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Seminario
Sexología
sexologia@edupsi.com
http://www.edupsi.com/sexologia

Organizado por : PsicoMundo

Dictado por :
Lic. Virginia Martínez Verdier y Dr. Carlos Alberto Seglin


Clase 7

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Lic. Virginia Martínez Verdier

TEMARIO:

1.- Fantasías sexuales.

2.- Erotismo femenino y masculino.

3.- Conductas sexuales. Qué es lo normal?

4.- Notas sobre el tema, de la Lic. V. Martínez Verdier publicadas en medios gráficos.

5.- Bibliografía.

 

1.- FANTASIAS SEXUALES:

La capacidad de fantasear es indicadora de flexibilidad, creatividad, riqueza interior; aunque, como suele suceder en todos los aspectos de la vida, depende del equilibrio. Sabemos que la fantasía absoluta despegada de la realidad generalmente indica locura. Así como el apego excesivo a la realidad inhibe y empobrece la vida psíquica y el interjuego de comunicación emocional con los otros.

Una personalidad equilibrada suele discriminar cuándo es conveniente dejarse llevar por las fantasías y cuándo es necesario tener los pies bien plantados sobre la tierra.

En la vida sexual, las fantasías son un aliado necesario y gratificante. Constituyen puntos de apoyo fundamentales para el despliegue del erotismo. Como un estímulo que despierta el deseo, continúan desarrollándose durante el estado hipnoide que implica dejarse llevar por la excitación, apareciendo con más facilidad la transgresión de normas o valores que no se actuarían manifiestamente.

Sin embargo, muchas personas suelen temer a sus fantasías sexuales, tal vez porque ellas no coinciden con lo que es su vida real. Creen que si fantasean puedan desear llevar esas fantasías a la acción y hacer algo que no está permitido por su propia conciencia.

Estudiosos de la vida imaginativa de las personas en relación a su sexualidad han descubierto que las fantasías suelen ser uno de los elementos con mayor resistencia a ser compartidos con otros, aún con la propia pareja. El miedo, la vergüenza, el pensar que sólo uno es el que imagina "semejantes cosas", suele actuar como inhibidor de las fantasías y de su comunicación.

La culpa empobrece la imaginación e, incluso, lleva a algunas personas a adoptar conductas sexuales totalmente opuestas a su fantasía por temor a ser descubiertas y criticadas. De este modo, también su vida sexual se ve empobrecida, porque estas personas manifiestan actitudes durante el encuentro sexual que realmente no sienten como satisfactorias.

Las parejas que se permiten fantasear y compartir sus fantasías, suelen jugar a que las llevan adelante y ellas incrementan su erotismo. Recordemos que el erotismo es estimulado por nuestros cinco sentidos y por nuestra vida interior representada por fantasías.

Las fantasías sexuales cumplen con varias necesidades. Generalmente tienden a completar una necesidad insatisfecha, cuando ésta se logra, ya no se necesita de esa fantasía en particular. Algunas personas acuden a ellas para separarse de su pareja real durante la relación sexual, en su cabeza están con otro. Otras recurren a ellas para salir de la rutina del encuentro incluyendo o no a su pareja en su imaginación. Otras las utilizan para hacer con su mente lo que no harían con su cuerpo. Otras las utilizan simplemente para enriquecer el momento sexual. Hay quienes fantasean estando solos, y en su autoestimulación se sienten acompañados.

Una fantasía puede ser muy erotizante en un momento de la vida, perder su estímulo durante un tiempo y volver a recuperarlo más adelante.

Resulta interesante saber que sin fantasías la vida sexual plena es imposible. Aunque compartimos con el resto de los animales nuestra sexo genitalidad instintiva, lo que nos diferencia de ellos es nuestra vida anímica, nuestras emociones, nuestra imaginación, nuestras vivencias espirituales, en síntesis nuestro SER humanos.

Fantasear nos recuerda que somos humanos, que automatizarnos sexualmente, como en cualquier otra área de la vida, no nos permite vivir plenamente.

