
Seminario
Periodismo de
divulgación científica
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Organizado por PsicoMundo
Dictado por : Hector Becerra
Clase 3
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Sumario: La comunicación humana en el seno de los mass-media. El Otro y el otro. Lecturas críticas. La observación según Aristóteles y según Quino. Noción de verdad. Perpetuidad del error aristotélico. Teoría físico-matemática de la información. El estudio de la audiencia. El malentendido. Representaciones extimas. El lenguaje instrumento del sujeto o el sujeto instrumento del lenguaje. La nueva fórmula de la comunicación. El chiste que salió por la culata y el humor.
No es posible referirse a los medios de comunicación de masas, o como se dice actualmente: los mass-media, sin aludir a la comunicación. La comunicación es un fenómeno que acompaña al hombre desde el inicio de la vida; inclusive, mucho antes si pensamos que nacemos en el seno de una familia, de una sociedad y de una cultura. Llevamos el apellido de nuestros antepasados y el nombre que nuestros padres decidieron otorgarnos, hablamos el idioma con que nos habló nuestra madre.
Es importante distinguir esta vertiente de la lengua que nos deja sujetados; es decir, nos hace sujetos. Porque el individuo propone la comunicación, pero ello no debería a autorizarnos a sostener que se origina en él. Se torna necesario la deconstrucción de la noción de individuo, debido a los efectos liberales y burgueses que acarrea semiológicamente el término. Nadie puede comunicarse si no es con otro (aunque estemos en soledad). Pero, por otra parte, nadie podría comunicarse con sus semejantes si antes no fue nombrado por sus padres, si no fue hablado por ellos. Esta articulación que se da en la lengua entre el Otro que nos sanciona y el otro con el que nos comunicamos da lugar al diálogo, verdadero motor de la subjetividad. Debemos ir caracterizando todas estas nociones.
Para ello vamos a entrar hoy de lleno en lo que podríamos denominar el terreno del periodismo cultural, sin desconocer que necesitamos desarrollar el tema acerca de lo que entendemos por periodismo cultural y/o científico, sucede que al explayarnos en los tópicos relativos al conocimiento y la comunicación suponemos que estamos sentando las bases como para poder hacerlo.
Vamos a tomar entonces dos ejemplares de Topía que es una revista argentina de psicoanálisis y cultura dirigida por Enrique Carpintero. En su número 17 correspondiente al período agosto / octubre de 1996 aparece un artículo que lleva por título Mafalda, Matías y el psicoanálisis, dicho trabajo está firrmado por César Ha-zaki. En el artículo, que al final de la clase hemos trascripto casi íntegramente, el autor a manera de homenaje cita a Oscar Masotta y a su trabajo con relación a la historieta. Luego plantea algunas ideas acerca de cuáles son las relaciones que existen entre los personajes Mafalda y Matías y el psicoanálisis. Allí podemos leer que "Mafalda a diferencia de Matías no tiene para sí un analista..." y que "en el libro tercero le sugiere a un árbol que no crece acorde con los demás que se analice". César Hazaki llega a la conclusión entre otras- que los niños antropomorfizan la naturaleza, y también que ellos piensan en el psicoanálisis como alternativa para resolver los problemas de crecimiento.
En el número siguiente de Topía, Quino envía una carta abierta dirigida al director de la revista donde formula que "en lo que se refiere a Mafalda creo que Hazaki saca conclusiones que nada tienen que ver con el espíritu con que yo dibujé las tiras que él cita. Tales tiras las hice hacia fines de los años ´60, principios de los ´70 y mi intención no fue otra que ridiculizar la desmesurada manía psicoanalítica que se apoderó de nuestra clase media en esa época".
Lo primero que podríamos decir es que la posición que adopta Quino está basada en el sentido común. ¿Quién podría saber mejor que él cual es el verdadero sentido de la historieta si él es el autor de la tira?
Nosotros decíamos en la clase anterior que la supuesta adecuación entre lo que sucede en el campo fáctico y el conocimiento empujaba a los filósofos a hablar de verdad. El enunciado "el sol se ha puesto" decíamos también- es un enunciado verdadero sólo si, en la realidad, podíamos comprobar que el sol se había puesto. En esa línea de ideas deberíamos poner en consideración lo que sostiene Quino. El dice que su intención fue ridiculizar la excesiva manía psicoanalítica que se había apoderado de la clase media entre fines de los 60 y principios de los 70.
