Volver a la página principal del Programa de Seminarios por Internet de PsicoNet

Seminario
Psicoanálisis Terapia Psicoanalítica
http://wwww.edupsi.com/psaterapia
psaterapia@edupsi.com

Organizado por : PsicoMundo

Dictado por :
Manfredo Teicher


Clase 25

Transferir clase en archivo .doc de Word para Windows


La Necesidad Narcisista Primaria en las Psicosis

I).-

* Freud escribe:

"Según resulta de todos nuestros análisis, las neurosis de trasferencia se generan porque el yo no quiere acoger ni dar trámite motor a una moción pulsional pujante en el ello, o le impugna el objeto que tiene por meta.

"el yo se defiende de aquella mediante el mecanismo de la represión; lo reprimido se revuelve contra ese destino y, siguiendo caminos sobre los que el yo no tiene poder alguno, se procura una subrogación sustitutiva que se impone al yo por la vía del compromiso: es el síntoma,

"el yo, cuando emprende la represión, obedece en el fondo a los dictados de su superyó dictados que, a su vez, tienen su origen en los influjos del mundo exterior real que han encontrado su subrogación en el superyó.

"EL yo ha entrado en conflicto con el ello, al servicio del superyó y de la realidad; he ahí la descripción válida para todas las neurosis de trasferencia.

"Por el otro lado, igualmente fácil nos resulta tomar, de nuestra previa intelección del mecanismo de las psicosis, ejemplos referidos a la perturbación del nexo entre el yo y el mundo exterior.

"el yo se crea, soberanamente, un nuevo mundo exterior e interior, y hay dos hechos indudables: que este nuevo mundo se edifica en el sentido de las mociones de deseo del ello, y que el motivo de esta ruptura con el mundo exterior fue una grave frustración {denegación} de un deseo por parte de la realidad, una frustración que pareció insoportable. Es inequívoco el estrecho parentesco entre esta psicosis y el sueño normal. Ahora bien, la condición del soñar es el estado del dormir uno de cuyos caracteres es el extrañamiento pleno entre percepción y mundo exterior.

" Acerca de otras formas de psicosis, las esquizofrenias, se sabe 24que tienden a desembocar en la apatía afectiva, vale decir, la pérdida de toda participación en el mundo exterior. Con relación a la génesis de las formaciones delirantes algunos análisis nos han enseñado que el delirio se presenta como un parche colocado en el lugar donde originariamente se produjo una desgarradura en el vínculo del yo con el mundo exterior.

"De todos modos, la etiología común para el estallido de una psiconeurosis o de una psicosis sigue siendo la frustración, el no cumplimiento de uno de aquellos deseos de la infancia eternamente indómitos; que tan profundas raíces tienen en nuestra organización comandada filogenéticamente.

"Ahora bien, el efecto patógeno depende de lo que haga el yo en semejante tensión conflictiva: si permanece fiel a su vasallaje hacia el mundo exterior y procura sujetar al ello, o si es avasallado por el ello y así se deja arrancar de la realidad.

"Nos gustaría saber cuáles son las circunstancias y los medios con que el yo logra salir airoso, sin enfermar, de esos conflictos que indudablemente se presentan siempre. He ahí un nuevo campo de investigación. Sin duda que para dilucidarlo deberán convocarse los más diversos factores."

NEUROSIS Y PSICOSIS S. Freud 1924

"Uno de los rasgos diferenciales entre neurosis y psicosis [es] que en la primera el yo, en vasallaje a la realidad, sofoca un fragmento del ello ( vida pulsional ) , mientras que en la psicosis ese mismo yo, al servicio del ello, se retira de un fragmento de la realidad. Por lo tanto, lo decisivo para la neurosis sería la hiperpotencia del influjo objetivo, y para la psicosis, la hiperpotencia del ello.

Tanto neurosis como psicosis expresan la rebelión del ello contra el mundo exterior; expresan su displacer o, si se quiere, su incapacidad para adaptarse al apremio de la realidad

"La neurosis no desmiente la realidad, se limita a no querer saber nada de ella; la psicosis la desmiente y procura sustituirla. Llamamos normal o «sana» a una conducta que aúna determinados rasgos de ambas reacciones: que, como la neurosis, no desmiente la realidad, pero, como la psicosis, se empeña en modificarla. Esta conducta adecuada a fines, normal, lleva naturalmente a efectuar un trabajo que opere sobre el mundo exterior, y no se conforma, como la psicosis, con producir alteraciones internas; ya no es autoplástica, sino aloplástica.