Passini y Crepault estudian el imaginario conciente como producto de la imaginación, diferenciado de la fantasía inconciente. Consideran que las fantasías sexuales difieren según el medio cultural, el género y las conductas sexuales. Las consideran fundamentales para realizar el diagnóstico y acercamiento terapéutico a las disfunciones sexuales.

Ellos plantean que los psicoterapeutas no suelen abordar el tema de la sexualidad y menos aún el de las fantasías sexuales. Opinan que de esa manera se hacen cómplices de las inhibiciones de sus pacientes.

Mencionan que las fantasías eróticas son difíciles de investigar que las personas son reticentes de mostrarlas. Igualmente desarrollan su estudio de acuerdo a los resultados de sus investigaciones.

El Imaginario erótico es la facultad de autoerotizarse mentalmente por la creación de fantasía.

La fantasía erótica es una representación mental conciente, susceptible de provocar una excitación genital. Implica siempre la existencia de un deseo conciente o inconciente que se precisa y concentra en la fantasía.

Teniendo en cuenta su forma de aparición, encontramos:

Según su origen evolotuvo-temporal se diferencian dos tipos de fantasías:

 

2.- EROTISMO FEMENINO Y MASCULINO. FANTASIAS SEXUALES FEMENINAS Y MASCULINAS.

El hombre tiene mayor facilidad que la mujer para codificar eróticamente los estímulos visuales. Las mujeres son más reservadas e inhibidas, tienden a percibir los estímulos visuales como una globalidad, lo que puede dificultar el fantasear.

Los hombres fantasean más que las mujeres fuera de la actividad sexual porque juegan un rol más activo. La actividad favorece la producción fantasmática.

La música alimenta el imaginario femenino y la ayuda a transformarlo en excitación erótica.

El hombre es más polígamo que la mujer en lo imaginario. Ella es más selectiva y le es fundamental ser objeto de deseo. El varón se valoriza si la mujer acepta sus proposiciones. La actividad sexual es para él el resultado de sus esfuerzos de seducción y conquista. Como dice Alejandro Dolina, un periodista argentino, "Todo lo que los hombres hacemos es para levantarnos minas". Con sus diversas parejas sexuales, el hombre afirma su potencia sexual y consolida su identidad masculina.

La mujer, más frecuentemente que el varón, relaciona el placer con el amor. Ciertas fantasías exhibicionistas, narcisistas, masoquistas, homosexuales y de la antimadona son comunes en las mujeres.

Los hombres tienen con mayor frecuencia fantasías voyeurísticas, poligámicas, orgiásticas, fetichistas, orogenitales, de iniciación, de violación y de la antimadona.

Que la mujer necesite realizar una ligazón afectiva tiene que ver con un condicionamiento social y con las particularidades del erotismo femenino que es menos genitalizado y más global que el erotismo masculino.

Alberoni considera que el erotismo masculino satisface a través de la pornografía sus deseos, necesidades, aspiraciones y miedos de su sexo. En la pornografía se da una sucesión de actos sexuales, sin historia, donde el protagonista no debe hacer nada y la mujer aparece como activa y que se ofrece, teniendo los mismos impulsos, deseos y fantasías que los hombres y ambos deseos siempre se encuentran. Ante esta mujer, como con la prostituta el varón puede permanecer totalmente pasivo, gozando.

El hombre tiende a separar las emociones del erotismo. Sabe distinguir más claramente si lo que siente es deseo o amor. Desea el placer de la mujer para llegar a su propio placer. La fantasía erótica masculina excluye el amor, los deberes, el compromiso y la vida social. Para el hombre es fundamental guardar una zona secreta y personal, mantener su libertad. Cuando seduce, le interesa más saber que va a terminar en una relación sexual que el galanteo mismo. Sólo cuando la mujer accede al acto sexual el varón siente que la conquistó.

El varón vivencia al encuentro sexual como una manera de alejarse del mundo y las preocupaciones. El momento del acto sexual lo sustrae de la vida cotidiana, creando un espacio liberador y liberado que lo enriquece, regresando al mundo con sensación de fortaleza y seguridad.

En sus fantasías, el hombre siente que su deseo sexual es inagotable, espera que una mujer se le entregue siempre. Pero cuando una mujer lo busca intensamente, se retrae y desinteresa, o se siente impotente o no puede eyacular. El requerimiento sexual femenino lo asusta porque lo conecta con lo cotidiano, la repetición y el deber.

