
Seminario
Periodismo de
divulgación científica
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Organizado por PsicoMundo
Dictado por : Hector Becerra
Clase 1
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Sumario: Presentación del seminario. Metodología de trabajo. Un seminario por internet: ¿género o servicio? "Saber es poder". Interdisciplina y transdisciplina. Lenguaje amo y lenguaje bárbaro. Enfermedades de la posmodernidad. El cogito de Descartes. La sabiduría de la incertidumbre de Tolstói. La histérica separa el organismo del cuerpo. ¿Cómo hablar de la enfermedad? Intersubjetividad. Sujeto-conocimiento-objeto. El autor aparece en escena. Historial clínico y artículo periodístico de opinión.
Quiero comenzar este seminario agradeciendo a todos aquellos estudiantes y profesionales que han decidido acompañarme en esta propuesta de estudio y de trabajo. Un proyecto que a priori- suponía absolutamente novedoso. Sucede que la inscripción de ustedes -sus lugares de origen, sus estudios, sus profesiones- me acompaña en la propuesta de estudio, como si en la respuesta de ustedes percibiera mejor lo que estaba en mi imaginación. A pesar de que tengo alguna experiencia en la docencia, este seminario por sus contenidos y su instrumentación constituye para mí una experiencia nueva, así que si bien por un lado me inquieta, como todo lo nuevo, por el otro me resulta totalmente estimulante.
Debo plantear algunas cuestiones respecto de la metodología de trabajo. La primera dificultad con la que me he encontrado al comenzar a estructurar las clases es si debía escribirlas como se suele escribir un artículo, o un ensayo; o copiarlas casi al dictado un auto dictado ¿no?- de forma tal como se me iban ocurriendo.
En la matrícula noto que hay inscriptos que están realizando maestrías y doctorados y otra cantidad que ya los ha realizado, de allí que este seminario actualiza de alguna manera la idea de educación permanente, la cual celebro. Pero, por otra parte, entiendo que este seminario no intenta constituirse en una especialización más, de hecho tal vez- nos permita, en algún momento, esbozar una crítica al discurso universitario; voy a tratar entonces- de dejar de lado el lenguaje académico y optar por un estilo narrativo que si tuviera que definir rápidamente diría que pasa por la oralidad.
De allí que si hubiera una cámara en el monitor de mi PC ustedes me verían tratando de escribir lo más rápidamente posible, aunque no escribo muy rápido, casi como si estuviera hablando y me verían detenerme en ciertos momentos para tomar algún libro, o alguna enciclopedia, que pudieran darle rigurosidad a la idea, el concepto, etc. que estoy desarrollando. Puede suceder también que tome del texto algún párrafo; pero, no le voy a dar estatuto de cita, quiero decir que no voy a tomar el párrafo, transcribirlo puntualmente, entrecomillarlo, mencionar página, párrafo, etc. Todo ello con la aspiración de no quitarle dinámica al dictado del seminario.
En este momento se me ocurre pensar en Humberto Eco, quien en Apocalípticos e Integrados sostuviera que la televisión era más un servicio que un género. En esa línea de ideas, nos parece que un seminario por internet reabre esta cuestión ya que allí se cruzan y se intercalan géneros narrativos: aparecer escribiendo lo que se intenta hablar.
Claro, cuando alguien va a dar una clase también suele armar un esquema de lo que va a decir, si es inseguro, o tiene poca experiencia, o simplemente- si es muy meticuloso, tal vez arme la clase casi textualmente, ocurre que en el momento en que se da efectivamente la clase, la voz del orador, los gestos, la entonación, etc. le dan al texto una continuidad, una consistencia, un estatuto compensatorio, que el texto en sí mismo no tiene.
En este sentido, la clase a través de internet parece recoger lo peor de la situación ya que sostengo que voy a tratar de escribir como hablo; pero, luego no voy a poder estar ante ustedes supliendo con mi voz, mi entonación, o mis gestos, lo precario del texto. Es obvio que esto es lo que hace que cuando se trata de un texto escrito el autor busque darle rigurosidad trabajando la gramática, la semántica, etc. Pero, hablando de géneros, supongo que ustedes aspiran a participar de un seminario, por lo tanto qué pasaría si yo en un intento de asegurar(me) un cierto academicismo, o una cierta sapiencia, les terminara enviando al sitio artículos o ensayos; es decir, una producción más relacionada con la escritura que con lo oral.