"En la psicosis, el remodelamiento de la realidad tiene lugar en los sedimentos psíquicos de los vínculos que hasta entonces se mantuvieron con ella, o sea en las huellas mnémicas, las representaciones y los juicios que se habían obtenido de ella hasta ese momento y por los cuales era subrogada en el interior de la vida anímica. Pero el vínculo con la realidad nunca había quedado concluido, sino que se enriquecía y variaba de continuo mediante percepciones nuevas. De igual modo, a la psicosis se le plantea la tarea de procurarse percepciones tales que correspondan a la realidad nueva, lo que se logra de la manera más radical por la vía de la alucinación."

"Ahora bien, el tajante distingo entre neurosis y psicosis debe amenguarse, pues tampoco en la neurosis faltan intentos de sustituir la realidad indeseada por otra más acorde al deseo. La posibilidad de ello la da la existencia de un mundo de la fantasía, un ámbito que en su momento fue segregado del mundo exterior real por la instauración del principio de realidad, y que desde entonces quedó liberado, a la manera de una «reserva».

"Apenas cabe dudar de que el mundo de la fantasía desempeña en la psicosis el mismo papel, de que también en ella constituye la cámara del tesoro de donde se recoge el material o el modelo para edificar la nueva realidad."

LA PÉRDIDA DE REALIDAD EN LA NEUROSIS Y LA PSICOSIS S. Freud 1924

II).-

* Lo característico de las psicosis son los delirios (pensamientos, ideas) y las alucinaciones (visuales, olfativas, auditivas, táctiles) o sea la percepción tergiversada de la realidad, lo que le impide al sujeto psicótico comunicarse adecuadamente con su entorno donde los otros sobresalen por su importancia.

Al introducir "adecuadamente" introducimos determinada ambigüedad en el concepto. Es el consenso el que determina lo que es adecuado o inadecuado. Por lo que el diagnóstico de psicosis (de lo que se considera un delirio o una alucinación) depende de una cultura consensuada, por lo tanto subjetiva.

Toda ideología científica, rechazada por sus pares, se considera fácilmente como un delirio. Puede que el tiempo las reconozca en su valor, o que no sobrevivan para demostrarlo.

Muchas teorías consideradas "verdades inamovibles" hoy son consideradas como delirios.

La religión, los nacionalismos, el enamoramiento, ¿qué es?

Por otro lado, el sueño es una alucinación, igual que la ensoñación diurna.

¿Todo sujeto tiene "normalmente" instantes dominados por el delirio y/o la alucinación, por lo tanto psicóticos?

Si la psicosis no se "cura", si sólo se puede "compensar" ¿no seremos todos psicóticos " compensados"?

La guerra y los genocidios, que siempre acompañaron nuestra historia, ¿no señalan una tendencia a la psicosis en la condición humana?

III).-

* Los grandes cuadros psiquiátricos de las psicosis están íntimamente relacionados con la necesidad narcisista primaria: la necesidad que tiene todo sujeto humano que algún otro significativo lo reconozca como tal. De ello depende su autoestima, por lo tanto, su salud mental.

Por esa dependencia el ánimo de los seres humanos siempre oscila entre la melancolía (autoestima a nivel nulo) y la manía (sobreelevado nivel de la autoestima).

* La melancolía implica falta de ganas de vivir, el sujeto está convencido que nada le va a salir bien, que no sirve para nada, que es un objeto descartable. La envidia hacia los demás es intensa, ellos pueden lo que el sujeto nunca podrá. Es una situación frustrante paradigmática.

Por lo tanto, no hace nada. Se deja estar. No sale de la cama. Abandona la higiene personal. Deja de comer. O come sin parar, ya que está convencido que es el único placer que le queda. Intenta convencer a todo el mundo que nada vale la pena. Al dejarse estar, al no hacer nada, confirma que no sirve para nada. (la profecía autocumplidora). La rabia por la frustración se ha descargado contra sí mismo, destruyendo su autoestima. La envidia a los otros le disminuye más las pocas fuerzas para hacer algo, lo que cierra un círculo vicioso.

Es una persona que intenta usar su inteligencia para contagiar la melancolía (la idea de que nada vale la pena) a todos. Es muy hábil y peligroso en esto. De esta forma, la melancolía puede ser contagiosa, ya que todos tienen tendencia a ella.