Ahora bien, si Quino afirma lo que afirma es porque él observó eso en la realidad. Esa realidad que él evalúa le permite realizar una aseveración sobre la que no caben dudas, de allí surge una certeza. Pero, ¿qué será esa manía psicoanalítica que Quino encuentra en la realidad entre fines de los 60 y principios de los 70? El habla de manía y la manía es una alteración del estado de ánimo que se caracteriza por la exaltación, la euforia y la irritación. Se trata de una noción que suele emplearse en el terreno de la psiquiatría, la psicología y el psicoanálisis; es lo opuesto a la depresión, y se torna necesario introducir esta noción a raíz de que la manía suele presentarse en alternancia con este otro trastorno. En definitiva, cuando se habla de la psicosis maníaco-depresiva se está aludiendo a un estado en el que el paciente ha perdido contacto con la realidad.
Volvemos al punto. ¿Esa euforia desmedida por el psicoanálisis, esa euforia cuasi psicótica que padecía la clase media habrá existido? ¿Qué nos podrían llegar a decir un sociólogo, un filósofo; inclusive, un psicoanalista acerca de lo que percibían entre fines de los 60 y principios de los 70? Así como Quino se erige en dueño de la verdad, por lo menos en dueño de la verdad de Ma-falda, un sociólogo, un filósofo; inclusive, un psicoanalista, erigiéndose en dueños de la verdad, por lo menos en dueños de la verdad del psicoanálisis, podrían descalificar la idea acerca de que en la clase media existió esa manía que el humorista menciona.
Recordemos que fue la época donde se empezó a resistir el reclutamiento militar obligatorio, porque los jóvenes norteamericanos no querían ir Vietnam a pelear una guerra que no entendían, fue la época donde las parejas se comenzaban a separar si pensaban que su matrimonio fracasaba, fue la época del rock, de la píldora anti-conceptiva. Así que, en esa línea de ideas, bien puede haber sucedido que el psicoanálisis contribuyera a una justa reivindicación de la clase media en aras de mejorar la libertad y la individualidad. En fin, son opiniones...
Deducimos entonces que si a Aristóteles no le resultaba demasiado problemático asomarse a la ventana y mirar si en la realidad el sol se había puesto para comprobar que el enunciado "el sol se ha puesto" fuera verdadero o falso, trasladar esa forma de pensamiento a la actualidad conlleva una cantidad de problemas que parecen no poder resolverse de manera tan sencilla.
Les decía la clase pasada que cuando realizamos una observa-ción, apoyados en el sentido común -aún sin sa-berlo- estamos po-niendo en práctica toda una forma de pensar que data de siglos y siglos. De allí que la re-volución galileana según lo que entiendo- sea un delicado y complejo ejer-cicio que tenemos que ir haciendo y renovando diariamente. Y en eso no coincidía totalmente con el epistemólogo Alexandre Koyré, quien sostiene -en uno de sus textos- que algunos ejerci-cios que hoy ponen en práctica nuestros niños, fueron ejer-cicios que a nuestros hombres de ciencia les costó un gran esfuerzo conseguir.
Una vez que suponemos la existencia de la posibilidad de observar la realidad tal cual es se establece con ella una relación positiva, es el nacimiento; o mejor, la continuación del positivismo. Una vez que llegamos a ciertas certezas, la omnipotencia de las ideas autoriza a suponer más todavía, autoriza a suponer que dicha relación positiva podría ser llevada desde el terreno del conocimiento al campo de la comunicación. De allí que Quino sostenga en la última parte de su carta que: "las tiras de Mafalda no necesitan de nadie que venga a explicarlas y, menos sin haber captado siquiera la intención del autor". Para Quino la autoría es, primero, el conocimiento absoluto de una realidad; luego, el conocimiento de lo que se le quiere transmitir al otro lo lleva a defender la intencionalidad del mensaje: "la tira en que Mafalda (de vacaciones en el sur) observa un arbolito muy retorcido por los vientos y le pregunta si no se le ocurrió consultar a un psicoanalista, está hecha para recalcar lo absurdo de una tendencia a creer que hasta el comportamiento vegetal podría ser psicoanalizado".
Tenemos que admitir el planteo de Quino parece darnos la razón- que la revolución galileana no es una revo-lución que por el hecho de haber acontecido en el siglo XVI sea hoy una cuestión superada.
