Ir a la página principal del Programa de Seminarios por Internet de PsicoNet

Seminario
Sexología
sexologia@edupsi.com
http://www.edupsi.com/sexologia

Organizado por : PsicoMundo

Dictado por :
Lic. Virginia Martínez Verdier y Dr. Carlos Alberto Seglin


Clase 12

Transferir clase en archivo .doc de Word para Windows


TEMARIO:

1.- Sexualidad placentera: Planificación familiar. Métodos anticonceptivos, sus consecuencias orgánicas, psicológicas, sexológicas y vinculares.

2.- Sexualidad reproductiva: avatares de la sexualidad femenina y masculina durante el embarazo y el puerperio. 3.- Bibliografía.

4.- Tarea.

 

1.- SEXUALIDAD PLACENTERA: PLANIFICACIÓN FAMILIAR. MÉTODOS ANTICONCEPTIVOS, SUS CONSECUENCIAS ORGÁNICAS, PSICOLÓGICAS, SEXOLÓGICAS Y VINCULARES.

Nota: en estos temas no incursionaremos en los elementos fisiológicos del embarazo y de cada método anticonceptivo ya que son ampliamente difundidos en los libros de biología o medicina.

La sexualidad tiene dos finalidades básicas: la reproductiva y la placentera. Pocas veces en la vida, una persona decide -concientemente- efectivizar la primera finalidad. En esos casos, cuando ambas funciones se integran, suele sentirse una gran vivencia de plenitud personal.

Lo habitual es que durante varias décadas esa misma persona ejerza su sexualidad con otros objetivos: el recrearse, el dar y recibir afecto, el calmar ansiedades, o incluso ser un sujeto más de la sociedad de consumo sexual.

Hacia fines de milenio, la anticoncepción es reconocida de hecho por millones de seres humanos como necesaria y beneficiosa para una vida sexual plena y satisfactoria, así como también para decidir responsablemente el cuándo de su paternidad. Pero sabemos que es aún hoy objeto de resistencias y discusiones ideológico-religiosas.

Más allá de las circunstancias sociales que rodean al tema, las personas que decidan recurrir a ellos necesitan también saber cómo repercute cada uno de los métodos anticonceptivos en la sexualidad de la pareja y de cada uno de sus miembros.

Para llevar adelante una elección realmente efectiva tanto desde el punto de vista orgánico como psicológico y sexológico.–a través del asesoramiento del médico especialista- es importante considerar costos, formas de uso y eficacia, así como también la personalidad de cada usuario y el tipo de relación de pareja.

Aunque podamos suponer que todos los métodos anticonceptivos "liberan" el comportamiento sexual, en realidad la toma particular de decisión es complicada ya que se ponen en juego conflictos en relación a la educación personal, así como temores, especialmente con respecto a la propia integridad y a la posibilidad de tener hijos en el futuro.

Habitualmente no se elige un método para toda la vida, sino que depende de cada etapa evolutiva del sujeto y de su pareja. Es fundamental conocer sus efectos para que, cada vez, la elección sea la más acertada para esa persona o pareja en ese momento vital particular.

Los efectos negativos o positivos sobre la sexualidad dependerán del método utilizado, de su grado de confiabilidad, del nivel de aceptación o rechazo individual o de la pareja y de la subjetividad personal de cada miembro, así como también de su interrelación.

En general, los métodos de mayor eficacia -pastillas, inyección mensual, dispositivo intrauterino- producen una sensación de naturalidad en los encuentros sexuales. Sin embargo, cuestiones religiosas o temores de ser dañada interiormente pueden influir negativamente.

Los métodos de barrera -preservativo masculino o femenino y diafragma- benefician la sexualidad si son aceptados psicológicamente. En cambio, si las personas sienten que les quitan espontaneidad, disminuyen la sensibilidad, o tienen alguna otra creencia sobre ellos, son rechazados.

Los métodos de menor eficacia -coito interrumpido y de los días infértiles- suelen condicionar el deseo y la respuesta sexual, produciendo un desajuste emocional individual y de la pareja.

