálisis conoce la identificación como la mas temprana exteriorización de una ligazón afectiva con otra persona».

Tenemos aquí un primer problema. Hemos dicho que hay identificación a una persona, durante los primeros seis meses de vida, con anterioridad a toda elección de objeto. Pero no se trata del objeto parcial como, por ejemplo, el pecho. Es imprescindible, en la lógica de Freud, que sea una identificación a una persona. Pero, sin embargo, una identificación a una persona previa a toda elección de objeto. ¿Cuál sería, para Ustedes, la persona típica de toda primera elección de objeto? La mamá, ¿no? Pero, entonces, quiere decir que se trata aquí de una identificación a una persona previa a la mamá como objeto de la primera elección de objeto. ¿Quién vendría a ser esa persona? Ya sé que es el padre, pero piensen en un niño de hasta seis meses de edad que se identifique a una persona antes de que haga la elección de objeto —cuya persona es convencionalmente la madre, aunque Ustedes saben bien que no necesariamente tiene que ser la madre.

«Desempeña un papel en la prehistoria del Complejo de Edipo ».

Esto es, que si Ustedes no tienen esto, luego no podrán configurar el Edipo.

«El varoncito manifiesta un particular interés hacia su padre;...».

Es decir que, en el lapso de los primeros seis meses de vida, el varoncito se identifica al padre, aun antes de toda elección de objeto —a saber, antes de la madre. No es ridículo, ¡es increíble! Es increíble que el niño pueda distinguir entre padre y madre y que pueda decidir primero por uno que por la otra. Creo que hay verdaderos problemas internos a esta lógica.

Les propongo pensar si es ésta la mejor forma de explicarlo. No tiene que ser necesariamente la mejor ya que, de hecho, Freud mismo la modificó unas veinte veces. Más aún, de no haber muerto, tal vez hubiese pensado una tercera tópica.

«El varoncito manifiesta un particular interés hacia su padre; querría crecer y ser como él, hacer sus veces en todos los terrenos. Digamos, simplemente: toma al padre como su ideal. Esta conducta nada tiene que ver con una actitud pasiva o femenina hacia el padre...».

Es un problema que no sea pasiva o femenina hacia el padre porque si no, ¿qué es "padre"? Si la diferencia entre padre y madre no es sexual, ¿cuál es la diferencia?, ¿acaso los bigotes..? La pregunta evidente es ésta: ¿qué es un padre si no se lo distingue por la diferencia sexual? Freud dice que no es un problema sexual, porque este amor primero al padre no produce posición pasiva homosexual —que es el problema del Edipo en los varones.

«Esta conducta nada tiene que ver con una actitud pasiva o femenina hacia el padre (y hacia el varón en general); al contrario, es masculina por excelencia. Se concilia muy bien con el complejo de Edipo, al que contribuye a preparar».

Freud dice que sin esto no hay complejo de Edipo. Pero ocurre que, cuando nosotros los argumentamos, lo hacemos al revés. Para argumentar el complejo de Edipo, siempre empezamos echando mano al mito ridículo de que "el niño ama a su madre"... Es lo primero que decimos. Reconozcamos que sólo podemos decirlo entre nosotros porque es en sí mismo increíblemente ridículo. Sostenemos que el niño quiere copular con su madre y, con eso dicho, nos parece inmediatamente evidente que previamente debió haberse identificado con lo masculino. Pero, al mismo tiempo, ¿no sostenemos también que lo masculino es la salida? ¿Acaso no nos regodeamos enseguida con la metáfora lacaniana del pene en el bolsillo? ¿Cómo puede ser, entonces, que lo masculino opere desde antes? El sexo solamente entra por el falo. Entonces, ¿cómo hacer operar el falo durante los primeros seis meses de vida, en plena etapa oral canibálica? La estructura de esta lógica parece no estar cerrando muy bien...

Pasemos al famoso párrafo que Lacan tomó de Freud, el de «Psicología de las masas», en la página 101:

«Dijimos que la identificación es la forma primera, y la más originaria, del lazo afectivo; bajo las constelaciones de la formación de síntoma, vale d ecir, de la represión y el predominio de los mecanismos del inconsciente, sucede a menudo que la elección de objeto vuelva a la identificación, o sea, que el yo tome sobre sí las propiedades del objeto. Es digno de notarse que en estas identificaciones el yo copia en un caso a la persona no amada, y en el otro a la persona amada».

Se acuerdan de cómo viene el párrafo: Freud está discutiendo los síntomas en las histéricas.

«Y tampoco puede dejar de llamarnos la atención que, en los dos, la identificación es parcial, limitada en grado sumo, pues toma prestado un único rasgo de la persona objeto ».