El gran seductor se comporta con la mujer como lo haría una mujer. Tiene paciencia, da tiempo, no demuestra su deseo, su urgencia, sabe retirarse, postergar su necesidad haciendo suya la necesidad de su pareja. La mujer, teme al tímido e inexperto por que siente que ese hombre no puede controlar su necesidad explosiva y violenta.

Cuando en el hombre desaparece la pasión, se torna desinteresado e ignora a esa mujer. Cuando está excitado no mantiene la capacidad de percibir y evaluar, siempre encuentra un aspecto bello en su compañera que lo estimulará más allá de sus aspectos desagradables. Así mismo, su excitación no se perturbará por situaciones adyacentes.

Alberoni considera que al erotismo femenino lo caracteriza las novelas rosa, las cremas, los perfumes, el correo sentimental, la sección modas, el maquillaje, la gimnasia, el hogar. Para las mujeres lo específicamente erótico no tiene que ver con el sexo, sino con la debilidad, los celos, el enamoramiento que hace sufrir, la angustia y el miedo de no ser amada, el mito de la Cenicienta.

El éxito y el reconocimiento social fomentan el erotismo femenino, por ello la mujer busca siempre al héroe en el amado.

Lo femenino prefiere lo continuo, la mujer desea permanecer con el amado después del orgasmo porque necesita ser deseada, gustar de manera continuada. El alejamiento del hombre es vivido como rechazo y desinterés. La seducción femenina busca el encantamiento, ser deseada para siempre. Su meta no es el acto sexual.

El comportamiento masculino discontinuo la excita y frustra a la vez. La mujer imagina que con la convivencia esa actitud cambiará, pero siempre habrán hechos que sostengan la discontinuidad masculina porque esa es la forma que toma el deseo masculino.

Para la mujer la casa es una extensión de sí misma.

La ternura se inserta en el erotismo femenino. Todas la s emociones se mantienen o derrumban a la vez. Cuando una mujer pierde la pasión por un hombre pasa a rechazarlo.

Prefieren más ser amadas que amar. Cuando la mujer tomó la iniciativa de la conquista, después duda de la relación, y el hombre se perturba e inquieta.

En la seducción, la mujer mantiene la capacidad de percibir y evaluar, por ello si se dan situaciones que le disgustan, se corta su excitación.

Estas elaboraciones llevan a diversas preguntas o reflexiones:

 

 

¿USTED, QUE PREFIERE?

Nota de la Lic. Virginia Martínez Verdier Publicada en Intercountries.

Prepárese para responder una pregunta insólita. ¿Usted, qué prefiere? ¿Que su pareja haga el amor con usted pensando en otra persona o que haga el amor con otra persona pensando en usted?

No la responda desde lo que piensa sino que hágalo desde lo que siente, desde su primera impresión, desde el impacto.

¿Ya respondió? No es una pregunta tramposa. Apunta al erotismo y a las fantasías sexuales. Los seres humanos nos diferenciamos de los animales, entre otras cosas, porque hacemos de nuestra sexualidad una actividad erótica, ligada al placer, no sólo a la reproducción.

Nuestro erotismo se despierta por los estímulos externos que reciben nuestros sentidos: el tacto, el oído, el olfato, el gusto y la vista, y por estímulos internos: las fantasías y los recuerdos.

Parece ser que varones y mujeres tenemos diferencias en la preponderancia que le damos a determinados estímulos, así como también tenemos diferentes tipos de fantasías.

Luego de las protestas habituales ante la pregunta inicial, y de la negativa a elegir alguna de la dos; en general, los varones responden que prefieren estar con su pareja aunque ella piense en otro. Y es una respuesta típicamente masculina, ya que el varón prefiere lo concreto, lo palpable, lo seguro, que puede controlar en el momento. Total, como dijo alguien, "de su mente no me entero". Ojos que no ven, corazón que no siente...