Deteniéndonos en cada método en particular observamos que:

La píldora anticonceptiva necesita de una usuaria con una personalidad metódica y ordenada para que su eficacia fisiológica pueda realizarse. En este sentido, las personalidades infantiles, melancólicas, las mujeres con algún grado de debilidad mental, y las adolescentes en general son una población poco confiable en cuanto a recordar su toma diaria. En determinadas mujeres la vivencia de naturalidad y libertad beneficia su vida sexual. Otras, pueden alterar su estabilidad emocional con sentimientos contradictorios con respecto a su sexualidad, por temor a un invasor interno que las ataca, incrementándose su ansiedad o depresión.

El diafragma, aunque produce la vivencia casi natural del acto sexual, puede ser rechazado por su interferencia en la espontaneidad del encuentro o por las características de personalidad de los miembros de la pareja.

Es muy bien aceptado por aquellas mujeres que conocen su cuerpo y sus genitales y que llevan una vida sexual satisfactoria. En cambio, aquellas mujeres que se avergüenzan o sienten culpa o miedo por tocar sus genitales, no lo aceptan o se lo colocan mal involuntariamente.

Algunos hombres rechazan el diafragma por sentir que entran en contacto con un cuerpo extraño.

El dispositivo intrauterino produce efectos similares a la píldora. Es vivido con libertad y confianza, naturalizando el encuentro sexual o es rechazado por profundos sentimientos de culpa religiosos o por ser vivido como un cuerpo extraño que puede dañar interiormente. En estos casos puede suceder que la mujer lo expulse o manifieste síntomas secundarios a su uso -provocar dolor durante la penetración profunda o el orgasmo, entre otros-. Algunos hombres pueden percibir los hilos y sentirse molestos o descubrirse ansiosos ante él.

Las jaleas y los óvulos pueden ser rechazados por su asociación con la suciedad y el asco. Algunos hombres pueden molestarse por el exceso de lubricación vaginal e interferir en la práctica del sexo oral con naturalidad.

El coito interrumpido, además de su baja eficacia, impide el ajuste sexual de la pareja. La ansiedad y la tensión sexual no descargada pueden producir efectos emocionales negativos en ambos miembros de la pareja. Para el hombre, es una gran exigencia de control y para la mujer es una frustración ya que sus tiempos y ritmos están condicionados por el método.

El método del ritmo o de los días no fértiles condiciona el deseo sexual, pues las personas "deben" tener relaciones sexuales en determinadas fechas más allá de que tengan ganas o no; y viceversa, cuando el deseo aparece, no pueden dejarse llevar por él. Este método perturba el desarrollo normal de la vida sexual.

El preservativo masculino suele ser rechazado por la generación de personas que encontraron mayor comodidad en otros métodos. Pero, actualmente, más allá de la anticoncepción es indispensable como preventivo de enfermedades transmisibles sexualmente.

Las quejas habituales de que disminuye la sensibilidad, de que interfiere en la espontaneidad y en la erección están basadas en la no aceptación previa a su uso. No hay motivos orgánicos reales de perturbación y la espontaneidad puede ser vencida por la creatividad.

El preservativo femenino, poco utilizado aún en nuestro medio, suele ser rechazado por quitar naturalidad al encuentro, por vivencias antiestéticas y por disminuir la sensibilidad.

En este sentido es importante considerar que el rechazo de los métodos de barrera por considerar que quitan espontaneidad al encuentro, puede ser fácilmente resuelto si se los incorpora al juego sexual de la pareja. En vez de ser colocados a escondidas, ambos pueden participar para su colocación, con diversas conductas de estímulo erótico.

Para que las personas puedan expresar su deseo sexual con libertad necesitan descansar en un método confiable y tranquilizador elegido por y para ellos. A partir de allí su bienestar sexual dependerá de otros factores relacionados con su personalidad, su historia, sus modelos y mandatos, su sistema de valores y la relación general con su pareja.

2.- SEXUALIDAD REPRODUCTIVA: AVATARES DE LA SEXUALIDAD FEMENINA Y MASCULINA DURANTE EL EMBARAZO Y EL PUERPERIO.