Acá está el «rasgo unario». Freud dice —y no lo dice al pasar— que debe ser concentrado y reducido a un único rasgo. La identificación primaria es a un rasgo. Pero, ¿por qué? ¿Por qué no, a dos? Freud está diciendo que la identificación primaria al padre, que condiciona la posibilidad del Edipo, es a un único rasgo. ¿Por qué?. Y, más aún, ¿cuál es ese rasgo? Ese rasgo, ¿se caracteriza por ser uno específico? Si no es ninguno en particular, esto es, si Ustedes no quieren aceptar preguntar cuál es específicamente ese rasgo porque podría ser uno cualquiera, entonces, ¿por qué decir que es del padre? Pondré un ejemplo burdísimo: yo tengo muy delgados lóbulos en mis orejas. Tanto es así que mis hijos me hacen objeto de burlas de toda clase. Ahora bien, supongan que ellos se identificaron, como rasgo unario, a ese delgado lóbulo de oreja... ¿No podría acaso ser é se un rasgo de la mamá de los chicos? ¿Cómo me hace padre un rasgo único, si no es el falo? Si no es el falo, ¿cómo puede ser que un rasgo me tome por padre? Es contradictorio que el rasgo deba ser único y paterno, no pudiendo ser el falo porque es oral y previo al Edipo —siendo el Edipo, a su vez, lo que condiciona la posibilidad del advenimiento de la lógica fálica.

Les leeré ahora un pasaje de la página 33 del tercer capítulo de «El Yo y el Ello»:

«Ahora bien, comoquiera que se plasme después la resistencia del carácter frente a los influjos de investiduras de objeto resignadas, los efectos de las primeras identificaciones, las producidas a la edad más temprana, serán universales y duraderos».

O sea que todo sujeto humano se identifica a un rasgo del padre —es universal, vale para todos.

«Esto nos reconduce a la génesis del ideal del yo, pues tras este se esconde la identificación primera, y de mayor valencia, del individuo: la identificación con el padre de la prehistoria personal».

"Prehistoria personal", en Freud, es desde antes del nacimiento hasta antes del Edipo; no se trata de la historia de los abuelos en Europa... ¿Qué es en Freud el padre de la prehistoria del Edipo? ¿No es acaso el padre el interdictor de la relación madre-niño? ¿No hace falta, primero, la dupla madre-niño para que advenga allí un padre en posición tercera, que separe madre y niño? No tenemos cómo definir a un padre anterior, en la prehistoria del Edipo, porque el padre cobra significación recién en el Edipo. Y nosotros, que somos muy avezados para estos problemas, podríamos preguntarnos enseguida: ¿y un huérfano de padre? Eso no importa, se trata de cualquier persona que funcione como interdictora en la relación incestuosa madre-niño. Ven que primeramente hace falta la madre en una relación incestuosa con el niño, para que el padre tenga algún atributo posible en psicoanálisis. ¿Cómo puede ser, entonces, que la identificación primera sea al padre, si no es ni fálica ni interdictora del sujeto? Porque el padre, para Freud, adviene antes que la madre. Es un problema teórico importante.

Para Lacan, la función paterna se elabora mediante el concepto de Nombre-del-Padre. La maniobra de Lacan es muy fuerte e interesante. Pero no pierdan de vista que, al menos en un sentido, no es un neologismo —lo toma del rezo cristiano y católico. El Padre, el Hijo y el Espíritu Santo conforman la Trinidad. Lacan lo toma de allí. Pero el problema que tenemos de vuelta es que no es como el objeto a, que es álgebra. Hay que pensar qué quiere decir con eso. Pero, tomándolo del rezo católico, la pregunta que les planteo es ésta: para Lacan, el padre normal, ¿es Dios? A lo que voy es que para Freud sólo se justifica la existencia de Dios por el enaltecimiento del padre. En realidad, es consecuencia de la culpa de haber asesinado al padre de la horda lo que se empieza a elaborar, y termina produciendo un Dios único y enaltecido. Pero Lacan no nos propone que se entiende a Dios mediante el padre. Lacan lo propone al revés: se entiende la función que deben cumplir los padres mediante el Dios del catolicismo. Se podría decir que la religión nos ganó en un paso. Es muy rara la incorporación de un artículo de fe religiosa católica para dar cuenta del padre normal. Él está proponiendo que es la estructura normal de todo padre. Pero, ¿por qué lo levanta del rezo católico? ¿Es que el psicoanálisis se sostiene en la doctrina religiosa? Los psicoanalistas nos creemos en posición de dar cuenta, en cierta manera, de por qué hay religión. Pero en este caso se han invertido los términos: es la religión la que viene a explicarnos cómo funcionan las cosas. Piénsenlo respecto de la patología. Piensen en el dios de Schreber. El dios de Schreber, ¿creen Ustedes que es más bien el enaltecimiento de su madre o de su padre? Según Freud, del papá y un poco del hermano, por la tendencia homosexual. Para mí, es el padre.