Nos interesa lo que Quino plantea en tanto no se agota en sí mismo, sino que nos transmite efectos de un paradigma que aún continúa vigente. ¿Cómo es que el autor no repara en que el humor se construye sobre la base de la ambigüedad del sentido? Sobre la desaparición de la persona que suele encarnar al autor. De allí que siempre me haya parecido más que interesante que el autor de Mafalda firmara como Quino y no como Joaquín Salvador Lavado, su verdadero nombre. Cuestión que parece metaforizar aquello de que la historieta surge de la época, de las angustias de un pueblo, de sus costumbres, de los usos del lenguaje y el autor en ese punto es una especie de catalizador que simple pero a la vez complejamente logra capturar ese momento, lo grafica, le pone algún texto. Pero en la carta que Quino envía a la redacción de Topía la persona y el autor intentan reunificarse, ser uno, cuestión que se vuelve evidente en la forma como la firma. Sin embargo, es como si la carta de la persona fuera en contra de lo que el autor nos plantea. Es como si la persona no supiera lo que el autor nos está enseñando.
Recuerdo en este momento otra tira de Quino aparecida en la revista Viva de Clarín donde el autor dibuja seis fotografías que en realidad son la misma
fotografía: sobre el fondo de una ciudad en escombros, un soldado, una madre y su hijita con una muñeca en los brazos. La cuestión es que cada una de las fotografías, siempre la misma, tiene seis textos diferentes y es impresionante porque allí radica el efecto humorístico, un efecto que nos arranca una sonrisa; pero, que a la vez resulta siniestro ya que cada uno de los textos parece encajar perfectamente con lo que muestra la imagen. Ahora, resulta que los textos son también tan diferentes que uno se pregunta cuál será el verdadero. Quino parece mostrarnos la ambigüedad de las imágenes, la relatividad de la verdad y sobre esa ambigüedad construye su humor.
Tengamos en cuenta que ha comienzos del siglo XX se van definiendo las características de la nueva sociedad de masas. Se supone que los individuos están en situación de soledad respecto de los demás integrantes de la sociedad. Existe un aislamiento psicológico frente a los otros. Por otra parte se considera que la conducta del sujeto estaba regida por mecanismo biopsicológicos. De allí que debamos tener en cuenta las incidencias del descubrimiento del mecanismo del reflejo condicionado de Pávlov. Pávlov es reconocido por sus trabajos precursores sobre la fisiología del corazón, el sistema nervioso y el aparato digestivo. Sus experimentos más famosos, que realizó en 1889, demostraron la existencia de reflejos condicionados y no condicionados en los perros, y tuvieron gran influencia en el desarrollo de teorías psicológicas conductistas, fisiológicamente orientadas. Sus trabajos sobre la fisiología de las glándulas digestivas le hicieron acreedor en 1904 al Premio Nobel de Fisiología y Medicina. Su principal obra es Reflejos condicionados (1926).
Al amparo de estos desarrollos científicos se concibió la idea de la omnipotencia de los medios a través de teorías que recibieron distintas denominaciones teoría físico-matemática de la información, teoría de la transmisión en cadena, de la bala mágica. En todas ellas se partía de la idea de que los mensajes incidían directamente sobre el individuo y que estos estímulos eran recibidos de manera uniforme por todos los miembros del público que reaccionaba inmediatamente a los mismos. La propaganda nazifascista fue tomada como un efecto producido por dichas teorías conductistas. El elemento más característico de estas teorías era la preocupación por el emisor del mensaje. Como se puede evaluar tomando esta vía de conceptualización, los media eran considerados como maquinarias omnipotentes y terribles de manipulación.
Veinte años más tarde se comenzó a pensar que la perspectiva psicológica conductista era inadecuada para el estudio de los efectos de la comunicación de masas. Se pasa de los presupuestos teóricos de la psicología conductista a los estudios empíricos de la psicología experimental. Esta supone la aplicación de técnicas de laboratorio, semejantes a las de las ciencias naturales, para el estudio del comportamiento y los fenómenos psíquicos, entre los que se incluyen elementos de estudio tradicionales de la psicología, como la percepción, la memoria, el pensamiento, el aprendizaje y la resolución de problemas.
La psicología experimental como disciplina científica comenzó con los estudios del físico alemán Gustav Theodor Fechner, cuya obra Elementos de psicofísica (1860) utilizaba datos experimentales para probar e inducir la relación entre magnitudes físicas y sensoriales. Años después, en 1879, Wilhelm Wundt, psicólogo alemán, fundó el primer laboratorio psicológico. Wundt enseñaba a los sujetos a describir detalladamente las sensaciones introspectivamente experimentadas, que provocaban en ellos una serie de estímulos sistemáticamente controlados. El psicólogo también medía los tiempos de reacción en tests de complejidad variable, intentando identificar los componentes psíquicos internos y descubrir las leyes que regían sus combinaciones.