"Madre" y "sexual" son dos palabras obviamente unidas desde la lógica biológica. Para ser madre es necesario haber sido primero sexual. Esta es la lógica desde la función reproductiva de la sexualidad.

Sin embargo, desde los determinantes culturales estas dos palabras no siempre van unidas. Es más, para algunas personas, tanto varones como mujeres, "madre" implica otros valores, hasta opuestos, a la sexualidad.

Puede suceder que esas personas sientan que existen dos categorías de mujeres: "las madres" y "las otras". Y sólo esas "otras" pueden ejercer su sexualidad con placer. Para ellas las madres son asexuales.

Aún personas evolucionadas suelen encontrarse internamente con este prejuicio que no lo tienen conciente. Se les hace evidente cuando se embarazan y nacen sus hijos. Disminuyen su deseo sexual, temen dañar al bebé en la panza, se olvidan de sí mismas y de su intimidad y, lentamente, van alejándose y convirtiéndose de pareja conyugal en pareja parental casi con exclusividad.

La sexualidad humana es una energía vital que nos acompaña toda la vida. Integrada por dimensiones biológicas, psicológicas, sociales y culturales, cumple con dos funciones básicas: reproductiva y placentera. Aunque independientes entre sí, para muchas personas, acorde a su proyecto de vida, el pleno y libre desarrollo de ambas funciones es necesario para su crecimiento y equilibrio personal.

La función reproductiva está al servicio de la conservación de la especie y del cumplimiento de necesidades individuales y sociales. Así mismo, la función placentera está al servicio de necesidades individuales (formación de la identidad, comunicación, contacto, búsqueda de la autoestima, etc.) y de necesidades sociales que la incentivan (comercialización, consumismo) o la reprimen.

Ambas funciones se integran pocas veces en la vida de una persona; cuando lo hacen, aunque podamos suponer que esta completud permite un desarrollo sexual sumamente satisfactorio, la experiencia y las investigaciones nos demuestran que no siempre es así.

La vivencia sexual de varones y mujeres durante este período suele tener variaciones personales individuales y de pareja, pero también se ve condicionada por mitos, miedos y prejuicios que la sociedad ha ido transmitiendo a lo largo de los tiempos. Entendiendo el gran cambio que implica conformar una familia y la movilización emocional que significa, igualmente es imprescindible para la salud afectiva y vincular de todos sus miembros que la pareja no deje de serlo. En ese sentido el desarrollo de la intimidad es un valor a alcanzar.

La sexualidad en la pareja antes del embarazo:

Podemos diferenciar tres posibilidades de acceso al embarazo:

l.- Embarazo accidental: En este caso, la sexualidad de la pareja es  la habitual de su momento vital. Podríamos especular si el "accidente" fue voluntario o no, y en ese sentido las implicancias que tendrá para la pareja la llegada de un hijo que no fue planificado. Desde los extremos del rechazo a la aceptación con alegría, determinado estado de ánimo acompañará el período reproductivo con sus particulares consecuencias en la intimidad sexual de la pareja.

2.-Embarazo planificado: En general, si la pareja tiene una relación armónica, lleva una vida sexual satisfactoria y persigue el fin de completarse en la formación de una familia; este período es sumamente grato para ambos. Al placer de la búsqueda se agrega la libertad de disfrutar de la sexualidad sin temor al embarazo.

En cambio, si la búsqueda de un embarazo tiene otros fines (unión de la pareja, retención de uno de sus miembros, etc.), la sexualidad de este período puede ser vivenciada tanto placenteramente como con ansiedad y exigencia por cumplir con el fin -conciente o inconcientemente- propuesto.

3.- Fertilidad asistida: Cuando una pareja que desea un embarazo, luego de determinado tiempo no lo logra, la alegría de la búsqueda comienza a convertirse en un angustioso laberinto. La manipulación médica de ambos miembros para "embarazarlos", suele alterar la sexualidad de la pareja. Los encuentros sexuales pasan a ser obligados, mecanizados, donde el deseo sexual desaparece tras el deseo del hijo.

En estos casos la sexualidad placentera sucumbe a la sexualidad reproductiva, la cual pasa a ser predominante, con las concomitancias del conflicto y el displacer.