Con lo cual, yo solamente veo funcionar —por ejemplo, en los historiales freudianos— al padre como Dios en un caso de psicosis. De suerte tal que lo que yo comprendo del Padre como Nombre-del-Padre es la alteración total del padre normal. Me parece que no conviene plantearse ni un instante la pregunta de si Freud era más bien machista —después vino Klein, que era feminista, y, más tarde, Lacan que, de vuelta, era ¡re-machista..! También leí y escuche en conferencias de famosos lacanianos argentinos que lo que Lacan siempre criticó a Freud es la no elaboración de su condición judía, y que hay muchas cosas de la teoría psicoanalítica que en realidad son porque Freud era judío y nunca analizó bien estas cosas; y que es por ser judío que el psicoanálisis tiene ciertos conceptos. Yo les pregunto, ¿se trata de que Freud es judío, y Lacan, católico? Yo no tomaría esta vía. Me parece que es una vía estéril para la discusión científica entre nosotros —aunque sí me parece que no habría que olvidar que el hermano de Lacan es un cura jesuita.

Pregunta: [inaudible].

A.E.: No, lo que yo digo es que sí veo funcionar al padre como dios en la psicosis. Lo que digo es que si vamos a articular el padre normal con Dios, vamos a tener que pensar de qué manera, porque en la clínica psicoanalítica se verifica que cuando un paciente dice que su padre es un dios que quiere violarlo a cada rato, o que no lo deja descansar ni un minuto, más bien pensamos que es psicótico. Con lo cual, hay un problema en la designación de su concepción de «Padre» por parte de Lacan, casi a contrario absoluto de la teoría psicoanalítica. El Padre, para Lacan, es el significante de la ley; y la psicosis, su ausencia radical —nosotros la llamamos su «forclusión».

Si lo aceptan, va a haber problemas. Primero, les pregunto: ¿ha verificado alguno de Ustedes, en su clínica, que los psicóticos tengan algún problema en especial con la ley? Les advierto de que la respuesta más común es que no. Veamos la cosa en términos estadísticos: si a los psicóticos les faltara verdaderamente la ley, deberían, por ejemplo, pasarse violando niñas todo el tiempo. Y me da la impresión de que no es eso lo que se verifica. Creo incluso que los psicóticos suelen ser ‘más papistas que el Papa’: te pagan religiosamente los honorarios (ahora que lo pienso, aquellos que no me pagan quizás sean los que verdaderamente carecen de ley...). ¿Hay acaso más psicóticos ladrones que ladrones no psicóticos? ¿Qué quiere decir, entonces, que los psicóticos carecen del significante de la ley?

Ahora bien, si Ustedes me dijeran que "No, el cumplimiento de la ley en el psicótico es justamente el testimonio de la ausencia de la ley", si me lo argumentaran así, es decir que, sea blanco o negro, el psicoanalista siempre tiene razón, yo se lo aceptaría, pero advertir ía perfectamente que de ese modo no procederíamos científicamente en lo más mínimo. Tal vez tengan ganas de decirme que el padre es el representante del significante de la ley de la interdicción del incesto. Muy bien, muy bien. Pero, en ese caso, las niñas violadas por sus padres deberían ser, todas ellas, prepsicóticas —y eso tampoco se verifica. Sabrán que hay muchos casos de padres que violan regularmente a sus hijas durante muchísimos años. Y si fueran Ustedes las psicólogas de ese servicio de nenas violadas regularmente por sus padres o padrastros, ¿temerían encontrar un alto porcentaje de psicosis? Ni lo pensarían siquiera. En cambio, sí pensarían en el "trauma" —no sé que quiere decir eso — que eso dejaría en esa niña. Pero tampoco se verifica tanto ese pretendido trauma. Si uno atiende mujeres adultas violadas por su padre, no necesariamente verifica ese trauma que todos suponemos que va a quedarle. Es bien extraño el tema.

Les propongo pensar en que, si el padre es el representante d e la interdicción del incesto, ¿cómo puede ser que un caso de incesto, como modalidad normal de satisfacció n del padre, no produzca una psicosis? Con lo cual, la psicosis parece ser independiente de la ley en general, y de la interdicci ón del incesto en particular. El problema es difícil y no se puede resolver intuitivamente y, en especial, por el problema de que todos tenemos padres. Algunos de nosotros somos padres y cualquier problema teórico de esa índole se nos empasta enseguida por nuestra vinculación afectiva a la función paterna de nuestro padre, a la nuestra, etc. El problema, tal como lo manejamos, no hace más que producir contradicciones por doquier.