En cambio, generalmente, las mujeres prefieren que su pareja haga el amor con otra pensando en ellas. Y esto es así, porque el erotismo femenino es más romántico. Para ellas es más importante ser dueñas del alma que del cuerpo de su amado. "Si piensa en mi, aunque esté con otra, es porque me quiere a mi".

Pero, deteniéndonos en las fantasías sexuales, sabemos que, entre otras, existen las concordantes (se piensa y actúa con la misma persona) y las discordantes (no coinciden la persona real con la fantaseada). En este último caso, podemos pensar que el amor está llegando a su fin o que la rutina lo está adormeciendo, o, simplemente que la actividad fantasiosa es rica y personal.

Fantasear no siempre significa deseo de convertir esa fantasía en realidad. Sólo puede ser una parte más de nuestro erotismo.

 

3.- CONDUCTAS SEXUALES ¿QUE ES LO NORMAL?

Esta es una pregunta habitual en las personas. Surge invariablemente en los consultorios y en las reuniones educativas. Más allá de establecer qué es normal o no, es interesante reflexionar acerca de la inseguridad que le produce a las personas si sus conductas y fantasías están dentro de la norma.

En ese sentido, una de las tareas fundamentales del terapeuta o educador sexual será trabajar con ellos los mitos, creencias y prejuicios que sostienen sus dudas y temores, contextualizar en la sociedad actual y ayudar a que la persona se permita mayor libertad y confianza.

En sexualidad no hay una norma universal, cada sociedad utiliza diferentes pautas para establecerlo. Pommeroy analiza diversos tipos de criterios (estadísticos, filogenéticos, morales, legales o sociales) y finaliza demostrando que según se consideren unos u otros, determinadas conductas serán "anormales" o "normales".

¿Lo anormal es lo antinatural, loinmoral, lo ilegal, lo estadísticamente minoritario, lo que no se hace habitualmente en determinado grupo social? Aquí nos encontramos con las pautas fijadas por cada sociedad en cada momento histótrico. No anormal de ayer puede ser lo normal de hoy. Lo anormal en un país puede ser lo normal en otro.

Lo fundamental en sexualidad es considerar qué es lo aceptable: en ese sentido lo aceptable es toda conducta que sea acordada entre adultos, que no produzca daño físico ni psíquico y que no incluya menores de edad. Hasta un simple beso puede ser anormal si no cumple con esos requisitos.

 

4.- NOTAS SOBRE EL TEMA, DE LA LIC. V. MARTINEZ VERDIER, PUBLICADAS EN MEDIOS GRAFICOS:

Las siguientes notas tienen como función ser disparadoras de reflexiones. Los escritos manifiesta mi Sistema de Valores sexuales. No pretendo imponerlo, sólo deseo compartirlo con ustedes. ¿Qué opinan?

SEXUALMENTE ADULTOS

Nota de la Lic. V. Martínez Verdier publicada en Intercountries

Somos mujeres y hombres –profesionales, trabajadores, padres, pareja, hijos, ciudadanos- y somos sexuales. Este planteo no es original, pero ¿hasta dónde somos concientes de la influencia cotidiana de la sexualidad sobre nosotros?

Somos adultos, y aunque hace ya muchos años que sabemos que a los chicos no los trae la cigüeña, ¿qué aprendimos de sexualidad desde entonces?

Hombres y mujeres afrontamos y vivimos nuestra sexualidad y nuestras relaciones sexuales desde posiciones muy distintas. Fuimos educados a relacionarnos con nuestros cuerpos de manera diferente. Por lo que, en el terreno sexual, entre hombres y mujeres se produce un intercambio desigual.

Bajo la permanente influencia de la cultura cada sexo vive y siente su sexualidad de maneras particulares pero previsibles.

Para ambos sexos, la sexualidad puede cumplir con diversas necesidades además de la búsqueda de placer: puede ser un juego, un deporte, una lucha por el poder dentro de la pareja, un sedante o un antidepresivo.

Existen personas que se sienten incómodas con su propio cuerpo y con sus necesidades sexuales, se inhiben y distancian del encuentro.

Algunas mujeres se preocupan por servir al varón sin tener en claro cuál es su propio deseo.

Otras no confían en que su pareja pueda satisfacerlas y se resignan a que "así son las cosas".