En general, la sexualidad -de por sí modificada durante el período reproductivo- en estos casos se deteriora de tal modo que se hace más difícil que la pareja pueda recuperar una vida sexual satisfactoria posterior al desarrollo de esta etapa.

La sexualidad durante el embarazo:

En esta clase me refiero fundamentalmente a la expresión de la sexualidad en los embarazos llegados a parejas armónicas. En cambio, cuando el embarazo no es deseado o la pareja lucha permanentemente entre sí, la sexualidad ocupa otros lugares, no los del placer. En esos casos se hace necesario considerar las particularidades.

Desde el punto de vista psicológico, diversos sentimientos y actitudes de reacomodación a la nueva situación, pueden producir en la mujer -y también en su pareja- necesidad o rechazo de la intimidad sexual.

La retracción de los primeros meses, las fantasías de daño al feto, los miedos, la disociación entre mujer madre y mujer sexual, la vivencia personal de belleza o fealdad ante los cambios corporales van determinando un estilo vincular particular.

Diversas investigaciones realizadas en nuestro país y en el mundo, demostraron que las mujeres embarazadas suelen disminuir su deseo sexual en el primer trimestre, lo aumentan en el segundo y disminuye paulatinamente en el tercero. Estos resultados tienen una explicación basada fundamentalmente en la aceptación de los cambios en el esquema corporal y en la relación afectiva con el feto.

En el primer trimestre, el desajuste metabólico que produce malestares digestivos, hipotensivos y del sueño, entre otros, así como la incertidumbre acerca del verdadero estado desencadena conductas de aislamiento y retracción. La energía sexual es puesta sobre sí misma y el deseo sexual suele disminuir.

En el segundo trimestre, cuando la mujer comienza a estabilizarse orgánica y anímicamente, el deseo recobra su frecuencia habitual, o aún mayor considerando los cambios fisiológicos del embarazo, que benefician la excitación. Teniendo en cuenta que la excitación se manifiesta como la llegada de sangre a los genitales, la marcada vasocongestión mamaria y pelviana disparada por el embarazo, puede producir sensaciones dolorosas o intensamente placenteras, ya que la mujer se encuentra en un estado de excitación fisiológica. En ese sentido se han descripto casos de mujeres que alcanzaron el orgasmo por primera vez durante su embarazo.

Así mismo, el cuello uterino se encuentra más vascularizado y predispuesto a sangrar por el coito. Durante el orgasmo, el útero puede presentar contracciones, con una disminución de la actividad fetal seguida de un breve período de actividad fetal compensada; se registra una transitoria bradicardia fetal sin efectos dañinos aparentes. Estas situaciones pueden provocar desconcierto y temor de dañar al feto, por lo cual, algunas parejas disminuyen su deseo.

En el tercer trimestre se produce una actitud ambivalente entre la certeza de que el embarazo no corre riesgos, lo cual permite a la mujer desenvolverse con mayor naturalidad e incrementando su deseo, y la cercanía del parto que, al aumentar la ansiedad puede disminuir el interés sexual.

Cada embarazo en una misma mujer cursa de manera totalmente distinta. La llegada del primer hijo influye notoriamente en la vida sexual. El pasaje de pareja a familia implica sentimientos mucho más intensos que el agrandamiento de la familia. Por otro lado, la mujer multípara ya sabe de que se trata el embarazo y muchas de sus ansiedades se expresan con menor intensidad. Los hijos ya nacidos reclaman la atención de su madre, por lo cual, la retracción tiende a compensarse con las exigencias del afuera.

Aunque la mayoría de las investigaciones apuntan al estudio de la mujer embarazada, es importante considerar los sentimientos y actitudes del varón ante el estado de su pareja. Algunos hombres sienten rechazo por miedo a dañar o por considerar a los cambios como deformaciones. Así mismo el mito de mujer-madre versus mujer-sexual, aún se encuentra arraigado en algunos hombres, lo cual les impide acercarse íntimamente. También la sensación de tercero excluido puede recrear otras historias de exclusión o abandono que le inhiban el acercamiento.