§

Les propuse inicialmente problemas específicamente freudianos. Les presentaré ahora problemas que considero "lacanianos" —pero no de Lacan— que suelen suscitarse a partir del hecho de que Lacan conciba al Padre como Nombre-del-Padre. Hay por cierto muchos otros problemas relativos a estas cuestiones que, por el momento, dejaré de lado.

Suele afirmarse que un tío, una abuela, o un padrastro pueden funcionar como «Padre», esto es, que no necesariamente el padre funciona como «Padre». La pregunta que me cabe es, si el padre puede ser el tío o la abuela, ¿para qué lo llamamos "Padre"? Cualquier lacaniano puede escribir que "el padre legaliza a la madre". Pero quisiera preguntarles: ¿las madres son siempre enloquecedoras? Si dicen que a veces sí, entonces me es evidente que también, a veces no. Con lo cual, eso de que "Padre legaliza a la madre" no se aplica como categoría universal.

¿Son los padres los normalizadores? He escuchado una y mil veces casos de padres muy agresivos y violentos que caían presos recurrentemente, que golpeaban gravemente a sus hijos, a sus esposas y a sus madres; padres muy trasgresores, que consumen y venden drogas, y que hasta violan regularmente a más de uno de sus hijos. Escuché decenas de veces sobre esta clase de casos, en diversos servicios de hospitales. Lo curioso es que otras tantas veces he escuchado la opinión que sobre estos casos se forman las psicólogas de estos servicios: "A mí, este hombre, me hace recordar al padre de la horda primitiva". ¿Leyeron alguna vez que Freud haya puesto a trabajar la teoría del padre de la horda primitiva para explicar casos de padres violentos? ¡Para nada! Jamás. Porque para Freud esa teoría no sirve para explicar la psicología del padre violento. Lo único que explica el padre de la horda es el Superyó híper-severo.

Freud se pregunta de dónde sale un Superyó siempre concebido por el papá, porque el Superyó es m ás severo que todo papá. Si aquí alguno de Ustedes es papá, intente tranquilizar a un chico que tiene autorrecriminaciones superyoicas, y verá que no lo logrará. Con lo cual, es mucho más severo el Superyó que el propio padre. Y Freud utiliza la teoría de la horda primitiva para explicar este Superyó de cada uno de nosotros, pero jamás para explicar la psicología del padre violento. Eso se nos corrió de ese modo porque no terminamos de poder articular finamente, en la teoría, todas estas contradicciones. Y ese corrimiento produjo un desplazamiento de toda la clínica: ahora nos recuerda a tipos así, que los hay, y que en la clínica de los post-freudianos se denominan "psicópatas". Y no sé porque no seguir llamándolos "psicópatas". Lacan rechaza esa designación porque psico-pathos no quiere decir nada, es una palabra hueca. Pero creo que está bien llamarlos de ese modo, siempre y cuando no se los confunda con perversos. Éste fue el problema de la clínica de los post-freudianos: confundían los psicópatas con los perversos. Y un tipo como el que yo describí no tiene nada de perverso, en el sentido estricto de la teoría psicoanalítica.

Y bien, para estar a punto de concluir, quisiera plantearles —quizá ya lo hayan olvidado— que hay mucha gente joven presente que probablemente esté formulándose la siguiente pregunta: ¿cómo es que una madre psicótica puede tener un hijo normal? Todos sabemos que una cosa no tiene nada que ver con la otra, pero no entendemos bien por qué es así . Y es más, podría formularles esta otra pregunta: ¿cómo puede ser que una madre normal tenga un hijo psicótico? Éste es un problema que se presenta en todas las residencias y concurrencias de todos los hospitales, porque al principio la gente lo piensa pero luego van haciéndose psicoanalistas y dejan de pensar... Podemos incluso preguntarnos cómo es que una madre normal o psicótica —ya es todo lo mismo— pueda tener un hijo psicótico y otro normal. Se dice que se verifica que en familias con antecedentes psicóticos hay más psicóticos que en otras familias. Y me parece que algo de eso se da. Lo que en la clínica post-freudiana se llamó "familia pat ógena" está muy bien. Pero si se tiene más de un hijo, la pregunta se nos hace más grave cuando consideramos casos de hijos psicóticos y normales en una misma familia. ¿Cómo se explica que uno de ellos pueda no salir psicótico? Suele explicárselo diciendo que la historia de cada cual es particular y distinta. Yo tambi én lo he pensado. Pero si la historia es distinta, ¿qué significa que no esté el significante del Nombre-del-Padre en el Otro del sujeto, si el Otro del sujeto es representado por la madre? Ése es el problema.