Otras mujeres, que se fueron abriendo camino entre los tabúes y los mitos sexuales, buscan acceder a su pleno goce sexual colocándose al lado del hombre.

Otras negocian con el sexo como si fuera una mercadería, en búsqueda de seguridad, refugio, amor y protección económica.

A la vez, los hombres no suelen ser concientes de la ignorancia acerca de su propio cuerpo, de sus necesidades, sentimientos y puntos débiles, así como tampoco de las especificidades de la sexualidad femenina.

Generalmente, los varones a través del encuentro sexual buscan la afirmación de su identidad, la confirmación de su masculinidad y de su potencia.

Algunos se esfuerzan por ser un buen técnico sexual, centrándose fundamentalmente en su rendimiento personal, no en los sentimientos movilizados.

Otros suponen que está todo bien sin intercambiar ideas o sentimientos con su pareja.

Algunos otros están tan pendientes de satisfacer a su pareja que no se fijan en su propio placer.

Salud sexual, al igual que salud en general, implica no sólo ausencia de enfermedad sino pleno desarrollo y goce.

La sexualidad nos acompaña desde el nacimiento y pocas veces es interrogada, aprovechada, descubierta, enriquecida. Para poder desarrollarla plenamente los adultos también necesitamos educarnos sexualmente.

Conocernos, comunicarnos, entrar en contacto, reafirmar o modificar nuestra identidad, saber compartir, saber pedir, ser creativos, alimentar nuestras fantasías, sensibilizar y conocer cada parte de nuestro cuerpo y del cuerpo de nuestra pareja nos enriquece.

Los seres humanos necesitamos aprender a administrar la imaginación, la comunicación, la intimidad y el amor. Siendo concientes de nuestras necesidades iniciamos el camino hacia la recuperación satisfactoria de nosotros mismos y de nuestros vínculos con los demás.

RELACIONES SEXUALES

Nota de la Lic. V. Martínez Verdier publicada en Noticountry

Para sentir y pensar...Habitualmente cuando las personas mencionan el término "relaciones sexuales" piensan inmediatamente en una pareja en actitud de intimidad genital. De hecho, genéricamente así podemos definir este concepto.

Sin embargo, resulta interesante ampliar la posibilidad de comprender que lo sexual es mucho más que lo exclusivamente genital.

El término exacto que define las relaciones sexuales con penetración es "relaciones coitales", de "coito": Cópula, unión de los genitales.

Las personas cuando ponen en marcha su erotismo, asumen diversas conductas que son sexuales de por sí, y que hacen que se relacionen sexualmente consigo mismas o con otro.

Cuando se relacionan sexualmente con otro, pueden practicar diferentes conductas de intercambio corporal (caricias, besos, abrazos, autoestimulación genital, estimulación genital manual compartida, así como oral o anal) por mencionar las más comunes.

Todas esas conductas son relaciones sexuales aunque no incluyan la penetración genital. Las relaciones coitales son una posibilidad más. Claro que si la pareja desea buscar un embarazo, el coito será imprescindible.

Esto nos hace pensar en las parejas que por cuestiones de conciencia religiosa dicen esperar para casarse vírgenes, pero practican todas las demás conductas. ¿Son "vírgenes"? En la realidad tuvieron relaciones sexuales, aunque sin penetración genital. Entonces, no son tan vírgenes como suponen.

Lo mismo sucede con un trastorno sexual conocido como "matrimonio no consumado" (por no consumación de la penetración.). En estos casos, las parejas pueden estar durante años relacionándose sexualmente e incluso, gozado de una respuesta sexual completa, sin haber llegado a realizar la penetración genital. En general, estas parejas comienzan a preocuparse cuando desean tener hijos.

"Cosas vederes...." Para sentir y pensar...

 

CUESTION DE VALORES

NOTA DE OPINION de la

Lic. Virginia Mart.inez Verdier publicada en el Diario Página/12

El sexgate de Clinton sigue dando elementos para pensar. ¿Qué significa "relación carnal inapropiada"?

¿Qué es lo inapropiado? Haber mantenido encuentros sexuales fuera del matrimonio? ¿La conducta sexual llevada a cabo (sexo oral)? O ¿porque la relación no es propia de un hombre con su investidura? La frase en sí es confusa y polivalente.