Algunos hombres disminuyen su deseo y otros buscan relaciones paralelas no sólo como descarga biológica sino fundamentalmente como manera de canalizar las ansiedades que les despierta la nueva situación.

La actitud opuesta a la anterior, se observa en los hombres que se erotizan con la imagen de su mujer embarazada, y los sentimientos de ternura y pasión se integran en una intimidad equilibrada.

La cercanía del parto estremece a la pareja, y es así que muchas comadronas recomendaban el mantener relaciones coitales para acelerar el parto beneficiosamente. Más allá de la relaxina, sustancia habitual en el semen, que ayuda relajar el cuello del útero, nuevamente las ansiedades tienen en el encuentro sexual, una buena vía de escape. No sólo por la descarga instintiva sino por la gratificación profunda del encuentro amoroso.

Sexualidad durante el puerperio:

El embarazo y el parto son uno de los momentos más importantes en la vida de una persona. Desde el miedo a lo desconocido hasta la idealización de tener al mejor bebé del mundo, diversos sentimientos incluso contradictorios entre sí, surgen a cada momento, durante nueve meses y especialmente en la cercanía del parto.

Muchos suponen que luego del nacimiento todo se dará espontáneamente porque "el instinto materno" guiará a la mujer hacia el camino correcto, siendo este un período ideal y maravilloso.

Sin embargo, las vivencias y emociones sentidas en esta etapa conocida como puerperio, son muy fuertes y pueden llevar a la novel mamá a confundir el afecto por su hijo. Recordemos que el puerperio es una crisis vital, y como toda crisis tiene aspectos negativos que serán necesarios superar para lograr el crecimiento.

Los sentimientos maternos en estos primeros momentos son típicos de este especial período, pero también suelen estar relacionados con situaciones anteriores en la vida de esa mujer. Una personalidad femenina débil o infantil, así como los mitos y las creencias que condicionan la visión ser mujer-ser madre, o una relación conflictiva de pareja influyen en el desarrollo sano de la maternidad y en el equilibrio emocional personal.

De hecho, el puerperio psicológico se extiende aproximadamente hasta el año, en el cual cada miembro de la familia logra ir adaptándose a la nueva situación. La sensación de tristeza, agobio y confusión son sentimientos habituales en los primeros tiempos después del parto.

Además, es bastante común que el deseo sexual desaparezca ya que la mamá dedica su energía a su nuevo rol y también a sus otros hijos, y se olvida de ella como mujer con necesidades afectivas y de contacto corporal.

El estado de tristeza y desubicación puede expresarse en diferentes grados según cada mujer. Aunque estos sentimientos son habituales, es de esperar que con el paso de los meses, la mujer pueda recuperar su estado anímico equilibrado.

Cuando, entre los 6 meses y el año después del parto la mujer no puede reacomodarse a su nueva realidad, la rechaza o la niega y se paraliza, significa que la depresión se ha instalado.

En general, en estos casos, la lucha se juega en tres frentes fundamentales:

La exclusividad en la expresión de alguno de estos frentes dejando de lado los otros, deteriora el desarrollo saludable como mujer y como madre.

Es necesario estar atentos a la evolución del bebé en su primer año de vida. Pero también es fundamental la evolución emocional de esa mamá; ya que el vínculo que establezca con su hijo y con su marido -como hombre así como el lugar que le dé como padre- dejará marcas indelebles en la personalidad de cada integrante de esa familia.

Podemos diferenciar tres momentos del puerperio:

l.- Inmediato: Abarca la primer semana después del parto. En general, ambos miembros de la pareja dedican su energía a la recuperación de la mujer y la reorganización familiar, por lo cual pensar en la intimidad sexual resulta casi imposible.

2.- Propiamente dicho: Abarca los primeros cuarenta días después del parto. Habitualmente la episiotomía y el sangrado condicionan el reinicio de la vida sexual coital de la pareja. Muchas de ellas esperan la "autorización" médica para hacerlo. Los primeros encuentros suelen ser insatisfactorios, ya que el agotamiento, la adaptación a la nueva estructura vaginal postepisiotomía o la preocupación por la cicatriz de la cesárea, los miedos, el mito mujer madre versus mujer sexual, entre otras situaciones condicionan el deseo sexual y la intimidad de la pareja.