O sea, nosotros no somos no-psicóticos porque el lenguaje, el castellano, está bien armado —tiene que producirse una maniobra en cada historia particular. Pero, siguiendo con esta línea de pensamiento, ¿cómo puede ser que quien no lo tiene, sí pueda transmitirlo a un hijo y no a otro? Y la misma pregunta vale para aquel que sí lo tiene.

Pero esas preguntas son más comunes que estas dos que voy a proponerles ahora. Mi impresión es la de que éstas tienen tanta validez como aquéllas, pero son mucho menos comunes: ¿cómo puede ser que un padre psicótico tenga un hijo normal? Si el Padre es el representante de la ley, y él está psicótico, entonces él no tiene la ley; y mal podría un psicótico introducir la ley para un hijo. Estoy desafiando esa ley universal que dice que todo psicótico tendrá un hijo psicótico. No la afirmo en ningún modo. No se constata que los psicóticos tengan hijos psicóticos. Eso no se verifica para nada, ni siquiera se lo comprueba en un alto porcentaje estadístico. ¿Cómo puede ser?

Ahora bien, todos estos problemas se me presentaron al comienzo mismo de mi estudio del Edipo en Freud, o sea, muy tempranamente en mi vida. Seguramente —no lo digo en broma— a consecuencia de los problemas que había en la estructuración de mi propio Edipo y de mi necesidad de analizarme personalmente. Seguramente haya sido así. De cualquier manera, durante mucho tiempo no logré encontrar una cabal explicación y ordenación para estos problemas. Finalmente, conseguí ordenarlos. Por eso quería proponerlo a vuestra reflexión. Quisiera ver si en el transcurso de nuestros encuentros puedo aportar cierta lógica para pensar estos problemas, cierta vía que encontré y que luego seguí investigando.

Se me planteó la solución cuando pude armar conjuntamente todo este sistema de preguntas. No es que las preguntas se me plantearon así, una tras otra —tengo, al igual que Ustedes, muchas otras preguntas. El psicoanálisis se plantea preguntas por todos lados, pero ocurre que habitualmente no hacemos esta contrastación de partes. Avanzamos por jirones que nos parecen coherentes. Pero el psicoanálisis no hace un sistema ni lo hará nunca, porque el orden simbólico —es de lo que les hablaba al comienzo— no podrá hacerlo jamás, ya que está cambiando permanentemente.

Pero otra cosa muy distinta es sostener afirmaciones absolutamente contradictorias en el centro mismo de la teoría. Digo, estos problemas se me ordenaron a partir de un párrafo de la clase 18 del Seminario 11 de Lacan. Es un párrafo crucial que me aportó una clave para orden ar este conjunto de problemas y lanzarme a una investigación que lleva ya varios años. Verán que es un párrafo que no ha sido prácticamente comentado, siquiera por los más prestigiosos psicoanalistas lacanianos. Está en la página 246 de la edición castellana:

«Por ejemplo, la dimensión psicótica se introduce en la educaci ón del débil mental en la medida en que el niño, el niño débil mental, ocupa el lugar en la pizarra, abajo y a la derecha, de ese S, respecto a ese algo a que lo reduce la madre — el mero soporte de su deseo en un término oscuro. Nuestra colega Maud Mannoni, en un libro que acaba de salir y cuya lectura les recomiendo, trata precisamente de designar esto a quienes, en una u otra forma, pueda tocarles recoger el guante.

En la psicosis, con toda seguridad, se trata de algo del mismo orden. Esta solidez, esta captación masiva de la cadena significante primitiva impide la apertura dialéctica que se manifiesta en el fenómeno de la creencia.

En el fondo de la propia paranoia tan animada, en apariencia, por la creencia, reina este fenómeno de Unglauben».

Éste es el término: «Unglauben». «Un» es en alemán el prefijo privativo, y «Glauben» es "creencia". Habrán visto que en psicoanálisis siempre nos resulta mucho más asequible a nuestra reflexión y a la aplicación de nuestros conceptos, el polo paranoico de la psicosis que el polo esquizofrénico —es más apta. Entonces, Lacan dice que en el centro de la paranoia se trata de la Unglauben, a pesar de estar totalmente animada de creencia. ¿Que es lo que está totalmente animado de creencia? ¿Lo entienden? Podemos decir que el paranoico se cree perseguido. Si Ustedes intentan convencerlo de que no está siendo perseguido, se darán cuenta de que no sirve para nada, porque está animado de una profunda creencia. Podríamos decir que se trata de una creencia delirante. Sin embargo, lo increíble es que Lacan diga que en el núcleo de la paranoia hay una, por así decirlo, "increencia".