Intenta despertar pena, toma la actitud de una pobre e injusta víctima de un destino cruel. Puede despertar pena por su dolor, pero principalmente es una víctima de sí mismo. Más bien, contratransferencialmente produce rabia, al ver su indolencia y la tenacidad con que defiende y justifica a su estado.

Pero al mismo tiempo desea que le ayuden a salir del pozo melancólico. Si bien tal situación es cómoda ya que si nada vale la pena uno puede dejarse estar, es un estado doloroso principalmente porque nadie quiere estar con alguien así, justamente por miedo al contagio. O sea, al melancólico tienden a dejarlo sólo. Pero sea por vergüenza, de mostrarse ante el mundo en ese estado, o para evitar incrementar su envidia, tiende a aislarse del mundo. La soledad a la que se condena y el desprecio que provoca (los reconocimientos negativos), le generan un profundo dolor.

* ¿Qué es la manía?

La conducta que surge de un estado de exaltación donde el sujeto está convencido que todo le va a salir muy bien. Que es maravilloso y que el mundo está convencido de esto. Que quiere a todos y que todos lo quieren.

Le es difícil quedarse quieto. Hay necesidad de hacer cosas, porque todo va a salir bien. El mundo está ansioso por ver las maravillosas artes y habilidades manuales e intelectuales que el sujeto es capaz de encarar.

Alguien que, porque sabe andar en bicicleta, cree que puede manejar un jet.

Emprende actividades que tienden a ser exageradas.

Nadie es maravilloso ni el mundo le cree eso. Y es imposible que todo le pueda salir bien a uno.

Lo más probable es que se estrelle contra la realidad.

Las inversiones financieras están tomadas muy a la ligera, con el resultado lógico: se pierde lo invertido.

Emprende proyectos imposibles, con la consiguiente frustración.

O sea, cree que cualquier cosa que haga va a salir bien. Pero todo sale mal.

Insiste, insiste e insiste, a pesar de los fracasos.

Se cree que es un personaje sumamente importante (megalomanía). Y actúa como si lo fuese, Napoleón, Dios, Rockefeller o Einstein. No acepta que pongan límites a su conducta.

* Nuestra conducta y nuestro ánimo oscila continuamente entre esos dos extremos.

Lo que no significa que forzosamente tengamos que alcanzarlos.

"Normalmente" es muy agradable acercarse al polo maníaco (estar eufórico), tener ganas de vivir y contagiar esas ganas a todo el mundo. Es una compañía muy grata.

En cambio uno teme acercarse al polo melancólico, porque nadie quiere soportar las quejas de alguien deprimido que no tiene ganas de vivir y que intenta contagiar la futilidad de la existencia a quien se atreva a estar cerca.

La depresión también se acerca al polo melancólico, pero es sana y necesaria. La diferencia (ya señalada) estriba en que la depresión acepta las limitaciones de sí mismo y de la realidad, y alienta al esfuerzo para superar esas limitaciones; en lugar de abandonar la lucha y dejarse esta.

* Supongamos que un día cualquiera uno se encuentra en algún momento con el ánimo relajado, tranquilo, simplemente viviendo (que, en realidad, no es nada simple). Tengamos en cuenta que un sujeto siempre está necesitando (esperando) el reconocimiento de algún objeto significativo.

* Y entonces uno recibe un reconocimiento positivo (una gratificación narcisista) de una persona significativa.

Por ejemplo: recibe una llamada de alguien a quien considera importante invitando a un encuentro prometedor; o alguien invita a una fiesta que promete ser interesante, o recibe un regalo importante, o gana al tenis a un rival importante, etc.

Esto cambia el ánimo.

Uno se acerca al polo maníaco.

Uno se siente más importante que en el momento anterior.

Y uno tiene más confianza en sí (la autoestima se ha incrementado) está más convencido de que los proyectos son posibles de cumplir, de que se van a cumplir. La vida le sonríe.

Uno se siente mejor con la gente, también confía más en ellos y en sí mismo.

Muchos reconocimientos de ese estilo y que se repiten en un plazo donde las gratificaciones superan ampliamente a las frustraciones lo acercan cada vez más a la manía.

* Ahora supongamos que en ese momento con el ánimo relajado, el sujeto recibe un reconocimiento negativo de alguna persona significativa (una frustración narcisista).