Wundt y su concepción de la psicología dominaron este campo, al menos en el ámbito académico, hasta los inicios del siglo XX, en que los métodos introspectivos, o el hecho mismo de considerar los fenómenos psíquicos internos como objeto de estudio científico, fueron desestimados, incapaces de aclarar fenómenos como el del pensamiento sin imágenes.
Estos profesionales perseguían objetivos similares para dotar a la psicología de rigor científico, tradicionalmente objeto de las especulaciones filosóficas, por lo que comenzaron a hacer experimentos de laboratorio con animales, tendencia que orientó metodológica y conceptualmente el estadounidense Edward Lee Thorndike. Más tarde, el estadounidense J. B. Watson, fundador del conductismo, definió la psicología como ciencia del comportamiento externo, observable y no de la mente, consideración que excluía a los fenómenos psíquicos internos como objeto de estudio y a los métodos introspectivos como técnica para estudiarlos.
Sin embargo, la introspección continuó estudiándose desde otros enfoques como el de la Gestalt, que comenzó en Alemania como estudio de la percepción, para después extenderse a otros campos como la resolución de problemas, el aprendizaje, la creatividad e incluso las dinámicas sociales (en especial la microsociología de grupos pequeños, con aplicaciones industriales y terapéuticas). Frente al asociacionismo inherente al enfoque de Wundt o el de los conductistas, la psicología de la Gestalt destacaba la importancia de las configuraciones globales de estímulos, sus relaciones internas y con el contexto (relaciones figura-fondo), así como su organización activa.
Hoy persisten las mismas inquietudes hacia la psicofísica, la percepción, la memoria y el aprendizaje, pero los interrogantes desaparecen con nuevos enfoques fisiológicos y el uso de procedimientos estadísticos para diseñar experimentos y analizar datos; la tecnología de las computadoras también ha influido en los métodos y teorías de la psicología experimental, en la que la influencia del paradigma conductista ha sido mitigada por el resurgir del estudio de los fenómenos psíquicos internos desde el punto de vista cognitivo, y por la creciente alianza de esta tendencia con la biología.
En 1921 ve la luz un texto de Freud que iba a ser un gran aporte al conocimiento de las masas, se trata de Psicología de las masas y análisis del yo . En este texto comienza deconstruyendo la idea de que exista una oposición entre una psicología individual y una psicología social. Freud sostiene que en la vida anímica individual aparece integrado siempre, efectivamente, el otro, como modelo, objeto, auxiliar o adversario y de este modo la psicología individual es al mismo tiempo y desde un principio psicología social.
Por otra parte también supera por elevación la controversia por la cual discuten los conductistas y los experimentalistas acerca de si la psicología pasa por la mente o por las conductas. La relación entre el afuera y el adentro es tratada por Freud de una manera absolutamente revolucionaria, a partir de de-sarrollar su noción de "Vorstellung", representación. Que las representaciones sean íntimas al sujeto, eso es algo que tanto la filosofía como la psicología habían pensando desde siempre, sucede que para Freud las representaciones no son íntimas, sino -en todo caso- extimas, aparecen escenificadas en el exterior, la realidad. El psicoanalista francés Jacques Lacan en el se-minario IX, La identificación, pretende ser taxativo con esta noción aseverando que el sujeto recibe desde afuera sus propios pensamientos, su propio discurso.
Mientras que en la etapa anterior el objeto de preocupación era el comportamiento del emisor, se desvía el centro de atención hacia la audiencia. Este paso, por así decirlo, del emisor al receptor tiene repercusiones fundamentales.
En 1898 el inglés Herbert George Wells había escrito una novela por entregas (un folletín) publicada por el Pearson Magazine y titulada The war of the worlds (La guerra de los mundos) donde se relataba el desembarco en el planeta tierra de un grupo de marcianos dispuestos a acabar con la raza humana.
El guionista Howard Koch (uno de los autores del libro del film Casablanca) adaptó aquella novela de ciencia-ficción y, con la colaboración de Paul Stewart, obtuvo un radioteatro de una sola emisión. El guión llegó a manos del ac-tor Orson Welles quien lo corrigió y presento la noche del domingo 30 de octu-bre de 1938 junto a su compañía de acto-res en una de las periódicas audiciones del Mercury Theatre emitidas por la CBS.
Un boletín noticioso interrumpió un programa de música bailable para anunciar que acababa de avistarse un gi-gantesco cono luminoso viajando hacia la costa este del Atlántico. Una unidad móvil que había par-tido de Groevers Hill, New Jersey, descubría que se trataba de una nave es-pacial llena de marcianos. De ahí en adelante se transmitió la invasión como algo que estaba sucediendo en ese mismo instante: los foráneos derrotaban al ejército, el gobernador llamaba a la milicia a poner orden, los cami-nos estaban cortados, los marcianos avanzaban hacia Nueva York. Era el fin del mundo.