«No el no creer, sin la ausencia de uno de los términos de la creencia, el término donde se designa la división del sujeto. En efecto, si no hay creencia que sea plena y entera es porque no hay creencia que no suponga en su raíz que la dimensión última que tiene que revelar es estrictamente correlativa al momento en que su sentido va a desvanecerse».

No voy a comentar este párrafo, sino proponerles que, para Lacan, en el núcleo de la patología psicótica mejor estudiada —la paranoia—, se trata de la "increencia" a pesar de que hay un retorno fenoménico sistemático de una certeza en la creencia que es muy difícil de conmover. Está la polémica con Kraepelin: no es verdaderamente "inconmovible". Se trata de que no puede cambiarlo conversando con alguien, esto es, está cerrado a la composición dialéctica —y eso no quiere decir que no cambie la creencia, que la creencia sea "inconmovible". Es pues una creencia cerrada a la composición dialéctica.

Lo que Lacan propone —no creo que a Ustedes se les escape— es que, en este párrafo, está intentando armar esa serie de casos tan raros, los de la debilidad mental, la psicosomática y la psicosis, por la vía de la noción de «holofrase». Y va a introducir con relación a esta problemática —entiendo que específicamente para la paranoia— el problema de la "increencia".

Les he propuesto para este año una discusión profunda y minuciosa de los desarrollos en Freud de la noción de «Padre» porque, de lo que se trata —es éste el horizonte de mi propuesta— es que, primero que nada, no hay un Dios omnipotente. Ése es un error nuestro. Dios, el Dios del monoteísmo, no es omnipotente. ¿Alguna vez discutieron los primeros párrafos del Génesis con algún niño? Porque ellos piensan, y siempre preguntan por las contradicciones del argumento del texto bíblico. Nos parece muy evidente que el Dios Uno, que nosotros creemos que está en la base de la argumentación religiosa del Antiguo Testamento, es omnipotente. Ése es un error garrafal. Hay por cierto muchas modalidades del Dios Uno. Hay que pensarlo.

No hay un único Dios. No hay una única modalidad del Dios Uno, sino varias. Y no necesariamente el Dios Uno es omnipotente. Con la cual, la pregunta por el Dios en la psicosis no nos tiene que traer muchos problemas respecto del Nombre-del-Padre. Yo hoy los estaba engatusando, porque suponía que no tenían despejado este problema de que no todo Dios Uno es omnipotente. Más aún, voy a tratar de demostrarles que el Dios Uno de la Biblia es profundamente autolimitado. De modo que no tiene nada ver con los fenómenos de infinitización típicos de la psicosis.

Por otra parte, el problema de la «Unglauben» se plantea por la cuestión de la creencia. Y, ¿por qué se plantea el problema de la creencia? Justamente porque la condición subjetiva que debe instaurar la metáfora paterna es el advenimiento de aquello en lo que puede creerse. Y aquello en lo que puede creerse, por ejemplo, es el inconsciente. Se puede creer en eso, o quizá no se pueda creer en eso. Es la base de otra famosa y enigmática frase del Seminario 11: «Dios es inconsciente». Es precisamente la otra frase terrible de este seminario, que implica justamente ese problema. Es decir que lo que establece e instaura legalmente el Nombre-del-Padre, por la vía de la metáfora paterna, es la existencia de aquello en lo que se puede creer; por ejemplo, en la existencia de Dios.

Lean Schreber y verán que antes del desencadenamiento él testimonia que no creía en Dios. En realidad, con Lacan, lo que tenemos es que Schreber no podía creer en Dios, salvo en ese Dios que quería violarlo. Vieron que a Schreber Dios le hacia ocupar el baño cada vez que él quería ir. ¿Se acuerdan de ese tormento? Claro que si vos vas al baño y está siempre ocupado, ¿cómo no creer? Ahí es muy fácil creer porque es un testimonio de lo real. No se trata allí de la creencia, sino de un testimonio de lo real. En la psicosis, justamente por la ausencia del funcionamiento paterno, lo que no adviene son las existencias. Y el vínculo subjetivo con relación a las existencias es precisamente el de la creencia.