Con respecto al programa que ustedes deben haber leído y evaluado me imagino que habrán notado que no se puede encorsetar los temas de la manera propuesta, o tal vez sí. La cuestión es que los planteé de la forma en que lo hice en un intento de presentación. Como tampoco quiero ir de una cuestión rígida a una demasiado caótica les presento un sumario donde sí aparece puntualmente los temas ha desarrollar.
Entiendo también que en el terreno del psicoanálisis se utilizan ciertos códigos que nos hacen formular que si vamos a hablar de "conocimiento" tendremos que diferenciarlo del "saber", porque el saber es inconsciente y el conocimiento no.
No quiero, ni creo, estar al margen de estas cuestiones pero intentaré utilizar un lenguaje amplio, un lenguaje que se dirija no sólo a los psicoanalistas, sino a los historiadores, a los sociólogos, a los trabajadores sociales, a los docentes, etc. que han tenido la gentileza de acercarse a mi propuesta. No desecho la rigurosidad lingüística porque entiendo que luego deviene rigurosidad semiológica y ésta no sólo se ocupa de los significados, su uso denotativo; sino y, fundamentalmente, de la forma en que las palabras connotan en la realidad. Freud decía que uno hace concesiones en las palabras y luego termina cediendo en casi todo. Creo entender a qué se refiere el padre del psicoanálisis: él debió fundar un lenguaje y los seguidores de esa teoría debieron utilizarlo no sólo para comunicarse, sino para encontrar un lugar identificatorio.
Pero aspirar a que profesionales de diferentes disciplinas utilicen el lenguaje psicoanalítico me hace pensar que siempre ha existido una lengua determinada que intenta funcionar como idioma universal. Esto ha sucedido como efecto de una conquista o una colonización donde los pueblos sometidos se han visto obligados a adoptar la lengua del conquistador, o bien el caso contrario, que los invasores poco a poco han ido abrazando la lengua del pueblo conquistado.
De allí que constituya un nuevo desafío fundar un lenguaje multidisciplinario que sirva para ir pudiendo comunicar nuestras vivencias, nuestros conceptos. El respeto por cada uno de los lenguajes nos permitirá ir avanzando en la noción de interdisciplina, entendiendo por tal aquello que puede desplazarse de una disciplina a otra, o lo que tienen de común dos o más disciplinas; pero también debemos hablar de transdisciplina entendiendo por tal los límites que iremos encontrando entre las disciplinas y esto es bueno recordarlo porque entiendo que cuando hablamos de interdisciplina ronda el fantasma universitario de lo ecléctico; es decir, la suma de lo mejor de cada una de las teorías. Diferenciemos en principio, interdisciplina de eclecticismo.
Como ustedes ven hemos tenido que dar un rodeo que no es completamente aleatorio, sino que hace a lo que intentamos pensar y decir y a la forma en que lo hacemos. Espero entonces contar con la paciencia y la tolerancia de ustedes para poder ir lidiando con todas estas cuestiones en lo que les decía supongo una experiencia absolutamente inédita.
Nos tocan vivir horas cruciales en todo el mundo; sucede que como intelectuales no podemos resignarnos a ser actores de los procesos sociales, políticos, económicos, que nos toca vivir, debemos asumir el compromiso ético de analizarlos, entenderlos, resolverlos. El filósofo Raúl Sciarretta utilizaba una figura metafórica para describir este proceso, él decía que nos cocemos a fuego lento en un caldo que debemos analizar, pero la temperatura condiciona nuestro entendimiento. Me interesa subrayar esa escisión entre vivir una realidad y poder analizarla porque ella puede ser la medida para poder entender que la crisis que vivimos nos puede llegar a brindar también grandes satisfacciones.