La reflexión sobre lo "no propio" pone en juego al Sistema de valores de una sociedad. Los valores morales determinan las costumbres humanas y lo que se "debe" hacer. Las normas varían de acuerdo a las localizaciones geográficas, las épocas históricas, las clases sociales, los ciclos de la vida, las religiones, la educación, la ideología vigente.

El comportamiento sexual es el resultado del acatamiento o la rebeldía a esas pautas. Los valores sexuales normatizan lo que se permite y lo que se prohibe, lo moral o no, lo correcto o no, sexualmente hablando.

Aunque hayan predominancias, en una misma sociedad coexisten diferentes normas de acuerdo a diversos parámetros culturales. ¿En épocas de globalización, los valores sociales también están globalizados?

Como ya nos enseñó Discépolo, en el "cambalache" de los valores se pueden encontrar matices diversos, partiendo de un extremo con la represión y la negación de la sexualidad y llegando al otro con la anarquía y el consumismo sexual.

De los valores de una sociedad surgen las leyes. Por ejemplo, como informó ayer Página/12, veinte estados norteamericanos castigan a la sodomía (sexo anal) y al sexo oral. En nuestro país no hay normas al respecto. ¿Será porque esas conductas sexuales están permitidas o porque no existen como posibilidad? ¿Los argentinos somos más evolucionados o más negadores?

La coexistencia de valores extremos opuestos en una misma sociedad suele crear confusión y ambivalencia. En el caso que nos ocupa, los valores entran en contradicción y ya no se sabe qué es lo correcto, o desde dónde juzgar la conducta del presidente de los Estados Unidos. Para el caso, no importa Clinton por él mismo, sino por lo que representa como modelo de identificación o no del resto de los mortales.

CONTACTO CORPORAL

Nota de la Lic. V. Martínez Verdier publicada en Noticountry

Faltando sólo un año y medio para llegar al año 2000, el derecho al placer sexual todavía no es un valor alcanzado por todos los seres humanos.

Sabemos acerca de las necesidades básicas insatisfechas de millones de personas, por ello, a veces, pensar en la capacidad de sentir placer, puede resultar hasta insultante. Sin embargo, una vida armónica incluye necesariamente la satisfacción de otras necesidades que –aunque no son básicas porque no morimos sin ellas- hacen a la calidad de vida y a la posibilidad de aprender y educar desde la alegría.

La sexualidad es mucho más que la expresión de la genitalidad. Aunque a todas las edades esta última esté presente, la necesidad de satisfacción a nivel corporal en general se torna imprescindible.

Obviamente, esta necesidad de contacto afectivo no es predominio de la especie humana. Basta observar cómo nuestras mascotas nos exigen caricias y mimos. La vida necesita energía vital para desarrollarse. Y el contacto corporal forma parte de esa energía.

El contacto físico es indispensable desde el nacimiento. Estudios realizados en hospitales demostraron que los bebés que recibían sólo un cuidado mecánico, sin afecto ni caricias, se deprimían e iban dejándose morir. Perdían las ganas y el sentido de vivir. De hecho, muchos morían.

A lo largo de la vida, esa necesidad continúan sosteniéndose permanentemente. Tal vez los adultos carenciados de afecto no busquen la muerte pero su actitud puede ser desganada y perdida.

Los viejos suelen ser quienes padecen con mayor frecuencia la ausencia de contacto. Dejados a "la espera de la carroza", en general no se piensa que todavía están vivos y con necesidades afectivo-corporales, que no son "viejos verdes" o "viejas locas" si las manifiestan. Muchas veces no lo hacen por vergüenza, temor o inhibición.

Algunas enfermedades cumplen con un beneficio para la persona, el ser atendida y cuidada. Las enfermedades de la piel, que requieren del pasado de cremas por el cuerpo son una buena excusa para recibir caricias sin ser rechazado o malinterpretado.

El permiso para dar y recibir placer, para acariciar y ser acariciado, para abrazar y ser abrazado, para escuchar y ser escuchado es un derecho más del ser humano.