Para concluir, un hecho clínico. ¿Vieron la regularidad de la muerte del sujeto posteriormente al desencadenamiento de la psicosis? Agucen el oído y van a ver que el psicótico testimonia que él ya murió, del mismo modo que en el momento en que Schreber dice haber leído, en las necrológicas, la noticia de su propia muerte. Les propongo que la muerte del sujeto —es una idea fuerte— es regular. No me animo a decir que es universal, pero es regular como manifestación cl ínica posterior al desencadenamiento. Esto puede sernos de utilidad clínica. Muchas veces nos preguntamos si ya se desencadenó o no.

La psicosis avanza por brotes, pero el desencadenamiento es uno. ¿Están seguros de que el primer brote es siempre el desencadenamiento? Lacan no lo afirmó nunca. Lacan dijo que el desencadenamiento es la rotura del cristal y que después de eso todo es distinto. Pero el problema que tenemos es que la psicosis regularmente cursa por brotes. La clínica tiene que estar muy atenta al problema del brote para saber cómo operar si está por venir otro brote. Pero si el brote es en plural, ¿có mo saber cuál de ellos fue el desencadenamiento, que en sí mismo es uno? Si Lacan dice que todo cambia despué s, se trata entonces de la rotura del cristal. ¿Cómo saber, entonces, cuando se trata del desencadenamiento o de un brote? Para saberlo, les propongo lo siguiente: vayan a buscar la muerte del sujeto. Porque una consecuencia clí nica directa del desencadenamiento de la psicosis es la muerte del sujeto. Por supuesto, eso no quiere decir que no haya sujeto en la psicosis. Si hay un sujeto humano hablante, hay sujeto. Más aún, el sujeto humano hablante es la entrada del psicoanalista en la psicosis. Hay sujeto humano hablante, no se trata sólo de neuronas. Si es sujeto humano hablante, hay Otro. Pero habiendo sujeto y Otro, lo que el sujeto psicótico testimonia es de la muerte del sujeto. Y entramos así en la paradoja de que el sujeto testimonia que el sujeto ha muerto. Porque la subjetividad es una existencia y, en cuanto tal, dados el desencadenamiento de la psicosis y la manifestación del problema de la «Unglauben», entonces todas las existencias tienden a desaparecer. Si es del lado del sujeto, la desaparición de las existencias se manifiesta como muerte del sujeto; si es del lado del Otro, se manifiesta como fantasía de fin del mundo que encontramos regularmente —el que ha muerto es aquí el mundo. Y, como sabrán, no alcanza con que Ustedes le digan que el mundo no ha muerto, que se dé cuenta de que los autos siguen andando fuera del consultorio.

Entonces, la clave que les propongo para resolver el problema es la designación por parte de Lacan del Padre como Nombre-del-Padre, porque, así designado, directamente nos remite al problema —primeramente trabajado por la religión— de la «creencia». Y la creencia remite al estatuto de las existencias.

Observen que cuando el niño pregunta al padre o a la madre si cree en Dios, está ya operando un nuevo creyente. Pero, ¿la pregunta sólo puede aparecer bajo esa sola forma? ¿Cuál es la forma más típica de preguntarse por Dios? «¿Dios existe?». Es decir que el problema es la existencia de Dios. Y no se olviden de que el tema, el nuestro, el de la tradición monoteísta judeocristiana, es el de la existencia de Dios.

Pueden buscar en un diccionario de filosofía las pruebas que se han dado acerca de la existencia de Dios, como por ejemplo la de San Anselmo. El cristianismo se caracterizó por tratar, por primera vez, de dar argumentos racionales para la existencia de Dios. Y el problema es qué quiere decir Dios como existencia —remite al problema de las existencias.

Hoy, justamente, con unos colegas de Apertura estuvimos discutiendo un caso de psicosis en que no quedaba claro si para el psicótico el Otro existía, porque siempre tomaba a cualquier persona que representaba al Otro, como el Otro en sí mismo. Pero no se manifestaba netamente para ese sujeto psicótico la existencia del Otro. Digo, para hacerlo más claro, yo puedo estar representando a Burundi; pero la pregunta que Ustedes pueden formularse es la de si yo efectivamente lo represento: me pedirán, así, las credenciales de esa representación. Pero otra cosa muy distinta es si Burundi existe como tal —la existencia de lo Otro que uno representa.

La función paterna se caracteriza por no introducir la interdicción del incesto. Ésa es una forma etnoló gica y antropológica de pensarlo, esto es, no tiene mucha relación con el hecho de copular entre padres e hijos, sino que la función paterna radica fundamentalmente en distinguir la Madre —cuya definición precisa estudiaremos en la próxima reunión— del Otro. Pero, para poder hacer esta distinción, hace falta sostener que el Otro existe, porque el Otro no coincide con nadie. No se le puede decir al niño "Mamá no es el Otro, porque el Otro es la tía"... Mamá no es el Otro porque el Otro existe. Con lo cual, mamá no puede ser más que un representante del Otro. Y en la psicosis eso no está. Los problemas del todo, de la infinitización, de la totalización, advienen en la psicosis justamente porque no ha funcionado la metáfora paterna, cuya función no es la de introducir la interdicción del incesto, sino la de distinguir la madre de carne y hueso, que representa una función, del Otro. Pero eso solamente se logra si se da la posibilidad de la existencia, y, para verificar que hay existencia, tiene que haber creencia —porque el vínculo entre el sujeto y las existencias es la creencia.