Decíamos que vivimos horas cruciales, esa situación estructural se manifiesta en el cuerpo social a través de nuevas patologías que han venido a conmover todos los paradigmas científicos existentes hasta la actualidad. Enfermedades como el sida, las adicciones, la bulimia y la anorexia aparecen en el horizonte científico como grandes enigmas a develar. Se trata de enfermedades que se manifiestan en el cuerpo; sin embargo ya no pueden en rigor- ser catalogadas como objeto de la medicina, sin que esto signifique que no sean de su incumbencia. Su vinculación con lo social, lo histórico, lo familiar, lo moral, lo psicológico, se torna innegable. Entendemos que las ciencias no pueden permanecer en compartimientos estancos. Pero justamente la historia de la ciencia podría indicarnos que desde hace quinientos años cada disciplina científica ha quedado aislada.
No sería mal momento para recordar que con la modernidad el conocimiento fue especificándose, especializándose, y todo en aras de lograr una modificación del mundo, el científico va descubriendo que el conocimiento no sólo es un aporte a su sabiduría, sino que le permite la modificación de su entorno, "saber es poder" es un leit motiv que se origina en esta época y que se extiende hasta nuestros días. Estos cambios en la atmósfera cultural y su manifestación en los avances tecnológicos, dentro de los cuales podríamos citar los inventos en la navegación y en el campo militar, revolucionarán los hábitos materiales de las sociedades europeas y su visión y relación con el entorno a escala planetaria.
El descubrimiento de América en 1492 es una interesante retrospectiva del conocimiento de aquella época, existe un saber que quiere extenderse también en el sentido geográfico, no tiene demasiada claridad pero quiere extenderse y quiere resultados prácticos. Recordemos que existían ciertas vías comerciales que estaban restringidas, entonces se piensa que se puede buscar una vía alternativa de navegación hacia los mercados de Extremo Oriente y hacia el Nuevo Mundo.
Es así como el pensar del hombre comienza a adquirir particular relieve. Ya deja de ser algo así como un espejo capaz de reflejar lo que se coloca ante él para comenzar a adquirir diferentes criterios de análisis de lo que sucede. Este pasaje lo encontramos claramente formulado en Descartes, filósofo y matemático francés que declara a las ideas claras y distintas como criterio para la afirmación de la existencia de las cosas y este criterio aparece en la conciencia cuya existencia es una certidumbre fundamental. Envanecido por ella es que el hombre creyéndose amo y señor de la naturaleza se convierte en esclavo de la política, de la historia y de la técnica, fuerzas que lo exceden y lo terminan determinando.
El proyecto original de Descartes fue escribir un tratado sobre el mundo donde su interés por la ciencia, a partir de Galileo, quedaría enmarcado en una perspectiva superior, de orden metafísico. Una cuestión que nos puede resultar de interés a los fines de la comunicación es que el Discurso del Método está escrito en francés y no en latín como era costumbre. También fue escrito de forma autobiográfica. Descartes empieza diciendo, quizá no muy sinceramente, que no pretende enseñar el mejor modo posible de usar el entendimiento, sino sólo contar cómo ha usado el suyo en la búsqueda de la verdad.
No hace falta un gran desarrollo para percibir que hoy esa conciencia aparece desbordada. Los desarrollos meticulosos de autores como Nietzsche, Marx y Freud acerca de esta situación les ha valido para que se los bautizara como los pensadores malditos. Decíamos entonces que si la conciencia aparece desbordada, la especificidad del conocimiento fruto de esa conciencia se resuelve insuficiente.
En unas clases que dictaba entre 1951 y 1952, en la Universidad de Friburgo, Heidegger sostenía escandolasamente- que la ciencia no piensa. Nos gustaría interrogar esta afirmación para lo cual sería interesante que pudiéramos ir notando cómo se maneja la ciencia respecto de su saber, cómo piensa sus nociones, o sus conceptos, cómo los teoriza, cómo los nombra. Pero una ciencia no puede pensar, no puede nominar, ¿no haríamos mejor en hablar de un sujeto de la ciencia?
Recuerdo una época en que los médicos eran absolutamente remisos a darle el diagnóstico a un paciente, ¿cómo decirle que tiene un cáncer? Esto tal vez se deba a la formación teórica del médico que comienza con el estudio del cadáver, hecho que eclipsa los problemas que puede llegar a ocasionar la relación intersubjetiva que se genera entre médico y enfermo.