Por ejemplo, la persona amada salió con otro/a, o alguien esperado no concurre a la cita, o recibe gestos de desprecio, es descalificado, etc.

Esto nos acerca al polo melancólico. El rechazo duele, tira abajo la autoestima. Se pierde la confianza en sí y en los demás. Se incrementa la envidia. Lo que era admiración se convierte en envidia.

La intensidad de esto depende de la tolerancia a la frustración que sus series complementarias han permitido desarrollar.

Si la tolerancia a la frustración es alta, todos estos efectos serán muy leves, puede que ni el sujeto ni los demás se den cuenta de esto. De lo contrario la personalidad entra en una crisis existencial. La identidad se siente cuestionada.

¿Quién soy? ¿Qué soy? ¿Qué valor tengo?

Esto reclama la respuesta de los objetos significativos. Respuesta que puede ser positiva o negativa.

Es posible que el Superyo, como representante interno de los objetos significativos que su experiencia ha convertido en tales, dé las primeras respuestas, pero que deberán ser corroboradas o desmentidas por los objetos significativos reales, actuales.

* La crisis existencial plantea una encrucijada. "¿Debo cambiar yo para que el objeto significativo me acepte o es el mundo el que está mal?"

El dolor que implica el rechazo (el reconocimiento negativo) demanda una defensa para eliminarlo (al dolor).

La frustración (el reconocimiento negativo) genera bronca, rabia, defusión instintiva, o como quieran llamarla. El bebé reacciona con el berrinche, que son las ganas de romper todo porque no se le da el gusto. Un adulto no debe reaccionar así. Para eso ha sido educado. Debe controlar sus reacciones y "portarse bien" (sublimar o la formación reactiva).

Pero la bronca es una defensa contra el dolor. La bronca mantiene la autoestima. El sujeto se siente agredido y justificado en su defensa. Que puede ser violenta. El fondo del deseo despertado por la frustración consiste en ganas de romper todo. Ganas que, controladas, se limitan a intentar imponer su voluntad. Pelearse con el otro para convencerlo de que se someta y lo reconozca o aniquilarlo por la ofensa.

La bronca que resuena sin cesar en su interior necesita su descarga. Y puede dirigirse contra cualquiera que se le ponga cerca. Sutiles racionalizaciones fortalecidas por insignificantes detalles que se pueden encontrar en la realidad, pero que son interpretadas exageradamente, "justifican" la condena del desgraciado que se niega a reconocer al sujeto como éste pretende. Así uno se pelea con cualquiera, o con todos.

Llegamos a la paranoia. El sujeto se pelea con el mundo porque no recibe el reconocimiento anhelado. No le importa si su pretensión es exagerada o no. Aparecen delirios que son interpretaciones sutiles de una realidad que se percibe como confabulada en contra del sujeto, aunque generalmente están ancladas en determinados elementos que sí existen en esa realidad.

El mecanismo psicológico que predomina es la proyección, el propio deseo de maldad y de odio.

Los delirios son los síntomas característicos de la paranoia mientras que en la esquizofrenia predominan las alucinaciones.

* El esquizofrénico intenta convencerse que a él no le interesan los demás. Que no necesita el reconocimiento de nadie. Puede que alguna vez su fantasía le fabricó un mundo ideal mucho más grato que la realidad.

Quizás, igual que Narciso, recibió demasiadas gratificaciones narcisistas. Quizás la fascinación que su presencia produjo en otros, producían molestas demandas a las que intentaba evitar.

O que tuvo que crear y acostumbrarse a ese mundo interior por la indiferencia del entorno. Se ha convencido que no necesita al otro.

Aunque por momentos el mundo interior le provoque fantásticas visiones de horror, angustiantes pesadillas, no puede conectarse normalmente con los demás a los que evita, convencido de que no necesita a nadie.

Pero su condición humana reclama el reconocimiento de los objetos significativos, para mantener su autoestima. Lo que el mundo interno sólo logra por un período determinado. Son las angustiantes pesadillas las que reclaman ese reconocimiento real externo.

Las fantásticas creaciones internas no logran eliminar esa necesidad, por más que en algún momento todos nos refugiamos en la fantasía (las ensoñaciones diurnas). En los instantes que la necesidad del otro surge y negarse (o estar imposibilitado) a satisfacerla, surge el odio realimentando dichas pesadillas.