¿Ven por qué se nos mezcla con lo religioso? Porque Dios es una existencia y justamente todo el problema de toda dimensión religiosa es la creencia, que podría estar expresada mediante la fe. Fe que también es el producto de la tradición judeocristiana —la fe del Antiguo Testamento es inexistente, como tal, en Grecia. En realidad, hace falta que el Dios sea Uno: ¿cómo tener fe en un dios, si puede también haber otro?

Con lo cual, la fe adviene en esta tradición. Y es porque la fe y la creencia advienen en esta tradición, que nosotros designamos, con un término de esta misma tradición, a la función que sostiene las existencias y a la creencia. Tomamos del catolicismo el término mediante el cual la designamos.

Y en la India, en donde no son católicos, ¿puede haber psicóticos? Sí, puede haberlos. Es decir que también puede haber no psicóticos. Pero, para ellos, ¿opera el Nombre-del-Padre? No, no sabemos cómo es para ellos, no sabemos cómo esto se arma, porque debe ser introducido en cada caso. La maniobra que hace que uno no sea psicótico es de cada caso, porque si fuese por el orden simbólico, todos seríamos normales ya que no se trata de que el castellano haya fallado para alguien, o que una lengua cualquiera no haya funcionado para alguien. En nuestro caso, en nuestra tradición cultural, debe ser mediante algo que sea concebible como Nombre-del-Padre porque, en nuestra tradición —a la que se aplica el psicoanálisis—, las creencias se sostienen mediante articulaciones dentro de esa tradición. En otras tradiciones culturales, esto puede operar de otro modo. Es el problema de Malinowski cuando fue a Samoha y dijo que Freud se equivocaba porque el Edipo no era verificable allí, ya que allí las chicas podían perfectamente estar con sus padres. Es de hecho más frecuente el avunculado que el padre, como prohibición del incesto. ¿Y por qué lo designamos sólo en nuestra tradición? Porque el psicoanálisis se aplica sólo en esta tradición. En nuestra tradición, la creencia está sostenida por Dios.

Pero observen que Dios es inconsciente. Uno puede escribirlo así:

---

Y si yo digo que A es B, ¿no puedo escribirlo «A = B»? ¿Entienden el problema lógico de «A =B»? Si es «A = A», entonces no se puede predicar nada de eso. Otra cosa es por la vía tautológica, que no es verdaderamente un límite a la acreditación. Uno está autorizado a decir que «A es B». Con lo cual, esta formula de «Dios es inconsciente» es verdaderamente el problema..........................

[Cambio de cinta]

.......................¿Entienden por qué? Porque existen las existencias. No importa si se llama «Dios» o «inconsciente». ¿Acaso no conocen Ustedes a muchos psicoanalistas pseudo-ateos que creen en el inconsciente? Digo, ¿les resulta inconcebible? Ven que se puede creer en el inconsciente. Pero lo que no se puede hacer es dar pruebas categóricas del inconsciente, en el sentido tridimensionales real, así como no se puede dar pruebas de Dios. Yo no puedo decirles: "Observen, ésta es una partícula de Dios". ¿Qué prueba material puedo dar yo de la existencia de Dios? No tengo pruebas materiales de la existencia de Dios. Por eso la Iglesia misma desconfía tanto de los estigmas, porque sería una prueba tridimensional real. La Iglesia es muy cuidadosa con eso.

Si Dios existe, el inconsciente existe. Pero si Dios es una existencia, cuidado, porque tengo que argumentar muy bien para decir que Dios no es una omnipotencia; porque si no, el inconsciente sería equivalente a psicosis. Y justamente verificamos lo contrario: que las formaciones del inconsciente no operan en la psicosis.

En nuestra próxima clase vamos a trabajar con el mito de la horda primitiva, o sea, «Tótem y tabú», «Psicología de las Masas y Análisis del Yo», «Moisés y la Religión monoteísta», y «Mas allá del Principio del Placer»; cuatro textos en los que aparece bien desarrollado el mito, para ver qu é concepción le da Freud y para qué.

Establecimiento del texto: Lic. Luciano Echagüe


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