Si alguien sintonizaba el programa unos minutos después de su comienzo no tenía cómo darse cuenta de que era una obra teatral. Fue lo que sucedió y millares de personas deses-peradas huyeron en sus automóviles, produciendo grandes congestionamientos de tránsito, otras debieron resignarse y llenaron las iglesias y los bares. Durante horas, miles de norteamericanos deambularon, viendo horrores inexistentes por las calles. Cuando los marcianos final-mente fueron derrotados -como en la novela- por las bacte-rias terrestres, ya nadie escuchaba el pro-grama. La cadena CBS anunció du-rante toda la noche que se trataba de un ma-lentendido, pero varios días después aún se encontraban so-brevivientes saliendo de los bosques con pañuelos ata-dos a su boca para escapar de los gases extraplanetarios.
Cuando se publicó la obra original, nadie aventuró que Herbert George We-lls estaba narrando algo real. Todo ocurría en un futuro no demasiado lejano y los territorios de la ficción y la rea-lidad, de la alegoría y del periodismo, estaban clara y cómodamente demarcados.
Con respecto al guión, ¡éste se realiza cuarenta años más tarde de la publicación de la novela! y su importancia radica en que su homónimo Orson Welles toma el texto escrito adaptándolo a otro que se metaboliza en imágenes visuales y/o auditivas. Por último, no traspuso la obra mecánicamente, sonori-zando una estructura narrativa, sino que tomó la situación inicial y la acomodó al nuevo medio en que debía hacer su aparición. La puesta en el aire mixturó elementos específicos de la es-tética radioteatral (lo ficcional, la dramatización) con aquellos frecuentados por los noticieros de la época (la verosimilitud, la realidad convertida en relato).
Por eso resultó tan creíble para los oyentes, porque representó con elementos habituales un programa normal que, pri-mero a través de flashes informativos y después con supuestas transmisiones en directo desde el lugar de los he-chos, fue anunciando paulatinamente la invasión foránea con un magistral uso de los efectos de sonido, la música y el silencio; es decir, de ese componente que luego Arnheim denominaría paralinguístico y Lacan en el terreno del psicoa-nálisis llamaría discurso.
El comunicador español Rodrigo Alsina sostiene que en los años cuarenta se comenzó a sospechar que la perspectiva psicológica conductista era inadecuada para el estudio de los efectos de la comunicación de masas, se pasa a los estudios empíricos de la psicología experimental y a la psicología social con una marcada tendencia hacia la sociología. Mientras que en la etapa anterior el objeto de preocupación era el comportamiento del emisor se desvía el centro de la atención hacia la audiencia, de allí que sociólogos y comunicadores sociales han estudiado a fondo los factores que intervinieron en la verosimilitud que alcanzó el radioteatro de Orson Welles y han concluido que hubo una im-portante incidencia de factores históricos y so-ciales en la audiencia: los temores suscitados por el crack de 1929 y los fantasmas de la inmi-nente Segunda Guerra Mundial. Este deslizamiento, por llamarlo de alguna manera, del emisor al receptor tiene repercusiones fundamentales de allí la necesidad de analizarlo en detalle
En un trabajo de Emile Benveniste Comunicación animal y lenguaje humano- compilado en su ya clásico texto Problemas de Lingüística General leemos acerca de un tal Karl von Frisch profesor de zoología de la Universidad de Munich cuyas in-vestigaciones han permitido conocer el proceso de comunicación entre las abejas. Después de millares de expe-riencias logró descubrir que las danzas que las abejas ejecutan correspondían a la distancia que las se-para de la colmena. Este mensaje incluye dos indicaciones dis-tintas, una acerca de la distancia propiamente di-cha, la otra sobre la dirección. Las abejas se presentan, entonces, como capaces de producir y comprender un mensaje que encierra varios da-tos, pueden registrar relaciones de posición y de distan-cia, pueden conservarlas en su memoria; pueden comunicar-las simbolizándolas. El hecho no-table es, ante todo, que manifiestan aptitud para simbolizar: existe una correspon-dencia entre su comportamiento y el dato que traduce. Esta relación es percibida por las demás abejas y se torna motor de acción.
Sucede que el humano a diferencia de lo que ocurre con los animales debe resignar buena parte de las determinaciones biológicas que hereda en aras de su integración en la cultura. De la cultura surgen reglas de conducta necesarias no sólo para dirigir nuestras acciones; sino también para la convivencia con los semejantes, ya que los seres humanos como otros seres vivos- tenemos que competir por recursos escasos y establecer formas de acceder a ellos y luego, llegado el caso, repartirlos.