* Es imposible que alguno de esos cuadros se dé puro. Generalmente se encuentran mezclados, predominando algunas conductas sintomáticas sobre otras, lo que determina el diagnóstico.

La tolerancia o la intolerancia a la frustración (de las heridas narcisistas, o sea, de los reconocimientos negativos) determina que la estructuración del síntoma tenga lugar, o no. Y la historia personal (las series complementarias) es la que determina tanto la "elección" del síntoma, como la estructuración (la permanencia en el tiempo) del mismo. Carece de importancia si en lugar de la menor tolerancia hay demasiada expectativa imposible de satisfacer, por el reconocimiento anhelado. El resultado es el mismo: la rabia por la frustración, una energía que se descarga contra el aparato psíquico que percibe una realidad que no se quiere o no se puede tolerar. En ese sentido, la psicosis es una enfermedad psicosomática. También podemos aceptar que un infante en el que aún predomina la magia del proceso primario, está en un estado psicótico, inevitablemente (lo que sostiene la escuela inglesa).

*Que un cuadro configure el diagnóstico de psicosis requiere la permanencia en el tiempo del cuadro sintomático, sea el que fuere que se considere tal. Ya que, aún normalmente estos síntomas se presentan en cualquier sujeto, por instantes.

 

IV).-

La Comedia Humana (retrato de un personaje)

Hugo era todo un personaje. Decir que era simpático equivale a rebajarle el mérito más importante y posiblemente el único que tenía. Nunca podía tomarse algo en serio. ¿Quejas, lamentos, protestas? Jamás. Burlas más o menos cínicas no podían faltar, pero calculaba muy bien ante quién, en qué momento y contra quién. Era imposible ofenderse con Hugo. ¡Y cómo cantaba los tangos en iddish! Era un antidepresivo natural.

Cuando lo conocí teníamos diecinueve años y resulta lógico que cincuenta años después algunos ya estemos mirando las plantitas desde abajo. Como Alfonso, que fue el primero y era el mayor del grupo. Llegó a los veinte con una afección cardíaca seria; un día juntó a los amigos y a la familia para comunicarles que se despedía porque esa noche iba a morir. Y se murió esa noche.

Enfermedades, accidentes, después la guerra sucia, fueron suficientes motivos para sacar de circulación a muchos. Hugo, a quien le tocarían dos accidentes y que muere en el segundo, dicen que optó por suicidarse. Agradeció el primero al destino porque lo obligó a usar bastón; le daba un aire más distinguido.

Un día de Marzo llega Hugo y dice muy contento: "Metí Fisio". Tiempo después dice: "Metí Semio" y cuenta que es ayudante de no recuerdo qué Cátedra y que está ya en cuarto año de Medicina.

Muy buen partido para el casorio resultaba este Hugo. Divertido como ninguno, siempre seductor y alegre. De modo que las chicas revoloteaban a su alrededor esperando cualquier señal para acercarse, por eso siempre estaba de novio aunque no por mucho tiempo.

Su personalidad nada tímida le abría muchas puertas interesantes que despertaban nuestra envidia tanto o más que la facilidad de conquistar al sexo opuesto. Un día me invita a almorzar, cosa que entre nosotros (que no teníamos un peso) parecía un chiste. Para mí, recibir una invitación de Hugo era todo un honor que acepté encantado.

¿Adónde me quiere llevar a almorzar? Al Congreso Nacional. Lo insólito sucedió cuando llegamos ahí. Entramos y los porteros lo saludan sonriéndole: "Buen día, Doctor" inclinando la cabeza para saludar, no al Hugo que yo conozco, sino al personaje. Él devuelve con un "Hola, Che" sin inmutarse, mientras me dice: "Vení que te presento a ese diputado" Alguien venía a nuestro encuentro. El supuesto diputado le da la mano y también le dice sonriendo: "Doctor, encantado de saludarlo" a lo que Hugo, siempre serio, le contesta: "¿Cómo te va, Che?" sosteniendo la altura.

Ese día el Restaurante del Congreso estaba cerrado por unos arreglos, así que fuimos a la Confitería de la esquina, la del Molino, donde nos paga el Vermouth el hijo de un Senador que era la encarnación real de Isidoro Cañones, el Play Boy de historieta. ¿Hugo sabía que el Restaurante estaba cerrado? Jamás se sabrá.