EL JUEGO SEXUAL

Nota de la Lic. V. Martínez Verdier publicada en Intercountries

Se denomina juego sexual al momento de acercamiento íntimo previo al coito, en el que varones y mujeres llevan a cabo diferentes conductas sexuales.

Algunas parejas suelen acortar su duración a escasos minutos, pasando con rapidez a lo supuestamente importante: la penetración y el orgasmo concomitante.

Si preguntamos a la mujer de esa pareja imaginaria acerca de su satisfacción sexual, probablemente responda que es baja o nula, o que no pudo alcanzar el orgasmo, o que sintió dolor al ser penetrada.

Si le preguntamos al varón de esa pareja, es probable que centre su satisfacción en que pudo llegar a su orgasmo.

Otras parejas se disponen a encontrarse sexualmente. Se dan tiempo para intercambiar besos, caricias, mimos, masajes... De esta manera, la excitación sexual va aumentando paulatinamente hasta que llega la necesidad de alcanzar el clímax. Probablemente, si les hacemos la misma pregunta, estos varones y mujeres puedan contestarnos que todo el encuentro fue satisfactorio, y que el orgasmo fue "la cereza del postre".

El juego sexual es indispensable para que las personas puedan expresar libremente sus deseos y conductas sexuales.

Para las mujeres es fundamental ya que -fisiológicamente- la excitación femenina es mas lenta que la masculina. Si la mujer no alcanza altos niveles de excitación, tendrá dificultades para alcanzar su orgasmo.

La excitación fisiológica de los varones es rápida, pero su mayor calidad e intensidad se logra sosteniendo temporalmente las sensaciones de placer. El orgasmo así alcanzado tiene una vivencia de mayor satisfacción.

¿Porqué será que a algunas parejas no se les ocurre prolongar el juego sexual, limitando sus encuentros a una mera "descarga higiénica"?

Algunas, pueden pensar que el juego sexual es una pérdida de tiempo; que no es necesario ya que lo único verdaderamente importante es el coito y el orgasmo.

Otras, no se lo permiten porque diversas emociones (miedos, culpa, angustia), o ideas (prejuicios o creencias aprendidos generalmente en la infancia) inhiben su expresión sexual, reduciéndola al mínimo posible.

Otras, mantienen relaciones sexuales con una persona a la que no quieren o no desean, pudiendo hacerlo incluso, por obligación. En este caso, las personas suelen pensar que cuanto mas rápido se termine con la situación, mejor.

El juego sexual, como juego adulto, tiene sus raíces en los intercambios amorosos de la adolescencia. La "franela", término utilizado en otros tiempos, o la "transa", termino actual, forma parte del aprendizaje indispensable para mantener una adecuada salud sexual.

Los adolescentes aprenden así a conocer su propio cuerpo y sus sensaciones. Así mismo, estos encuentros les permiten prolongar el inicio de la vida sexual coital hasta que puedan llevarla a cabo con el cuidado, el respeto y la responsabilidad que merece.

Aunque ya no es tan habitual, los adolescentes varones que se inician con el sexo pago, aprenden a apurarse y a valorizar solo el placer genital así como sus propias necesidades sin tener en cuenta las necesidades de su compañera.

Los adolescentes, tenderán a incluir estos aprendizajes en su adultez. Si pudieron valorizar las conductas previas, sus encuentros sexuales futuros podrán ser saludablemente placenteros.

Lo que no se aprendió en la adolescencia siempre hay tiempo para aprenderlo; sólo depende de la disposición. Los adultos también pueden aprender a mantener una sexualidad sana donde la intimidad y la comunicación -corporal y verbal- predomine sobre los instintos. Por algo la naturaleza nos hizo seres humanos.

A SOLAS....

Nota de la Lic. V. Martínez Verdier publicada en Countrísimas.

Probablemente si el título de esta nota fuera "Masturbación" resultaría chocante y antiestético. La palabra, según el diccionario significa "procurarse solitariamente goce sexual". Aunque figura en el diccionario, su sonido aún continúa resonando como un insulto.

La autoestimulación es una conducta más dentro del espectro de conductas sexuales habituales en las personas.