En 1886 Tolstói concluye La muerte de Ivan Ilich, una novela corta que, por su extraordinaria calidad, puede ser comparada con sus grandes producciones: Guerra y paz y Anna Karénina. En esta novela Tolstói con la maestría de los grandes literatos rusos se dedica durante todo el desarrollo de la trama a relatar el padecimiento y la muerte del personaje sin que en ningún momento aparezca la nominación de la enfermedad. De allí que durante siglos el cáncer ha permanecido como algo innombrable, tanto es así que hasta hace muy poco se solía leer en las necrológicas de los diarios que fulano de tal había muerto debido a una "enfermedad incurable ", o luego de un "largo padecimiento".
Iván Ilich es un juez de instrucción provinciano que vivió como creía que había que vivir: un buen sueldo y adecuadas relaciones sociales. Muchos años antes cuando el funcionario se instalaba en una casa nueva y mientras la decoraba de acuerdo a los gustos que le atribuía a una clase social a la cual imitaba, casi se cae de una pequeña escalera a la cual había ascendido para colgar una cortina. Sintió el golpe pero el dolor pronto fue olvidado. Al cabo de un tiempo el dolor reaparece. Consulta médico tras médico, ensaya un tratamiento y otro y todo sigue igual, o peor. El miedo a la muerte le descubre la vida. Se siente rodeado de mentira y sospecha, que su vida entera ha sido una gran mentira. La agonía de Iván Ilich se prolonga tanto que le sobra tiempo para ver desfilar su vida entera y llora por su impotencia, por su terrible soledad, por la crueldad de las personas, por la ausencia de Dios.
Creo que no hemos hecho mal en detenernos mínimamente en estas dos formas de testimoniar la realidad: la forma de la ciencia, que tiene a Descartes como abanderado y la forma de la novela, que tiene a Tolstói como un autor más de un gran conjunto de escritores que nos ha dejado el legado de la novela. Porque justamente la asepsia de la modernidad parece haber distanciado enormemente dos maneras de dar cuenta acerca de la realidad. La manera de Descartes -el cogito- lo ubica sólo frente al universo con la razón como única arma, la manera de Tolstoi en cambio- es una sabiduría de lo incierto.
Decíamos que el médico se encuentra con una dificultad en el momento de tener que dar testimonio de lo que él ha percibido clínicamente. El no tiene inconvenientes en percibir aquello de lo cual tiene que testimoniar, justamente el buen clínico es el que podría establecer una relación positiva entre la enfermedad y el diagnóstico. En la línea de lo que hemos venido desarrollando, podríamos decir que el médico parece heredar la tradición cartesiana. Con respecto al problema de las causas de la enfermedad podríamos decir que la medicina tradicional no pretende avanzar demasiado en esa dirección. Para la medicina la enfermedad comenzaba con un cambio en la fisiología del hombre. Tal vez el auge de la prevención motive al científico a preguntarse: ¿qué presiona a la fisiología de modo que la función tenga que modificarse en el sentido morboso?
Hablábamos de la forma en que la medicina realiza sus diagnósticos y la forma en que los comunica. En el caso del psicoanálisis nos encontramos con un problema de referencialidad distinta. El cáncer de Iván Ilich se halla en un lugar del organismo, tiene una entidad verificable, más allá de que en el desarrollo de la trama argumental los médicos no aciertan el lugar preciso del tumor, de allí que con la tecnologización de la medicina a través de la radiología primero y luego con la resonancia magnética, la resonancia magnética nuclear y la tomografía computarizada se haya intentado diluir toda imprecisión y todo error diagnóstico.
Pero existe un momento se trata de un momento lógico- donde el cuerpo empieza a tener una existencia diferente. El organismo empieza a ex cistir a partir de la posibilidad de que ese organismo sea representado, es el momento donde los psicoanalistas suelen hablar de cuerpo. Para ajustar ese lenguaje que pretendemos ir fundando o refundando entre todos digamos que el cuerpo del ser humano es el organismo más la posibilidad de su representación. En este sentido, es absolutamente paradigmática la pintura de Rembrandt que lleva por título La lección de anatomía del Dr. Tulp (1631) donde algunas de las atentas miradas de los médicos no se dirigen al cadáver que tienen ante sí, sino a un libro que se ubica en el extremo inferior del cuadro, casi entre las sombras.