Las reglas morales determinan lo que debe hacerse o no en determinadas circunstancias. Emanan de alguien con autoridad o poder. Aquí entramos en un terreno árido: el lenguaje sirve a los fines de la comunicación; sucede que la moral se instrumenta también a través del lenguaje. Por otra parte, el lenguaje tiene sus propias reglas que son reglas de procedimiento, de allí que la gramática y la sintaxis sostengan que si no son usadas correctamente el individuo no consigue hacerse entender.
La comunicación se realiza entre pares, entre semejantes, y la moral son reglas, consejos, frases, que nos llegan de alguien que no está en posición de par, o de semejante, sino que es alguien que tiene alguna ascendencia sobre nosotros. El apellido de nuestro padre nos llega a través del lenguaje, tiene un efecto anticipatorio respecto de nuestro ser biológico y tiene características determinantes, nos determina. De allí que sea necesario caracterizar este lugar como el lugar del Otro. Este "Otro" no es alguien concreto, sino que se trata de una función. En un momento de la vida esa función puede ser ocupada por nuestra madre, por algo se dice que los humanos hablamos la lengua materna; es decir, hablamos la misma lengua con la cual nuestra madre nos habló a nosotros. En otro momento, ese alguien puede ser un maestro, puede ser un juez, el apellido de nuestro padre dijimos, puede ser la frase de un filósofo, etc. Por todo eso hablamos de función.
En el caso que estamos trabajando observamos que Hazaki no recibe el mensaje de una manera pasiva, sino que lo interpreta. De allí surgen dos líneas de trabajo: la primera dice que el lenguaje es instrumento del sujeto. El sujeto utiliza el lenguaje para comunicarse. Un emisor codifica un mensaje y lo envía a través de una vía o canal y el receptor lo recibe. Es el lenguaje que se utiliza cotidianamente para decir por ejemplo: ¡Alcanzame la lapicera! Pero a poco que el lenguaje se complejiza, como sería el caso al que estamos aludiendo, vemos que el modelo físico-matemático de la comunicación se torna insuficiente para dar cuenta de los problemas surgidos del seno mismo del lenguaje: ¡El malentendido!
Quino dice que dibujó la tira para ridiculizar la manía psicoanalítica que se apoderó de la clase media entre fines de los 60 y principios de los 70 y Hazaki parece entender que los niños de Quino piensan en el psicoanálisis como alternativa para la salud. De aquí surgen elementos como para pensar si el sujeto no termina siendo instrumento del lenguaje. Vamos a tratar de graficar esta cuestión siguiendo algunas líneas de trabajo que Lacan propone inspirándose en la obra de Román Jakobson, Ensayos de lingüística general:
Dibujamos una línea que atraviesa el espacio de izquierda a derecha: es la variable del lenguaje. La variable que representa al sujeto es transversal a la del lenguaje, de allí que lo atraviese en un punto que vamos a llamar Código. La variable sujeto se cruza con la variable del lenguaje y empieza a describir una curva que termina descendiendo y volviendo a cruzar la línea del lenguaje en otro punto que llamaremos Mensaje. Decimos, entonces, que si el sujeto está sujetado al lenguaje la curva parece describir adecuadamente este aspecto.
La teoría cibernética planteaba el Código a la izquierda y el Mensaje a la derecha; pero, resulta que aunque el Código esté cargado de intencionalidad por el autor, es decir, Quino; el receptor Hazaki- lo recibe no de una manera pasiva, sino que lo resemantiza, lo cual quiere decir que lo interpreta a su manera. Lo "interpreta a su manera" quiere decir que lo interpreta desde un cierto lugar, el lugar que Hazaki debe ocupar con relación a su familia, su historia, su ideología, etc.
El gráfico que estamos planteando es una teoría alternativa a la teoría cibernética de la comunicación. En el gráfico que estamos planteando vemos que el Código se desplaza de izquierda a derecha y el Mensaje de derecha a izquierda. ¿Por qué? Porque la tira cómica plantea de acuerdo a lo que leemos en Quino- una intencionalidad; pero cuando la comunicación es leída por Hazaki es interpretada de una manera distinta. Eso nos hace sostener que el supuesto receptor del mensaje es quien en definitiva termina originándolo.