El bebé descubre que tocar determinadas zonas de su propio cuerpo le despiertan un placer especial, por lo cual, cada vez que pueda reiterará la conducta. Durante la infancia, los límites impuestos por la cultura a través de padres y maestros, enseñan al niño el significado que los adultos le dan a su estimulación genital. Generalmente es reprimida con amenazas o castigos reales o con retos más sutiles.

Para que el niño se adapte a las normas sociales necesita saber que existen conductas impropias (el robo, el engaño, la violencia, etc.), así como otras están reservadas a la intimidad y lo impropio es hacerlas públicas (ir al baño, masturbarse).

Existe una diferencia cualitativa entre enseñar que "eso no se hace" y que "eso no se hace en público". El primer mensaje hace referencia a lo incorrecto del estímulo mismo, el segundo se refiere a lo incorrecto de exhibir la intimidad ante otros.

La educación sexual recibida en la infancia marca la vivencia personal de la sexualidad adulta. Muchas veces, las contradicciones entre la fuerza de los impulsos y la fuerza de los mandatos crea conflictos e inestabilidad en los vínculos afectivos.

En la adolescencia, la masturbación es un importante aliado para el desarrollo de la identidad sexual. Permite descargar las tensiones y ansiedades propias por los cambios de esa edad, así como conocer el funcionamiento del propio cuerpo. Lo ideal es ejercitara sin culpa y sin miedo. También permite retrasar el inicio de las relaciones sexuales coitales hasta que puedan realizarse conciente y responsablemente.

La masturbación suele tener mala fama, tanto en el extremo que prohibe la sexualidad placentera, como en el que la promueve consumistamente. "Buscáte una mujer" suele ser la frase habitual.

Las personas más evolucionadas con respecto a su ideología sexual aceptan como natural la masturbación en la infancia y en la adolescencia. Sin embargo, muchos la restringen a esas edades, considerando que cuando se es adulto lo normal es tener relaciones sexuales con otro. Podríamos afirmar que eso es lo esperable, pero no siempre es lo posible. Por otro lado, no son actitudes incompatibles.

En sexualidad es dificil determinar qué es lo normal, ya que depende fundamentalmente de los momentos históricos en que cada sociedad fija sus normas y valores. Pero podemos asegurar que lo aceptable sexualmente es cualquier conducta que sea consentida, que no produzca daño físico o psíquico y que no incluya menores de edad.

En ese sentido, la masturbación cumple con esos requisitos si la persona se da permiso de llevarla a cabo, es decir, si no se siente culpable o enferma por ello. Un joven paciente, sin pareja, me dijo preocupado "Tengo necesidad de masturbarme muy seguido". La frecuencia era día por medio, ésta es una frecuencia habitual en cuanto a la aparición del deseo sexual. ¿Podemos considerar anormal esa frecuencia?

Aunque hasta aquí hemos reflexionado sobre los aspectos positivos y evolutivos de la autoestimulación genital; es importante considerar que existe la "masturbación compulsiva" como un síntoma emocional. En ese caso, la persona necesita imperiosamente masturbarse varias veces en el día, en cualquier lugar y circunstancia. Esa conducta no está incentivada por la necesidad de placer sino por una ansiedad destructiva. La masturbación se convierte en estos casos, en una forma de adicción, que sólo aplaca la angustia momentáneamente hasta que vuelva a sentirse el vacío. El sujeto no puede conectarse con su vida cotidiana, ni crecer, ni relacionarse con los demás.

La masturbación suele ir ligada a fantasías que estimulan el propio erotismo, por lo cual aunque la persona está "a solas", no lo está en su mente ni en su imaginación. Siempre somos sexuales en relación a alguien, porque somos humanos y aunque nacemos y morimos solos, nos constituimos como personas en el vínculo con los demás.

El conocimiento del funcionamiento de los propios genitales permite una vida sexual compartida más satisfactoria. En ese sentido, no será necesario esperar a que nuestra pareja descubra nuestros puntos "débiles", podremos decírselo porque ya lo descubrimos por nosotros mismos.

 

5.- BIBLIOGRAFIA:

 

¡NOS DESPEDIMOS HASTA LA PROXIMA!


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