Otro día tengo un problema con el teléfono, que en esa época era una desgracia seria porque podía quedar mudo varios meses y aún años. Hugo me lleva a la sucursal correspondiente. Ahí está la gente esperando un turno que parece no llegar nunca, poniendo a prueba la paciencia humana frente a la burocracia que se aprovecha del poder que la necesidad de otros le otorga. Hugo se dirige directamente a la oficina del jefe, quien también lo saluda con mucho respeto y él, con la misma displicencia a la que ya me tenía acostumbrado. La solución del problema tardó dos horas.

Cierta vez me quiero meter en un negocio, pero no tengo plata suficiente. ¿Qué hace Hugo? Me lleva al Banco de la Provincia, directamente a la casa matriz. Allí me presenta al Director en su despacho y tras los saludos tradicionales, éste (muy voluntarioso, solemne y sumiso y Hugo muy arrogante e indolente) me otorga el crédito.

Si alguien me cuenta algo semejante, no le creo, pero yo lo viví.

Como se darán cuenta, intimé bastante con el tal Hugo, aunque tampoco se llamaba Hugo.

En la época de la Unión Cívica Radical del Pueblo, era un activo militante en la política y lo vimos, asombrados, el 18 de julio de 1970 a través de un Noticiero de la Tele, en el Cementerio de la Recoleta durante el entierro de Aramburu (asesinado por los Montoneros) peleándose con Patricio Kelly, entonces jefe de la Alianza Libertadora Nacionalista, quien había ido para hacer lío. Para eso, Hugo tenía agallas.

¿Quién era el caballero Hugo? En las tarjetas que repartía figuraba sólo HUGO SATIS, sin otro detalle. Su nombre verdadero, Israel Srolinsky, tenía un sabor muy poco aristocrático. Sin embargo, a ninguno de los que conocíamos su verdadera identidad, se nos hubiese ocurrido llamarlo de otra forma.

En la época en que supuestamente estudiaba y era ayudante de Cátedra (esto último resultó increíblemente cierto) de repente, por cuestiones políticas, piden a los estudiantes la libreta Universitaria para entrar en la Facultad; Hugo desaparece. Ni siquiera había empezado el bachillerato.

En uno de los pocos momentos en que se daban las condiciones para poner los pies en la tierra le digo: "Hugo, es evidente que la Medicina te gusta mucho, ¿por qué no te ponés a estudiar en serio? El bachillerato lo podés hacer rápido y la Facultad te va a resultar fácil; con todo lo que sabés." Se produjo un instante de silencio ¡Hugo estaba reflexionando! Su respuesta fue contundente: "No, mirá, no podría soportar tener como maestros a los que fueron mis alumnos". No me pareció conve niente insistir.

Una de las tantas veces que estaba de novio, el candidato a futuro suegro sufre un infarto. La familia consulta a quien iba a ser el flamante Doctor de la familia y Hugo, de nuevo mostrando su coraje, va a consulta con el Dr. Cossio, una eminencia de la Cardiología que se da cuenta de que este muchacho es una farsa.

Hugo tenía muy justificadas sus actuaciones: "Es muy sencillo: yo vivo en un conventillo en el Once. Nunca llegaré a tener lo que quiero, lo que otros tienen y a lo que yo tengo tanto derecho como cualquiera. ¿Romperme el lomo como mi viejo que se murió sin un mango laburando todos los días de su vida? No tengo ningún interés. Me invento cualquiera y ya lo soy. Y ya ves que se la creen, así es más divertido."

Lo poco que pudo ganar con su oficio de peletero, que también quería ocultar por vergüenza, lo gastaba en ropa para aparentar.

"Persona" significa "máscara", Hugo no era más que una brillante ilustración.

¿Cómo siguió la historia con Cossio? Pues la muchacha estaba tan fascinada con este Hugo (lo que no era difícil de entender) que después del revuelo familiar ella decide casarse con él. ¡Y se casan! Con esto a Hugo se le escaparon las cosas de la mano. La pareja tiene un hijo y al poco tiempo la chica, ya madre, lo abandona y vuelve con su familia llevándose a su hijo. Se cansó de esperar que se concrete alguno de los fantásticos proyectos que Hugo jamás dejaba de inventar.

Que la vida de Hugo era una grotesca farsa, no cabe duda. Tampoco, que era un excelente actor, de una comedia universal.

Manfredo Teicher

Ir a la página principal del Programa de Seminarios por Internet de PsicoNet

Logo PsicoNet