De allí que en la historia de la ciencia, la histeria surja como un padecimiento que aparece en un cuerpo que no es puntualmente el organismo. No se trata sólo de una cuestión lingüística, sino de la necesidad de dar cuenta que cuando la histérica se dirige a los médicos para que le puedan dar una respuesta a su padecimiento, los médicos terminaran sosteniendo que la histeria era una enfermedad fingida. Sucede que el trastorno que la paciente describía ocurría en un cuerpo que el médico no había estudiado, una parálisis motora no podía acontecer en una zona específica de determinado músculo, los médicos se preguntaban cómo podía ser que el músculo no se viera afectado en su totalidad. Ocurría que la zona afectada era el lugar donde un tío, o un cuñado, habrían podido apoyar una mano, desencadenando en la paciente sentimientos encontrados, por un lado una excitación sexual por el otro la culpa por haberse permitido tal excitación.
Freud, al comienzo de la historia del psicoanálisis, explica la histeria como un conflicto entre la sexualidad y la cultura. La paciente entonces no pudiendo encontrar los elementos para resolver la conflictiva decide reprimirla y la zona afectada adquiere un estatuto simbólico es el lugar donde se escenifica el conflicto y donde se lo sepulta, el organismo ha devenido cuerpo.
La comunicación por parte de los profesionales que comenzaban simpatizando con las teorías de Freud y no obstante continuaban influenciados por una cantidad de paradigmas médicos producía infinidad de problemas. En un artículo que lleva por título Psicoanálisis silvestre, leíamos que una mujer de cuarenta y cinco años padecía estados de angustia que habían surgido a raíz de la separación de su marido y que se habían intensificado luego de que un médico al que hubo de consultar le había explicado que la causa de su angustia era la necesidad sexual y para recobrar la salud tenía que recurrir a una de las tres soluciones siguientes: reconciliarse con su marido, tomar un amante o satisfacerse por sí misma. La opinión del médico había desilusionado a la paciente ya que no quería reanudar su matrimonio y las otras dos soluciones contrariaban su moral y su religiosidad. Como el médico le había dicho que su opinión se fundaba en los descubrimientos de Freud la paciente acudía a las fuentes para que aquel confirmase o rebatiese dicho diagnóstico y pronóstico.
Surge una cantidad de problemas que giran en torno a la forma en que se manejan la ciencia e inclusive la filosofía de la ciencia. Quiero decir que si la filosofía intenta pensar al sujeto que conoce, al conocimiento como la manera que instrumenta el sujeto para acceder al objeto, y el objeto como aquello pasible de ser conocido, es lógico que más tarde la ciencia; o mejor el médico, quede tomado por dicho conocimiento filosófico. Lo que podemos leer es que la categorización filosófica sujeto-conocimiento-objeto es utilizada de manera dualista por los médicos quienes pasan a ocupar el lugar de sujetos de conocimiento y los pacientes pasan a ocupar el lugar de objetos pasibles de ser conocidos, también pasan a ser objeto de la terapéutica.
Ahora, si vamos a hablar acerca de cómo se comunica el médico con su paciente, o el paciente con su médico deberíamos corrernos de esas categorías para pasar a formular aquellas donde se intenta desplegar la noción de comunicación.
En esta línea de ideas tal vez no resulte ocioso referirnos a los historiales clínicos
Si la historia clínica es una historia oficial donde el médico impulsado por el espíritu cartesiano apuesta a una relación positiva entre el paciente y la letra que describe sus padecimientos, el historial empieza a hablar no sólo del paciente entendido como objeto de estudio, sino que se empieza a pensar en una cierta interlocución. Hablamos del paciente; pero, ¿a quién? Al interlocutor, sea quien sea. Y este "sea quien sea" no es gratuito si recordamos que durante muchos años, por lo menos en Argentina, los textos de Freud fueron expuestos y vendidos en los kioscos de diarios y fueron consumidos por el gran público como literatura.
Por otra parte, si la consideración hacia el interlocutor aparece como un elemento novedoso en lo que concierne al relato de un hecho científico, dicha consideración parece ir de la mano de un relato que se va tornando auto referencial. ¿Qué quiere decir esto? El autor va poniendo a consideración del interlocutor el estado de la teoría; es decir el autor avisa que está pensando lo que está pensando a partir de un cierto estado de la teoría. Desde un punto de vista epistemológico podríamos afirmar que esto siempre es así, sucede que en el historial clínico el autor parece ir asumiendo esto de manera manifiesta.