3.- Mediato: Abarca hasta el primer año después del parto y su desarrollo es fundamentalmente psicológico y vincular. Algunas mujeres recuperan con mayor rapidez que otras su deseo sexual; en cambio, otras tardan varios meses en mantener relaciones sexuales con un deseo propio. Esto puede estar relacionado con el nivel de estrógenos y de prolactina en su organismo, con el registro negativo o positivo que haya hecho del parto, con el temor a un nuevo embarazo, como así también con una mayor dificultad de adaptación a los cambios que se han producido en su vida.

Así mismo, la simbiosis normal establecida entre la mamá y el bebé puede dejar afuera al padre, y por acción de ambos miembros de la pareja, la sexualidad puede volver a quedar relegada.

Algunas mujeres permiten que su pareja se incluya, y algunos varones se incluyen con facilidad en esa simbiosis de a tres. La reestructuración del sistema familiar a través de la comunicación, la intimidad, la cooperación, permite que la pareja vaya recuperando paulatinamente su sexualidad habitual.

 

El rol educativo de los profesionales de la salud:

En este período las parejas -especialmente las primigestas- suelen otorgar al médico el poder de decidir sobre sus vidas. Esperan indicaciones precisas acerca de lo que pueden o no hacer en general, incluida su sexualidad. Buscan canalizar sus dudas, miedos, ansiedades, desconocimientos, a través del saber absoluto del "especialista".

Esta búsqueda no siempre implica la pregunta directa y clara. A veces, sometidos al estilo de cada profesional, esperan que sea él quien tome la iniciativa, en la fantasía de que él sabe sus necesidades.

Lamentablemente, muchas veces los obstetras y las obstétricas se manejan mecánicamente, viendo "una panza" y no una persona. Por otro lado, sus desconocimientos con respecto a los pormenores de la sexualidad los llevan a realizar indicaciones erróneas o a guiarse por sus creencias, mitos y prejuicios, los cuales inoculan en la pareja paciente, creando aún mayor confusión y ansiedad.

Como todo profesional de la salud, el rol preventivo-educativo está siempre presente en su atención. Voluntariamente o no, concientemente o no, los profesionales transmitimos nuestros

valores personales, sociales y sexuales. El peligro en la asistencia es hacerlo en automático y como única verdad posible, sin tener conciencia de que el otro debe tener la posibilidad de decidir sobre su vida.

El rol educativo es fundamental para ayudar a los otros a encontrar su propio camino, en todo caso, acorde a nuestros conocimientos y experiencia mostrar los peligros "que acechan", indicar firmemente los límites a establecer considerando a esos riesgos. Bajarse del lugar omnipotente en el que los pacientes nos colocan es sano para ellos y para nosotros, porque, aunque suene obvio, "también somos personas".

Necesidades de las parejas durante su período reproductivo: En este sentido, es importante que los profesionales que se desempeñan en el área de la maternidad tengan en cuenta que:

Reflexión final:

Mantener una vida sexual armónica durante su período reproductivo, ayuda  a la pareja a canalizar ansiedades, a sostener su intimidad conyugal versus su pareja parental, a evitar los celos y/o la necesidad de relaciones extramatrimoniales, beneficiando el equilibrio emocional y vincular de ambos, y por extensión, de su nueva familia.

La sexualidad en particular y la vida en general se hace más complicada desde el deseo de un hijo o desde la concepción misma. Pero sabiendo que estas situaciones son habituales en los seres humanos, que "no somos nosotros los raros", que podemos recuperarnos y recuperar nuestra pareja, nos alivia y nos acompaña a sobrellevar con mayor armonía los inevitables cambios del período reproductivo.

3.- BIBLIOGRAFÍA:

4.- TAREA:

Coloque Verdadero (V) o Falso (F), ante las siguientes afirmaciones y porqué:

 

¡ HASTA LA PROXIMA CLASE!


Ir a la página principal del Programa de Seminarios por Internet de PsicoNet

Logo PsicoNet