Dijimos que la variable que representa al sujeto cruzaba la línea del lenguaje daba una curva y volvía a descender cruzando nuevamente la línea del lenguaje. El semi-círculo que va desde el Código al Mensaje, define la resignificación que se produce con la comunicación. Mientras la comunicación intenta seguir la direccionalidad que va de izquierda a derecha, la re-significación -en rigor, deberíamos decir la significación- se desplaza en el sentido retrógrado, de derecha a izquierda.
Debemos hablar de "significación" y no de "resignificación" porque la carta de Quino nos aclara que la interpretación de Hazaki no coincide con la intencionalidad de su autor, pero este es un caso excepcional, no siempre podemos tener la suerte o la desgracia- de contar con un autor, sea éste escritor, artista, humorista, etc., que vaya detrás de su obra aclarándole a su público supuestos malentendidos. De allí que, como la mayoría de las veces toda esta operación queda encubierta, decimos, entonces, que el supuesto receptor es quien interpreta el mensaje, lo significa, en definitiva, lo emite.
Quino intenta despejar el malentendido y aclarar la intencionalidad del mensaje para lo cual parece pagar un pre cio demasiado caro termina explicando el chiste y todos sabemos que cuando un chiste se explica pierde toda su gracia, su efectividad. El chiste se logra por la ambigüedad del sentido, por la posibilidad de que el sentido se desplace metonímicamente hasta cierto lugar donde hace metáfora; pero hace metáfora a partir del significado que produce en quien lo lee, en quien lo interpreta. Por eso a Hazaki le hace gracia que algunos niños tal vez los primeros- piensen en el psicoanálisis como alternativa de vida.
Freud ha sabido plantear desde una concepción absolutamente científica que un chiste supone una concepción de conocimiento, una concepción de sujeto y una concepción de comunicación. Quino quiso ridiculizar la manía psicoanalítica que se apoderó de la clase media, es lo que dice ¿no? Quino se quiso reír del psicoanálisis, o de los psicoanalizados, lo cual no es ninguna irreverencia; pero, como se dice vulgarmente, le salió el tiro por la culata y se enoja, quedó enredado en los vericuetos del lenguaje, lo cual no deja de ser una situación de algún modo- humorística.-
Mafalda, Matías y el psicoanálisis
Por César Hazaki
Un poco de historia (un homenaje a Oscar Masotta): profundo impacto causaron desde su origen los mensajes masivos que las historietas produjeron. Fue tan importante su desarro-llo, desde su nacimiento en 1896, como notable su implicación ideológica.
Dice Masotta al respecto: "La publicación de historietas en nuestro país, su traducción en los medios masivos, ha ocul-tado siempre de algún modo -y ha ayudado por lo mismo a un cierto proceso mistificador- el hecho de que muchos de los personajes de papel habían sido forjados en el interior de culturas distintas de las nuestras (...).
Asimismo remarca Masotta: "el fuerte acento, la pesada carga ideológica de la que es portadora la historieta norteameri-cana (...). Las historietas en los EE.UU. no son tan ino-fensivas; no sólo se encuentran casi verticalmente integradas a la sociedad que las originó, sino que se ha-llan estrechamente mezcladas con las instituciones intere-sadas en la integración y el statu quo social".
Escenas de otro fin de siglo: Pulitzer y Hearts lucharon palmo a palmo por realizar los periódicos de mayor circulación y venta de los EE.UU. Estos briosos empresarios fueron visionarios en la apropiación de audiencias, avanzaron en el desarrollo de tecnologías novedosas, a través de la fotografía y la historieta insistieron en la captación visual de la realidad, la reproducción de la realidad en imágenes comienza aquí su incesante desarrollo.
Los niños terribles. Así se denomina un género característico de la historieta que, por supuesto, tienen a niños como protagonistas. La primera historieta moderna se llamó Yellow Kid y surgió en Chicago en 1896, con tanto éxito en el suplemento dominical a color, que termina imponiendo parte de su nombre a un tipo de periodismo: el amarillo. Sin duda, Mafalda y Matías son parte de esas historietas donde los niños son protagonistas excluyentes, pero hubo un momento de redefinición del género con Charlie Brown y su perro Snoopy. En esa historieta podemos remarcar dos hechos interesantes:
A) Surge en el mismo momento (1950) que las agencias publi-citarias de Nueva York incorporan el psicoanálisis a sus técnicas de realización publicitarias (es decir, el deseo, tal como lo entiende el psicoanálisis, comienza a ser pro-movido a la categoría de "necesidad de consumo").
B) Estos "niños terribles" se aceptan como profundamente neuróticos, conflictuados y angustiados; es decir, como co-nociendo el lenguaje, las situaciones y las posibilidades de la neurosis.