Hemos desarrollado algunas cuestiones relativas a la ciencia y a la literatura. Tal vez sea interesante cerrar esta clase introduciéndonos también en la cuestión netamente periodística. Se podría suponer que aquí existe una brecha transdisciplinaria y si uno lo supone así ¿estaría errado?
En un breve artículo acerca del juicio al piquetero Emilio Alí, aparecido en abril del 2001 en la contratapa del periódico argentino Página/12, su autor -Vicente Zito Lema- dedica las primeras líneas del escrito a sí mismo. No deja de llamar la atención que en un artículo relativamente breve su autor no consigne inmediatamente el tema del escrito, sino que se distraiga en exponer acerca de su persona. Veamos: "Alejé de un manotazo al pájaro que me picoteaba en la pesadilla; recogí mi bolso de cuero con manijas descarnadas, bajé del ómnibus con dolor de espalda, caminé rápido en la mañana fría de Mar del Plata..."
Es importante consignar para aquellos lectores que no siguen este diario que intenta asumir lo que ha dado en llamarse una línea progresista, que este espacio la contratapa- está dedicado siempre a una nota de opinión. El periodista que aparece escribiendo en la contratapa muchas veces no forma parte del staff permanente del diario; sin embargo, el editor parece ofrecerles a los autores ciertas concesiones, una de ellas es la posibilidad de integrar datos autobiográficos.
Justo en este punto quisiéramos recordar que Descartes también comenzaba su Discurso del Método contando cómo había funcionado su entendimiento en la búsqueda de la verdad. De una manera tal vez mucho más osada aún, Freud inauguraba sus historiales clínicos atreviéndose a sostener que la teoría era una manera transitoria y circunstancial de pensar la clínica.
¿Por qué el periodista tal vez en la misma línea que sus antecesores- comienza el relato acerca del juicio a Emilio Alí con el despertar de su pesadilla? Porque tiene que armar una crónica con datos de los cuales no puede permanecer al margen, porque Alí se ha convertido en un defensor de los pobres y los hambrientos y porque esa es una de las banderas que Vicente Zito Lema ha sabido enarbolar. El autor se siente identificado en muchos aspectos con ese muchacho sobre el que va a escribir. El autor se halla conmocionado por lo que va a escribir y desde ese lugar estructura su escritura. Podríamos decir que en un sentido siempre el autor está condicionado por su teoría, por su entorno, por su estado de ánimo. Lo novedoso en todo caso es cómo se asume ese condicionamiento de la subjetividad de la persona y se la traslada al autor. Cuestión nada sencilla ya que comúnmente persona y autor son dos categorías que tienden a ser asimiladas.
Decía al principio que me interesaba subrayar una escisión entre vivir la realidad y poder analizarla porque ella podía ser la medida para poder entender que la crisis que vivimos nos puede llegar a brindar también algunas satisfacciones. Si desde hace quinientos años las disciplinas científicas fueron tomando la forma con que las hemos conocido y la realidad misma se encargó de denunciar la esterilidad del hermetismo científico, tal vez nos toque a nosotros hoy asistir y participar activamente de la forma en que logremos salir de dicho aislamiento.-
Trabajo práctico
A partir de un artículo cultural, o científico, que deberás transcribir (o escanear con OCR) para que lo podamos leer entre todos, nos gustaría contar con tu opinión acerca de:
- El tema tratado.
- ¿Quién es el autor del trabajo?
- ¿Aparece en forma manifiesta en el interior del texto?
- Si es así ¿por qué supones que lo hace?
- ¿Aparecen personajes en el texto? ¿Quiénes son?
- ¿Estás de acuerdo con las hipótesis formuladas?
- ¿El desarrollo del artículo es consecuente con el tema y con las hipótesis?
- ¿A quienes se dirige? ¿Lo hace de manera clara, enigmática, demasiado teórica, etc.?
El objetivo de dicho ejercicio responde a los desarrollos de la clase y a la posibilidad de ir generando una corriente de opinión que nos familiarice con el entrecruzamiento que se produce entre aquello que se intenta describir y teorizar -que es lo más propio del científico- con la forma en que más tarde- se lo intenta comunicar al gran público.