Mafalda, Matías y el psicoanálisis. Vamos a mostrar cuáles son las relaciones que existen entre estos personajes y el psicoanálisis, para comprender las variaciones en las ideas centrales sobre el mismo y quienes lo ejercen; es decir, qué uso y comprensión hacen los creadores de estas dos his-torietas de la teoría y la técnica psicoanalítica.
Tomar las ediciones en libros de ambas historietas. Mafalda. (...) Recién en el libro tercero le sugiere a un árbol que no crece acorde con los demás que se analice. Esta idea presenta dos aspectos interesantes:
1) Muestra una de las maneras que los niños entienden la naturaleza; es decir, parecida a cómo los seres humanos funcionan y
2) Se infiere que el análisis puede resolver los problemas de crecimiento, puede colaborar a resolver las posibles di-ferencias monstruosas entre pares.
En el libro tercero aparece una reflexión sobre "las dudas de la humanidad sobre el futuro", la que es contestada por un sociólogo en un reportaje televisivo; es decir, la fi-gura del psicoanalista todavía no se había mediatizado.
En el libro cuarto Miguelito juega a matar para "descargar la agresión que llevamos dentro", reivindica "el juego en-tre niños como terapia". Su comentario indica que esto lo leyó; es decir, todavía no todo se sabe por la tele.
En el mismo libro Mafalda hace una referencia explícita a su futuro análisis por tener que tomar sopa: "cuando un psicoanalista tenga que limpiarme el subconsciente". Del comentario se desprende que el psicoanálisis es algo que hacen los grandes, que sin duda ella lo hará por los con-flictos infantiles que la sopa le deje, la relación con la madre es el tema central por el cual recurrir a un analista (...). Está convencida que es algo que "limpia el subcons-ciente".
(...)
Podemos concluir que en toda la obra de Mafalda el psicoa-nálisis aparece:
A) Como un sustrato o guión que, detrás del chiste, permite expresar ciertas ambivalencias, rivalidades, envidias, con-flictos generacionales,
B) Recién al final (libros octavo y décimo), como terapia costosa pero eficaz a la cual recurrir ante sueños angus-tiosos, realidades anómalas, etc. y
C) Un giro que va del soporte teórico a un mtodo terapéu-tico al que los niños pueden recurrir.
Existe, en la tira, cierto respeto por la función de los analistas. Tanto el psicoanalista como la teoría no son ob-jeto, ni referencia para el humor directo. Ante un mundo angustioso y complejo, Mafalda y sus amigos no cuestionan el psicoanálisis, aunque pueden estar preocupados por su costo. (...)
Publicado en Topía. Psicoanálisis, sociedad y cultura. Año VI. Nº 17. Agosto/ octubre 1996.
QUINO LE CONTESTA A CESAR HAZAKI
Buenos Aires, 9 de septiembre de 1996.-
Estimado señor Enrique Carpintero:
Deseo agradecerle el espacio que me brinda para dar mi opinión sobre el artículo El psicoanálisis en Matías y Mafalda, firmado por César Hazaki, aparecido en el Nº 17 de vuestra publicación.
En lo que se refiere a Mafalda creo que Hazaki saca conclusiones que nada tienen que ver con el espíritu con que yo dibujé las tiras que él cita. Tales tiras las hice hacia fines de los años '60, principio de los '70 y mi intención no fue otra que ridiculizar la desmesurada "manía psicoanalítica" que se apoderó de nuestra clase media en esa época. Precisamente la tira en que Mafalda (de vacaciones en el sur) observa un arbolito muy retorcido por los vientos y le pregunta si no se le ocurrió consultar a un psicoanalista, está hecha para recalcar lo absurdo de una tendencia a creer que hasta el comportamiento vegetal podría ser psicoanalizado.
En ningún momento pretendí decirle al lector que el psicoanálisis podría ayudarlo o no a resolver sus conflictos. Considero que el psicoanálisis, como cualquier rama de la medicina, puede ser bueno o malo según quien lo ejerza y qué tipo de relación establezca con el paciente. Por otra parte entiendo que Joyce, Borges o Kierkegaard nos resulten más comprensibles si alguien se preocupa de descubrirnos claves que pueden pasarnos inadvertidas, pero me parece que ideas tan directas y, además, apoyadas por los dibujos como son las tiras de Mafalda no necesitan de nadie que venga a explicarlas y, menos sin haber captado siquiera la intención del autor.
Aclarado esto, le saluda muy atentamente
Joaquín Salvador Lavado (QUINO)
Publicada en Topía. Psicoanálisis, sociedad y cultura. Año VI. Nº 18. Noviembre 1996/ Marzo 1997.